El Parlamento y el Consejo Europeo se preparan para negociar una de las grandes medidas que lleva años sobrevolando las carreteras de la Unión Europea: la prohibición de venta de los coches de combustión a partir de 2035. Aprobada ya por Bruselas, las presiones de varios países y de la industria ha llevado a la Comisión Europea a proponer ahora una prórroga y flexibilización de esta iniciativa, pero nadie parece ponerse de acuerdo. Un bando apuesta por ello… y otro por su eliminación como estaba previsto ya inicialmente en un calendario aprobado.
España y otros 6 países de la UE quieren prohibir el coche de combustión
A estas horas no hay fecha aún definida para la votación de la propuesta o la toma de una decisión firme. Pero parece difícil que vaya a llegarse a un acuerdo, viendo lo enquistado que está el debate y lo radical de cada una de las posturas. Y es que si hace solo 10 días ya te contamos cómo 7 países apostaban ya por mantener su prohibición, ahora el grupo contrario aboga por mantener al vehículo de combustión de manera aún más tajante.
Por ir en orden cronológico, recordaros que el pasado 9 de junio ya te contamos que 7 Estados miembros de la Unión Europea, entre los que se encuentran España, Francia, Portugal, Países Bajos, Dinamarca, Suecia y Luxemburgo instaban directamente a la Comisión Europea y a los demás países comunitarios a no debilitar aún más la política de electromovilidad vigente y a seguir con el calendario inicialmente previsto hacia el fin del motor de combustión. Enviaban así una carta conjunta, calificando cualquier flexibilización de la normativa actual como un “error histórico”, que había que corregir. Francia incluso amenazaba con contar con los votos suficientes para retrasar o bloquear cualquier nueva modificación de las restricciones en el Consejo de la UE.
El Partido Popular Europeo y la industria, quiere mantenerlos
Pues bien, solo días después, llega la respuesta del bloque contrario. Y es que un borrador elaborado por el eurodiputado italiano Massimiliano Salini, eurodiputado de Forza Italia, vicepresidente del Partido Popular Europeo y ponente de la revisión legislativa en la comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo, constata la posición restante, con una propuesta que incluso va más allá de la planteada ya por la Comisión Europea para flexibilizar la prohibición, y cuenta con el respaldo general de la industria del automóvil.
Porque la nueva política que persigue ya en Europa el Partido Popular Europeo, el mayoritario en Bruselas, no solo busca ampliar significativamente los mecanismos de compensación de emisiones mediante créditos asociados al acero verde y a los combustibles renovables, sino que pretende ya equiparar los vehículos de combustión que funcionan con combustibles sintéticos y biocarburantes (fabricados en base a residuos vegetales) con los automóviles 100% eléctricos al considerarse como “neutros” ya que los coches emiten el CO₂ que se ha capturado antes en el proceso de producción.
Los combustibles sintéticos y los híbridos enchufables, puntos de discordia
Además, para las furgonetas, reduce el objetivo de electrificación para 2030 del 40% al 30%, apuestan también por la ampliación del periodo de evaluación del cumplimiento de tres a cinco años, son partidarios de fomentar modelos asequibles y de bajas emisiones, como los híbridos enchufables, un tipo de modelo también en cuestión, a los que el bloque que podríamos denominar verde o ecológico busca eliminar algunos de sus derechos adquiridos al considerar que apenas funcionan en la realidad como coches eléctricos, siendo mucho más contaminantes de lo que homologan.
La industria ya se ha mostrado mayoritariamente a favor de esta posición, buscando preservar la competitividad industrial europea frente al avance de los fabricantes chinos y reiterando que la demanda de vehículos eléctricos sigue sin alcanzar las previsiones iniciales, por lo que las políticas anunciadas no pueden llevarse ahora a la práctica. La patronal alemana VDA ha incluso celebrado el “realismo” del planteamiento del Partido Popular Europeo y defiende ahora un mayor reconocimiento de los combustibles renovables como herramienta para alcanzar la neutralidad climática. También ACEA, la asociación europea de fabricantes, asegura que la transformación se desarrolla en un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica, la insuficiente infraestructura de recarga y consumidores todavía reticentes al vehículo eléctrico.
Dos bloques, ¿irreconciliables?
En definitiva, el choque de bloques es, a esta hora, total e irreconciliable. Mientras el PPE, la Comisión Europea, varios estados de la UE y la mayoría de fabricantes, especialmente los alemanes, reclaman más margen para afrontar una transición eléctrica que avanza más despacio de lo previsto, otros 7 países, entre ellos España, ha decidido alinearse con otros sectores y asociaciones ecologistas que rechazan estas propuestas de dar más flexibilidad a la automoción, considerando que “supondría poner en riesgo años de inversiones y debilitar la credibilidad de la política climática europea”.
En estos momentos parece difícil intentar pronosticar qué bloque conseguirá sacar adelante su propuesta y lo que parece más evidente es que ambos deberán hacer concesiones para aprobar una medida que, sin duda, va a generar una fuerte polémica en la Unión Europea. En el centro, los consumidores y conductores, que no podemos todavía prever qué tecnología podrá comprarse o no en el mercado en los próximos años.









