Hacer que desaparezca el alcohol al volante es uno de los grandes objetivos que tanto desde los gobiernos como la DGT llevan años trabajando. Concretamente, el organismo de Tráfico habitualmente sigue realizando campañas de vigilancia en este aspecto y lo malo es que no se reducen drásticamente los positivos. Aunque ahora la Unión Europea puede dar otro pequeño impulso en esta particular batalla.
Antes de nada, hay que recordar que desde la DGT ya han intentado en los últimos meses bajar la tasa máxima permitida al volante para pasar de los actuales 0,5 g/l en sangre a solo 0,2, y de los 0,25 mg/l en aire aspirado a 0,1. La propuesta finalmente no fue aprobada por la Comisión de Interior del Congreso de los Diputados para enfado de Pere Navarro y su equipo de trabajo.
La ayuda que llega desde la Unión Europea
Con el fin de seguir reduciendo el consumo de alcohol al volante, desde la Unión Europea han querido incluir dentro del Reglamento General de Seguridad europeo (GSR2) la obligación de que todos los coches que se vendan dentro de la eurozona tengan una preinstalación de un alcoholímetro antiarranque, que también es conocido como “alcolock”.
Su funcionamiento es de lo más sencillo y te recordará mucho a los pasos que hay que seguir cuando se realiza un control de alcoholemia por parte de los agentes. De esta manera, el conductor al entrar en el coche deberá encender el dispositivo y soplar de forma continua por una boquilla hasta que el aparato avise. En ese momento se calculará la cantidad de alcohol en el aire espirado y la enviará a la centralita que se encarga del arranque del vehículo.
En caso de que la cifra obtenida fuera superior a los 0,25 mg/l antes comentados, directamente dicho ordenador procedería a bloquear el vehículo para que no pueda ponerse en marcha. Desde la DGT indican que, en caso de producirse una nueva parada, si es superior a los 30 minutos, se debería repetir el proceso desde el principio.
Según los datos obtenidos por los expertos de seguridad vial de la Unión Europea, la presencia de estos dispositivos en los coches podría llegar a reducir hasta en un 65% los accidentes mortales que se registran y que están relacionados directamente con el alcohol. Así que bienvenidos sean.
La fecha desde la cual empezarán a ser obligatorios será el próximo 7 de julio de este mismo año, aunque no será la única tecnología que será obligatoria equipar de serie. También se ha pedido mediante la normativa antes citada que los coches tendrán que mejorar sus sistemas de detección para visualizar mejor a peatones o ciclistas, que tendrán que vigilar más exhaustivamente el comportamiento del conductor y que la información registrada en la caja negra tiene que ser más completa, incluyendo por ejemplo datos de emisiones.
Lo que se debe tener claro es que estos dispositivos de control del alcohol solo se instalarán en los coches que un juez o la DGT lo indican. Esto quiere decir que todos los coches contarán con la preinstalación, aunque solo lo tendrán equipado aquellos que sean considerados como conductores reincidentes. Y, sin duda, será otro elemento más para encarecer el precio de los coches y quizás también el del seguro.









