Todos tenemos claro que hay que establecer una serie de normas y límites para que se pueda circular con normalidad por nuestras ciudades. Aunque la sensación en los últimos años de los conductores es que los ayuntamientos están utilizando todas las fórmulas posibles para recaudar cada vez más. Pues bien, esta impresión acaba de ser ratificada por Dvuelta, que en el último informe que nos ha proporcionado lo pone de manifiesto.
Para la realización del “IV Informe sobre ciudades y multas” elaborado por Dvuelta se han tomado como referencia los datos de las diez capitales con mayor población de nuestro país. De esta manera nos señalan que así se puede “poner de manifiesto la auténtica dimensión de la voracidad recaudatoria de los ayuntamientos. Una voracidad que se incrementa año tras año, alimentada por la sofisticación tecnológica, la proliferación de normativas restrictivas (las conocidas como ZBE) y la creciente dependencia de los ingresos derivados de la movilidad urbana”.
Y esa última frase puede ser una de las grandes claves que podemos destacar. Si las corporaciones municipales empiezan a depender tanto de los ingresos relacionados con la movilidad urbana para poder cuadrar sus presupuestos, lo que nos puede esperar en el futuro no es más que un control férreo de todos nuestros movimientos. Y ante cualquier descuido, multa.
Madrid es la reina de las multas, pero cuidado con estas ciudades
Fuera de toda sorpresa, Madrid ha vuelto a liderar el ranking de recaudación por multas de tráfico. Está claro que es la más grande y la que mueve más vehículos a diario, pero cuidado con la cifra que nos proporcionan desde Dvuelta, nada menos que 194,5 millones para este 2026. Esto significaría que bajaría lo asignado en el presupuesto en un 6,7% comparado con el año anterior, pero es que la capital sigue recolectando “casi la mitad que la DGT en toda la red de carreteras, con la excepción de las de Cataluña y País Vasco”. De ahí que desde la organización la califiquen como “el auténtico laboratorio de fiscalización, donde cada conductor es una potencial fuente de ingresos” y destacan que sobrepasa en 3,4 veces a Barcelona, la segunda clasificada.
Aunque más allá de las dos grandes ciudades españolas, hay dos sobre las que Dvuelta ha querido poner el foco porque han crecido mucho respecto a los datos del año pasado. La primera de ellas es Las Palmas de Gran Canaria, que es la que alcanza el mayor crecimiento porcentual con un 9,4% para llegar hasta los 9 millones de euros. Los motivos de esta subida que esgrimen en el informe es que se han intensificado los controles y la ampliación de las zonas de vigilancia.
La otra destacada ha sido Málaga, en su caso con un crecimiento del 7,8% para lograr nada menos que 18,5 millones de euros. De la capital malacitana indican que también hay una extensión de las áreas de control y también suman bastante las nuevas zonas de bajas emisiones.
Otros datos importantes
Más allá del volumen total recaudado por los diferentes ayuntamientos, desde Dvuelta han querido poner el foco en varios parámetros importantes. Uno de ellos tiene que ver con la recaudación que se consigue por habitante por multas más lo ingresado por el impuesto de circulación. Así la que aparece en la primera posición es Palma de Mallorca con 120,1 euros por habitante, seguida por Bilbao (103,7), Madrid (95,7) y Sevilla (81,2 euros). La media total se establece en 80,8 euros, mientras la que obtiene la cifra más baja es Zaragoza con 57,1 euros.
Si analizamos las multas por la cantidad de vehículos, la que sale en primera posición es Bilbao, que por cada censado recibe de promedio una cantidad de 196 euros. Por ello desde Dvuelta indican que su ayuntamiento “suple su escaso parque móvil con una presión extraordinaria”. Por detrás le siguen Madrid (181,9), Palma de Mallorca (143,5) y Barcelona (118,2). En el lado contrario de la balanza se encuentran Zaragoza, Murcia, Valencia y Las Palmas, con cifras de entre 86 y 103 euros.
Conclusión del informe de Dvuelta
Como nos indican desde Dvuelta, los ayuntamientos intentan justificar el incremento de la recaudación por “la necesidad de mejorar la seguridad vial y promover la sostenibilidad, aunque no siempre se traduce en una reducción efectiva de los accidentes o en una mejora de la movilidad”.
Por estas actuaciones los conductores perciben que se prioriza la recaudación sobre la prevención y desde Dvuelta indican que se corre el riesgo de que “la función sancionadora pierda su carácter preventivo y se convierta en un mero instrumento de financiación. La falta de transparencia en la gestión de los ingresos, la ausencia de mecanismos de control independientes y la opacidad en la aplicación de las sanciones refuerzan la percepción de que la voracidad recaudatoria no tiene límites”.









