Las cámaras y los radares de IA están fallando: su uso ya en España, ¿un problema real?

Un programa piloto de cámaras de tráfico con IA muestra una pequeña tasa de aprobación y eficacia de solo el 3%, debiendo revisarse hasta 5.500 captaciones de 13.000 por errores en la identificación correcta de las infracciones. En España esta tecnología ya comienza a aplicarse y ahora, obviamente, genera dudas.

Las cámaras y los radares de IA están fallando, su uso ya en España, un problema real
Las cámaras y los radares de IA están fallando, su uso ya en España, un problema real

La IA ha llegado, sin duda, para quedarse en prácticamente todos los sectores de la sociedad y tráfico y la movilidad no van a ser una excepción. Eso sí, dejar la seguridad vial y la aplicación de denuncias en manos de la Inteligencia Artificial parece de momento que queda mejor en una presentación de diapositivas, donde se asegura que permite liberar a agentes y policías para otras vigilancias, además de fomentar un procesamiento más rápido y efectivo de las multas, que en la realidad.

Y es que, si en España el uso de la Inteligencia Artificial en movilidad ya se anuncia para los primeros radares de ocupación que ya detectan la presencia de personas en el interior de los coches para sancionar a aquellos que incumplan las normativas de los nuevos carriles VAO de alta ocupación, así como para nuevos radares que estrenará este verano Pamplona y que prometen detectar hasta 10 infracciones diferentes, como son, por ejemplo, los excesos de velocidad, no llevar el cinturón de seguridad, usar el móvil mientras se conduce, aparcar en zonas prohibidas, realizar giros prohibidos, saltarse un paso de cebra, saltarse un semáforo en rojo, realizar un cambio de carril antirreglamentario, detenerse en zonas de cebreado amarillo o circular en sentido contrario, en Grecia el primer programa piloto pone en duda toda la tecnología.

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Resultados muy decepcionantes en las revisiones humanas posteriores

Sí, porque a pesar de las prometedoras propuestas de su administración de tráfico en torno a la instalación de nuevas cámaras de IA en Atenas, la realidad final es que los humanos que decidió “colocar” detrás de estos dispositivos en prueba para validar los resultados finales han confirmado los problemas gravísimos con los que nos podemos encontrar con este tipo de cámaras y radares: se confunden muy a menudo, con fallos inadmisibles.

Según han informado esta semana los principales medios de comunicación griegos, estas cámaras de IA en pruebas han generado durante los primeros días del programa piloto un total de hasta 13.000 multas, con resultados muy decepcionantes. Y es que, entre abril y mayo, el personal humano encargado de su validación ha podido ya revisar hasta 5.500 de estas sanciones, constatando que válidas solo hay de momento 400 denuncias. Las otras 5.100 han sido desestimadas entre excesos de velocidad y usos de teléfono móvil o incumplimientos de la normativa de cinturones de seguridad, por diferentes razones que os vamos a contar.

Confunden objetos con móviles, malinterpretan sombras y la ropa oscura se lía con el cinturón

Las 3.800 sanciones de velocidad han sido retiradas automáticamente porque se basaban en cálculos de velocidad media, un método por el que Grecia actualmente no tiene un marco legislativo que lo respalde, por lo que ese lote no puede considerarse como un fallo de software. Sin embargo, la detección de teléfonos y cinturones de seguridad sí ha constatado graves problemas con la tecnología, rechazando hasta 1.300 multas debido a que los agentes de policía descubrieron que el software confundía rutinariamente objetos oscuros con teléfonos móviles e incluso se equivocaba con gestos del conductor no relacionados, como dar una calada al vapear o simplemente cambiar de marcha.

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Las cámaras de IA en Grecia también tuvieron problemas con la iluminación, malinterpretando las sombras y la ropa oscura. En varios casos, además, se constató que las cámaras señalaban a pasajeros inexistentes en los asientos delanteros por no llevar el cinturón de seguridad, lo que activó avisos automáticos para asientos vacíos. En otros, los conductores fueron multados simplemente porque sus camisas oscuras se mezclaban con la correa del cinturón de seguridad, confundiendo los sensores visuales de la cámara.

Las cámaras de IA tampoco saben interpretar los contextos

Otro problema que ha constatado el programa piloto griego es que las cámaras de IA no tienen ni saben interpretar el contexto de las situaciones. Por ejemplo, registran cada coche que cruza en un carril de emergencia o autobús sin saber por qué ocurre. Y es que un conductor que se aparta para dejar pasar una ambulancia se interpreta igual por la IA que un conductor que incumple la norma.

A pesar de la publicación de todas estas informaciones filtradas, el Ministerio de Infraestructuras y Transporte de Grecia sigue presentando públicamente el programa como un éxito impecable, asegurando que los conductores descontentos sólo han presentado 420 objeciones formales, de los que el Estado solo ha aceptado 52, aproximadamente el 12%, y principalmente por emergencias médicas. El gobierno se apoya en esa baja tasa de aceptación para elogiar la fiabilidad del sistema.

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Nuestra opinión: el ojo humano como filtro y necesidad de una curva de aprendizaje

En cualquier caso algo es ya evidente: los agentes humanos de policía siguen teniendo que actuar como filtro secundario inevitablemente, eliminando manualmente miles de infracciones erróneas antes de que las multas reales lleguen a los conductores. Y, tanto los humanos como el algoritmo de la IA, deberá enfrentarse desde ahora a una curva de aprendizaje pronunciada para que la inversión llegue en algún momento a tener sentido, minimizando al máximo los errores. Con suerte, el proceso mejorará con el tiempo, pero ahora mismo genera muchas, muchas dudas.

 

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