La etiqueta de coche “Made in Europe” va a ser ya realidad en la UE y permitirá importantes ventajas para los fabricantes y los consumidores. Y es que la Comisión Europea ya ha avanzado muchos de los aspectos de su Ley de Aceleración Industrial que ha presentado inicialmente este miércoles en Bruselas, por la que se propone ya directamente que solo se puedan conceder ayudas públicas a la compra de vehículos eléctricos, híbridos o de pila de combustible cuando se pueda asegurar que la mayoría de su fabricación y componentes son europeos.
La Comisión Europea, tras meses de retraso, ha definido por fin el concepto “Made in Europe” que venía exigiendo para los coches eléctricos que reciban ayudas a la compra en nuestro continente, y que mantenía expectantes tanto a la mayoría de estados miembros de la UE como a los propios fabricantes automovilísticos. Pero, ¿cómo se definen y qué vehículos podrán recibir subvenciones con la nueva normativa comunitaria?
Coches solo ensamblados en la UE y con un 70% de componentes de origen europeo
La Comisión Europea avanza y exige al sector que solo los vehículos que se ensamblen en la UE y en los que se garantice que un 70% de los componentes sean de origen doméstico europeo, excluyendo las baterías, que tendrán requisitos propios y específicos, puedan ser susceptibles de recibir ayudas públicas a la compra en todos los estados miembros.
Así, el objetivo de la nueva ley es que solo los vehículos que puedan ser catalogados por tanto como “Made in Europe” puedan beneficiarse de estos precios más bajos de adquisición, con el objetivo de incentivar su compra. Para poder ser catalogados así, la UE exigirá que su montaje tenga lugar en países comunitarios y que además al menos un 70% de sus componentes sean de origen europeo, excluyendo como hemos avanzado a las baterías, donde, debido a su mayoritaria fabricación y dependencia china, “solo” obligará a que tres de sus componentes sean europeos, entre ellos las células.
Y en 3 años la UE exigirá requisitos aún más duros
Eso sí, los criterios para considerarse “Made in Europe” se endurecerán además solo 3 años después de que la Ley de Aceleración Industrial entre en vigor, momento desde el que la UE pedirá además que, dentro de ese 70% de componentes europeos exigidos, un 50% incluso se garanticen que corresponden a sistemas eléctricos y de propulsión. Respecto a las baterías, en este período también la Comisión Europea exigirá que al menos 5 componentes tengan que ser de origen comunitario, en lugar de los tres iniciales, endureciendo igualmente sus requisitos para poder recibir ayudas públicas.
Para definir cuándo un vehículo podrá considerarse fabricado con componentes “Made in Europe”, la Comisión Europea asegura que bajo esta etiqueta incluirá por defecto a todos los estados miembros de la UE y a los del Espacio Económico Europeo, que son además Noruega, Islandia y Liechtenstein, así como de otros estados que se consideran desde Bruselas como “de confianza” y que irá designando y oficializando sector a sector, en función a posibles acuerdos comerciales que se alcancen.
En el sector del automóvil, sin embargo, la Comisión Europea pretende restringir en cambio esta definición “Made in Europe” solo para los 27 estados miembros de la UE y a las naciones del Espacio Económico Europeo en el caso de ayudas a las flotas corporativas de vehículos eléctricos, que representan nada menos ya que el 60% del mercado de la Unión Europea. En el caso de ayudas para la compra de vehículos particulares, Bruselas sí pretende ampliar la definición y poder incluir componentes fabricados en esos países considerados por acuerdos de confianza.
Las inversiones chinas, solo ligadas a empresas y mano de obra europea
Además, la nueva Ley de Aceleración Industrial también obligará a que las inversiones extranjeras provenientes de terceros países estén obligadas a operar a través de empresas conjuntas lideradas por firmas europeas y a contratar mano de obra local, una medida que afectaría sobre todo a las compañías chinas, que son las que están entrando con gran fuerza en el último año en el mercado europeo del automóvil. El objetivo de Bruselas es paralizar una tendencia que, según sus expertos, conducirá si no se pone remedio a una pérdida de más de 600.000 empleos en el sector en el plazo de los próximos 5 o 10 años.
"Ya no es posible posponer medidas efectivas para evitar el riesgo de que se desplace la producción local. En ausencia de medidas, las circunstancias actuales llevarían a una dependencia total de terceros países en componentes clave y eso sería una amenaza grave para la seguridad económica y la resiliencia futura de la Unión", ha advertido el Ejecutivo comunitario durante la presentación de la Ley de Aceleración Industrial.













