Para un usuario medio que recorre entre 12.000 y 15.000 kilómetros al año, la diferencia puede ser significativa, aunque depende de varios factores como el precio de la energía, el tipo de trayectos o la forma de recarga.
Muchos conductores buscan ahorrar a final de mes con tu vehículo eléctrico y comparan cifras concretas. Si tomamos como referencia un consumo medio de 15 kWh cada 100 kilómetros y una tarifa doméstica en horario valle de 0,15 euros por kWh, recorrer 100 kilómetros costaría alrededor de 2,25 euros.
En un coche de gasolina con un consumo medio de entre 5 y 8 litros cada 100 kilómetros y un precio del combustible de 1,60 euros por litro, el gasto se sitúa cerca de 10 euros.
La diferencia es clara: el eléctrico puede reducir el gasto energético en más de un 70% por cada 100 kilómetros.
El ahorro en el uso diario
Si trasladamos estos datos al uso anual, un conductor que recorra 15.000 kilómetros gastaría aproximadamente 337 euros en electricidad frente a unos 1.440 euros en gasolina.
La brecha supera los 1.000 euros anuales solo en energía. Este cálculo puede variar si se utiliza recarga rápida pública, donde el precio por kWh es mayor, pero sigue siendo competitivo en comparación con el combustible tradicional.
Además del gasto en energía, el mantenimiento de un coche eléctrico suele ser más reducido. Al no contar con embrague, caja de cambios tradicional ni sistema de escape, las revisiones periódicas tienden a ser más sencillas.
Tampoco requiere cambios de aceite ni filtros de combustible. Estudios del sector estiman que el mantenimiento puede ser entre un 20% y un 40% más económico en el largo plazo respecto a un modelo de combustión.
Precio de compra y amortización
El principal obstáculo sigue siendo el precio inicial. Aunque el mercado se ha diversificado y existen modelos por debajo de los 30.000 euros, la inversión inicial suele ser superior a la de un coche de gasolina equivalente.
Sin embargo, los planes de ayudas públicas y las bonificaciones fiscales pueden reducir esa diferencia. En algunos municipios, los vehículos eléctricos disfrutan de descuentos en el impuesto de circulación y ventajas en zonas de estacionamiento regulado.
La amortización depende del kilometraje anual. Cuantos más kilómetros se recorran, mayor será el ahorro acumulado en energía y mantenimiento. En un escenario medio, el sobreprecio inicial puede compensarse en un plazo de cinco a ocho años.
Para conductores urbanos o metropolitanos con acceso a recarga doméstica, el equilibrio puede alcanzarse incluso antes.
Tarifa eléctrica y hábitos de carga
El verdadero potencial económico del coche eléctrico está ligado a la tarifa contratada. Las tarifas con discriminación horaria permiten cargar durante la madrugada a precios reducidos.
Este detalle es clave para maximizar el ahorro. Una carga completa de una batería de 50 kWh en horario valle puede rondar los 7 u 8 euros, lo que se traduce en autonomías de 300 a 350 kilómetros en muchos modelos actuales.
La instalación de un punto de carga doméstico supone una inversión inicial, pero mejora la comodidad y optimiza el gasto energético. En edificios comunitarios, la normativa facilita cada vez más la instalación individual, lo que amplía las posibilidades para usuarios en entornos urbanos.
Ventajas adicionales frente a la gasolina
Más allá de los números, el coche eléctrico ofrece ventajas prácticas. La conducción es más silenciosa y suave, con entrega de par inmediata que mejora la experiencia en ciudad.
También existen beneficios regulatorios, como el acceso sin restricciones a zonas de bajas emisiones, cada vez más comunes en grandes ciudades.
En comparación, el coche híbrido se sitúa en un punto intermedio. Reduce el consumo de combustible y ofrece mayor autonomía que un eléctrico puro, pero no alcanza el mismo nivel de ahorro energético ni de simplicidad mecánica.
Para quienes realizan viajes largos frecuentes sin infraestructura de recarga suficiente, puede ser una alternativa equilibrada.
¿Ahorrarás realmente?
La respuesta depende del perfil del conductor. Un usuario urbano, con posibilidad de recargar en casa y que recorra distancias medias anuales, probablemente verá una reducción notable en su gasto mensual.
Un conductor que utilice mayoritariamente carga rápida pública o recorra pocos kilómetros al año notará menos diferencia.
En términos generales, el coche eléctrico permite reducir el gasto por kilómetro y disminuir los desembolsos asociados al mantenimiento.
Aunque la inversión inicial sea mayor, el ahorro acumulado en energía y revisiones puede equilibrar la balanza con el paso del tiempo. La decisión final no solo es tecnológica o medioambiental, sino también económica y estratégica.
La venta de coches eléctricos no deja de crecer. El ahorro y la sostenibilidad a corto plazo es, sin duda, razones más que suficientes para dar el salto definitivo.













