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Mercedes E 220 d, probamos un nuevo punto de referencia

Tanto por su nivel tecnológico como por su refinado funcionamiento, la nueva Mercedes Clase E eleva el listón de las berlinas premium hasta una nueva dimensión.
Pablo Mallo.

Twitter: @p__mallo Fotos: Achim Hartmann -

Mercedes E 220 d, probamos un nuevo punto de referencia

El Mercedes Clase E es una de las referencias no ya de su segmento, sino del mundo del automóvil, y en esta quinta generación —o novena, si tenemos en cuenta a sus predecesores que todavía no incorporaban la denominación Clase E— adopta interesantes novedades de equipamiento que lo convierten en uno de los coches más sofisticados del momento, algo que, por otra parte, también ha venido ocurriendo en sus pasadas ediciones, siempre adelantados a su tiempo en algún aspecto. Sin embargo, nada de eso importaría si la base de partida no fuera sólida. Y lo cierto es que, tanto dinámicamente como en materia de confort y eficiencia, se vuelve a imponer de manera rotunda.

Mercedes Clase EEntre la innovaciones del Mercedes Clase E, se da un paso más en el camino hacia la conducción autónoma, algo que parece que nos quieren imponer en el futuro. Esta generación del Mercedes Clase E puede contar con asistentes para el cambio de carril automático, capacidad para seguir a los coches de delante y mantenerse en el carril aunque las líneas de la carretera no estén bien definidas, o frenada automática evolucionada. Son elementos de conducción automatizada que pueden aportar seguridad y confort en determinados momentos, pero todavía no hemos probado un coche en el que su funcionamiento sea perfecto. Si de verdad quieres impresionar a tus amigos o vecinos, la función de aparcamiento a distancia desde el teléfono, mediante la app Remote Parking Pilot, te permite supervisar la operación desde fuera del coche, hasta a 4 metros de distancia. Este dispositivo, basado en los sensores de aparcamiento y con capacidad para girar el volante, avanzar o retroceder, amplía las ya conocidas maniobras automáticas en línea o en batería, y resulta útil para aparcar y desaparcar en plazas estrechas.

El Mercedes Clase E arranca el motor (o lo para, al finalizar el aparcamiento), y recorre por sí solo una distancia máxima de 15 metros, deteniéndose en caso de encontrar algún obstáculo. Por supuesto, también puedes aparcar al modo tradicional, aprovechando una excelente capacidad de maniobra gracias a su reducido diámetro de giro. El nuevo Mercedes Clase E sigue doblando muchísimo, además está apoyado por un conjunto de cámaras periféricas —también con vista cenital—, que mandan sus imágenes a la enorme pantalla de alta definición situada en la consola central, con una de las mejores resoluciones de la actualidad. Las cámaras se activan de forma automática a poca velocidad cuando los sensores de ultrasonidos frontales, laterales o traseros detectan algún objeto cercano, algo muy cómodo también para salir del garaje o en cruces sin visibilidad, gracias a la visión frontal de gran angular.

Valora tu coche gratisMercedes E 220 d: muy cómodo

La sensación de que todo está enfocado hacia el confort se confirma desde los primeros metros que recorres a bordo del Mercedes E 220 d. La suspensión, relativamente blanda, permite ciertas oscilaciones de la carrocería, incluso a poca velocidad, como suele ocurrir en las berlinas de representación de mayor tamaño, siempre con una calidad de bacheo excelente y un bastidor que nos aísla casi por completo de la carretera. La dirección de radio variable, con una acertada desmultiplicación y muy precisa, apenas informa de lo que ocurre bajo las ruedas —para bien y para mal—, pero cuenta con un agradable tacto. A su vez, el tacto de freno resulta mucho más natural que en su antecesor, más fácil de dosificar con precisión al detenernos por completo. Y por si fuera poco, a nivel acústico, el nuevo bloque motor de la versión E 220 D es más refinado, también por las menores vibraciones que llegan al habitáculo y una gran suavidad. Quizá el mayor inconveniente al circular por ciudad sea la visibilidad lateral delantera, obstaculizada por el tamaño y la ubicación de los retrovisores, que además están solapados con la voluminosa parte baja del pilar A, en la que se aloja un pequeño altavoz.

