Alemania, encabezando a los grandes fabricantes automovilísticos europeos, lleva meses presionando en Bruselas para que se flexibilicen más las normas previstas por calendario en la Unión Europea para prohibir la venta de los coches con motores de combustión. La Comisión Europea decidió aceptar la prórroga y ya proponía directamente entrar a debatir los cambios en el Parlamento y en el Consejo Europeo, donde se reúnen todos los estados miembros. Pues bien, ahora surge una nueva resistencia a esta última medida y vuelve el interrogante sobre qué pasará con los coches y furgonetas diésel, gasolina e híbridos.
Y es que la última hora nos lleva a que nada menos que 7 Estados miembros de la Unión Europea han instado ya directamente por su parte a la Comisión Europea y a los demás países comunitarios a no debilitar aún más la política de electromovilidad vigente y a seguir con el calendario inicialmente previsto hacia el fin del motor de combustión.
Así, a través de una carta conjunta, España, Francia, Portugal, Países Bajos, Dinamarca, Suecia y Luxemburgo, según informa la agencia de noticias AFP, advierten ya contra nuevos cambios en los objetivos de emisiones de CO₂ para la industria automotriz. Los países califican cualquier flexibilización de la normativa actual como un “error estratégico”, palabras que ya pronunció hace meses el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez.
Disputa sobre el futuro del motor de combustión
El detonante de todo este debate, como hemos avanzado, es la normativa que debería entrar en vigor a partir de 2035 y que los estados miembros tienen que acordar. Inicialmente, la UE había decidido que los coches nuevos debían ser prácticamente libres de emisiones para entonces. Sin embargo, a finales del pasado año, tras las exigencias de Alemania, la Comisión Europea propuso cambios.
En lugar de una prohibición de facto de los motores de combustión como estaba previsto, los fabricantes, según la última propuesta, deberán reducir sus emisiones de CO₂ en un 90% con respecto a 2021. El 10% restante podría compensarse. Alemania y algunos sectores de la industria abogan desde entonces por una mayor flexibilidad… precisamente lo que los siete países, entre los que figura España, rechazan ahora.
Francia advierte: tienen votos suficientes para bloquear la flexibilización de las prohibiciones
Los 7 países firmantes de esta nueva carta argumentan que los fabricantes de automóviles ya han adaptado todas sus inversiones a la normativa vigente, advirtiendo de que nuevos cambios pondrían en peligro la estabilidad en la planificación. España y sus aliados también señalan el aumento de los precios de la energía, ya que los acontecimientos recientes han demostrado la continua dependencia de Europa del petróleo y del gas. Por lo tanto, consideran ahora que no se debe ralentizar la transición a los vehículos eléctricos.
Francia, según informan fuentes cercanas a la ministra gala de Medio Ambiente, Monique Barbut, también ha emitido otra advertencia política: que los Estados participantes cuentan con los votos suficientes para retrasar o bloquear una mayor flexibilización de las restricciones en el Consejo de la UE. La batalla está servida
El debate sobre la prohibición de los coches de combustión no ha terminado ni está muerto
Si bien los siete estados no constituyen una mayoría en la Unión Europea, desde Alemania aseguran hoy que sí podrían organizar una minoría de bloqueo en caso de votación, tal y como amenaza Francia. Una realidad que indica que el debate sobre el futuro del motor de combustión en Europa está lejos de haber terminado.
De hecho, los 7 países firmantes de la carta a la Comisión Europea sostienen que cualquier margen adicional paraque los fabricantes cumplan los objetivos de CO2 debe seguir siendo "estrictamente limitado", estar condicionado a esfuerzos industriales y medioambientales concretos, destinados a "acelerar la descarbonización de la movilidad" dentro la UE, y no poner en riesgo la señal de inversión hacia la electrificación.
Al mismo tiempo, España, Francia, Dinamarca, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal y Suecia cargan ahora contra vehículos como los híbridos enchufables, “que emiten en condiciones reales 3,5 veces más CO2 que las cifras reflejadas en los ensayos de homologación” y se muestran críticos ante la propuesta de una ampliación del papel de los combustibles renovables y neutros en carbono dentro de la regulación de emisiones para turismos, al considerar que “podría debilitar la apuesta por la electrificación, generar nuevas dependencias de materias primas importadas y desviar recursos de sectores donde estas tecnologías consideran que resultan más necesarias, como la aviación o el transporte marítimo”.
En conclusión, y por todo ello, “Dinamarca, Francia, Luxemburgo, los Países Bajos, Portugal, España y Suecia piden preservar una senda clara y ambiciosa hacia la electrificación dentro del marco de las normas de CO2, que refuerce la competitividad a largo plazo de la industria automovilística europea y mejore la asequibilidad para los ciudadanos europeos”. Así concluye ya la carta que han enviado a la Comisión Europea.









