El Acuerdo Climático de París de finales de 2015 fue adoptado por 195 países y por la Unión Europea al completo. Su objetivo era, y sigue siendo, limitar el calentamiento global a muy por debajo de los 2 grados Celsius con respecto a los niveles preindustriales y esforzarse por limitarlo a 1,5 grados Celsius. Incluso en su día, esto sonaba abstracto. Pero, desde entonces, se han ido promulgado muchas leyes para concretar el acuerdo.
En 2019, por ejemplo, Alemania consagró en la legislación nacional los objetivos de protección climática y sectoriales derivados del Acuerdo de París, mediante la Ley Federal de Protección del Clima (KSG): las emisiones de gases de efecto invernadero se reducirán al menos un 65% por debajo de los niveles de 1990 para 2030, y al menos un 88% para 2040. Alemania aspira a ser neutral en emisiones de gases de efecto invernadero para 2045.
Algo similar ha sucedido en España, donde la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, aprobada en mayo de 2021, busca alcanzar la neutralidad climática en 2050, estableciendo, como metas vinculantes, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 23% en 2030 respecto a 1990, así como alcanzar un 42% de renovables y un 74% de electricidad renovable. Incluso promovió la creación de las Zonas de Bajas Emisiones, con restricciones a la circulación de los coches más contaminantes.
La protección del clima ahora es ley
El sector del transporte, por tanto, se ha considerado de inicio como un grave problema en la afectación del cambio climático, con objetivos de reducción definidos de emisiones e impacto bien definidos. No obstante, todos los sectores deben contribuir al cumplimiento de los objetivos generales, y se definen los niveles anuales de emisiones para cada sector.
De todo esto se deriva, por tanto, que nos guste o no, la protección del clima en Europa ya ha dejado de ser el noble objetivo de idealistas medioambientales con conciencia para convertirse, directamente, en ley. Los tribunales empiezan a supervisar el cumplimiento de las normativas, lo que significa que la protección del clima puede hacerse cumplir en los tribunales incluso por actores no gubernamentales.
La polémica está surgiendo en Alemania en las últimas semanas especialmente con asociaciones como la Ayuda Ambiental Alemana (DUH), una organización que centra sus críticas y actuaciones ahora en la industria del automóvil y que ya ha presentado una demanda contra el programa de protección climática 2023 del gobierno alemán, que el Consejo de Expertos sobre Cambio Climático del Ejecutivo había identificado como con una "brecha sustancial en el logro de objetivos" de 200 millones de toneladas de gases de efecto invernadero para 2030. Y en mayo de 2024, el Tribunal Administrativo Superior falló a favor de la organización ambiental.
Así la sentencia judicial ha fallado que el programa de protección climática “previsiblemente no alcanzará su objetivo y no cumple con los requisitos de la Ley de Protección del Clima” y, ahora, el Tribunal Administrativo Federal de Leipzig ha confirmado la misma sentencia: el Gobierno alemán debe hacer más por la protección climática. En España, pronto podríamos asistir a esta misma realidad, ya que, 2 años después de que fuera obligatorio, aún casi el 60% de las Zonas de Bajas Emisiones obligatorias siguen sin entrar en vigor.
En Alemania, la influyente asociación DUH aplaude el éxito de las sentencias y asegura hoy que “lo crucial es que ya no tenemos que esperar a que Alemania incumpla su objetivo climático, sino que podemos tomar contramedidas ahora si estas son claramente insuficientes”.
Los tribunales están obligando a los políticos a actuar
Para 2025, las medidas están resultando claramente insuficientes y otra organización alemana, Agora Verkehrswende, ha calculado que las emisiones del sector del transporte han aumentado un 1%, o 2 millones de toneladas de CO₂ equivalentes, hasta alcanzar los 145 millones de toneladas en comparación con 2024. Esto marcó el quinto año consecutivo en que se supera el objetivo del sector de 117 millones de toneladas, con una brecha cada vez mayor. Agora afirma ahora que este déficit debe compensarse con mayores reducciones en los próximos años para alcanzar el objetivo climático de 2030.
Las medidas más conocidas para aumentar el ahorro de CO₂ son, hasta ahora, aumentar la cuota de coches eléctricos o reducir la de vehículos de combustión, por ejemplo, mediante subidas del precio del CO₂, con subvenciones para coches eléctricos, con la apuesta por la eliminación gradual de los vehículos de combustión o con nuevos límites de velocidad (para vehículos de combustión).
Más impuestos al CO2 o límites de velocidad más bajos
El impacto no es fácil de calcular y merece mucho debate. Sin embargo, cada vez es más evidente que un mayor precio del CO₂ probablemente sea el instrumento con mayor impacto, mientras que un límite de velocidad más bajo, según cálculos de la Agencia Federal Alemana del Medio Ambiente, es la medida que tiene el efecto más rápido. En España, ya los hemos visto en los últimos años, con la rebaja de circular a 30 km/h en las ciudades o con numerosas autopistas que están ya rebajando la velocidad máxima de 120 a 100 km/h en muchos de sus tramos.
Ahora, con las sentencias de Alemania, el Gobierno germano debe presentar un nuevo programa de protección climática antes del 25 de marzo de 2026, a través del Ministerio Federal de Medio Ambiente. La urgencia es evidente y, de no conseguirse los éxitos esperados, cualquier otra organización ambiental tendría motivos para presentar nuevas demandas de inmediato. Para este nuevo programa, la DUH (Ayuda Ambiental Alemana) ya aboga directamente por nuevos límites de velocidad: 100 km/h en autopista (120 km/h de noche); 80 km/h fuera de zonas urbanizadas y 30 km/h en zonas urbanizadas.
En definitiva, la reducción de CO₂ en el transporte por carretera ya no es una cuestión ambiental opcional, sino una imposición legal que va a exigir en los próximos años medidas más drásticas para alcanzar los objetivos climáticos. Alemania, de momento, nos está enseñando el camino de lo que pronto podrá suceder.