Mención aparte merece el cambio automático de 9 velocidades. Funciona tan bien que prácticamente pasa inadvertido. Es suave y rápido, con un nivel de reactividad que depende del modo de conducción seleccionado (Eco, Confort, Sport, Sport+ e Individual), y con posibilidad de usarlo manualmente mediante las levas del volante. En Eco se activa la función de inercia, además es necesario hundir más el pie derecho para obtener una respuesta contundente del motor, justo al revés que a medida que vas escalando por los otros modos. Por otra parte, el escalonamiento entre marchas está perfectamente escogido y permite aprovechar el abundante par motor en todo momento, sin molestos cambios de marcha ni transiciones innecesarias. Salvo que demandemos mucha aceleración, la aguja del cuentavueltas ni siquiera llega a acercarse a la zona media, algo que contribuye a mantener los consumos y el nivel sonoro a raya. Y en caso de exigir prestaciones, la inmediata respuesta del motor y su buena capacidad para ganar vueltas logran un brillante dinamismo.

Interior del Mercedes Clase EMercedes E 220 d: comportamiento

Respecto al comportamiento del Mercedes E 220 d, su talante confortable no impide que, en situaciones complicadas o ante una exigencia puntual por nuestra parte, resulte impecable, progresivo y eficaz, con un tren trasero que, en caso necesario, aporta agilidad redondeando los giros sin complejos, siempre tutelado por unas ayudas electrónicas que mantienen las cosas en su sitio y proporcionan reacciones bastante neutras y tranquilizadoras. Sin llegar a tanto, en uso normal ya muestra un gran equilibrio, pues resulta muy preciso y sensible a cualquier orden del conductor. Al ser la suspensión de serie relativamente blanda, el coche es más receptivo a los cambios de masas provocados por cualquier insinuación del acelerador, y permite afinar trayectorias, ya sea a base de gas o ahuecando. Toda una delicia para quien le guste conducir, pero que no resulta exigente en ningún momento, ya que la dirección cuenta con una zona central menos directa, y se vuelve más rápida a medida que incrementas el ángulo de giro.

Tan notable bastidor se acompaña de un interior muy trabajado, en el que destacan las dos grandes pantallas panorámicas del salpicadero, una para la instrumentación y la otra para el resto de sistemas. Se ubican una a continuación de la otra, y desde el puesto del conductor parece un único display, ya que el aro del volante tapa la pequeña separación que hay entre ambas. Hay tres cuadros de instrumentos "virtuales" a elegir, uno bastante tradicional (Classic), otro deportivo (Sport) con los dígitos amarillos, y un tercero (Progressive) de aspecto más moderno. En todos ellos se puede personalizar el tipo de información mostrada, sustituyendo el cuentavueltas por un mapa, un asistente de eficiencia, un menú con los datos de consumo... Y lo mismo sucede con la zona central que hay entre los relojes, como suele ser habitual. Lo que siempre es fijo es el velocímetro. Por su parte, los nuevos controles táctiles del volante no plantean problemas de funcionamiento, pero requieren más atención que unos de tipo convencional. Con el derecho se pueden manejar, por duplicado, los menús de la pantalla central, sin tener que desplazar la mano del volante hasta el mando giratorio de la consola, mientras que, con el izquierdo, se accede al ordenador de viaje y todo lo relativo al cuadro de instrumentos.

Otro extra interesante de la interminable lista de elementos disponibles son los faros Multibeam, formados por 84 ledes cada uno y capaces de proporcionar un haz matricial adaptable a las necesidades de cada momento. Cada led se controla individualmente para iluminar una parte concreta en función de los datos obtenidos por la cámara frontal, evitando deslumbrar a otros conductores creando zonas de sombra muy definidas, y proyectando luz en el resto del entorno. Los lujos continúan con detalles más banales como la iluminación ambiental, con nada menos que 64 colores y posibilidad de regular su intensidad en las diferentes partes del habitáculo, consola, puertas y reposapiés, o un climatizador con ionizador y difusor de fragancias. En definitiva, se puede crear un coche a medida para casi cualquier necesidad.

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