4x4

Los llanos de la Tierra de Campos: de Palencia a Zamora

La comarca de la Tierra de Campos forma parte del Camino de Santiago y está situada en plena meseta castellana, en una zona llana, casi horizontal, que se extiende por las provincias de Palencia, Valladolid y Zamora. Es tierra de trigales, con escasez de árboles y cuna de la Mesta Medieval. Recorriendo sus caminos uniremos Palencia y Zamora, dos importantes ciudades de Castilla por su historia y por su patrimonio monumental

Los llanos de la Tierra de Campos: de Palencia a Zamora
Los llanos de la Tierra de Campos: de Palencia a Zamora

El punto de salida del recorrido está en la gasolinera que hay en el punto kilométrico 2 de la carretera N-122 en dirección a León. Siete kilómetros de asfalto nos llevan hasta el comienzo del recorrido por una pista, una pista ancha y lisa, cubierta de gravilla. Es cómoda y rápida, con la excepción de algunas bañeras y ofrece una buena adherencia. Circulamos por una zona muy fértil, mantenida por una amplia red de canales de regadío alimentados por los numerosos arroyos de la zona. Largas hileras de árboles flanquean sus cauces rompiendo la lisura de una extensa llanura dominada por campos cultivados, entre los que destacan las altas espigas de los trigales. Los canales nos acompañan, muchos tramos en paralelo, durante todo el recorrido hasta Mazariegos, primer pueblo de la ruta. Si llueve, las pistas de este primer tramo se complican volviéndose muy deslizantes. No hay ningún paso donde podamos atascarnos, pero una salida de pista puede dejarnos inmovilizados en una cuneta con facilidad. En las afueras de Mazariegos cogemos una ancha y rápida pista, que lleva hacia el Camino de Santo Tomás entre extensos trigales. A la derecha queda Revilla de Campos, al fondo destaca la silueta de Pedraza de Campos. Rodeamos Pedraza, sin entrar en el interior del pueblo, y seguimos hasta Torremormojón, pueblo dominado por las ruinas de su castillo, situado en un alto y que permite disfrutar de una amplia panorámica sobre la Tierra de Campos. Un corto tramo de asfalto nos acerca a una nueva pista. Al principio el firme es bueno, aunque en algunas zonas las huellas de los tractores están profundamente marcadas. Más adelante el típico sonido de los neumáticos al circular sobre piedras nos anuncia un nuevo cambio del firme, ahora empedrado. Seguimos entre altos trigales. En primavera sus bordes están llenos de flores; amapolas, margaritas, violetas, rosas silvestres, también los cardos están en flor. En algunos tramos el centro de la pista está cubierto de altas espigas que casi llegan a la altura del capó. Como no se ve la superficie circulamos despacio, pero no hay ninguna piedra oculta por la vegetación. Un peculiar cercado de piedra parecido a una pequeña muralla, con torreones a escala, queda a nuestra izquierda. En el horizonte destaca la espléndida silueta del castillo de Montealegre, de gran tamaño. Montealegre tiene unas preciosas construcciones románico-góticas, además de los restos de un poblado celtíbero. A la salida del pueblo seguimos un kilómetro y medio por asfalto junto a la vega del río Aguijón, íntegramente cubierta de árboles. La nueva pista es buena, empedrada y las flores tapizan ambos lados de la pista. Un corto tramo con bañeras, antes de llegar al asfalto, ponen un cierto grado de incomodidad al recorrido. Llegamos por carretera a Valdenebro de los Valles. A la derecha, en un alto, destaca el campanario de su iglesia gótica. El paso por un encinar precede a una extensa llanura cultivada en la que sobresale una maraña de torres del tendido eléctrico con sus peculiares siluetas metálicas. En la pista se alternan los firmes rotos con los suelos empedrados. En algunas zonas lo único que se distingue es un par de trazos marrones entre las espigas que crecen a los lados y en el centro de la pista. Un tramo excelente y muy ancho de pista nos acerca a Castromonte. Aquí hay que prestar atención, ya que unos cien metros antes de la entrada a la pista hay una entrada parecida que lleva hacia unas naves. El firme de la nueva pista, ligeramente empedrado, tiene algunas bañeras al principio, pero está bien. El paso por un pequeño encinar rompe el paisaje dominado por los campos de labor. Enfrente del Monasterio de la Espina seguimos por una pista empedrada que comienza a ascender entre pinos. Nos juntamos con el Camino de los Majuelos, entre sembrados, y llegamos a Barruelo, donde seguimos una fácil pista empedrada que nos lleva con rapidez hasta el cercano Adalia. Siguiendo el cauce del arroyo Daruela, señalado por una chopera, cogemos una pista ancha y lisa que asciende con suavidad. Una corta bajada nos lleva a cruzar la N-VI por un paso elevado construido para la pista. Un último tramo, en el que destacan unos gigantescos trenes de regadío en una zona de extensos sembrados, precede la llegada a Pedrosa del Rey. Diez kilómetros de excelente pista entre campos de labor nos acercan hasta Morales de Toro, pueblo que rodeamos, siguiendo una pista ancha con algunas bañeras. Prácticamente todas las pistas y carreteras que salen hacia la izquierda llevan hacia Toro, que desde Morales se divisa con claridad. A partir de Tagarabuena el paisaje cambia. Aunque el comienzo de la pista discurre entre sembrados, pronto circulamos siguiendo el cauce del arroyo Linarejos, cubierto de árboles. Este nuevo tramo de pista se interna por un frondoso bosque dominado por los pinos y las jaras. El firme no está mal, aunque algunas raíces obligan a casi detenernos para pasarlas. Una casa en ruinas marca un cambio en la vegetación y las encinas sustituyen a los pinos. Una corta bajada con el firme roto pone la única incomodidad, que no dificultad, a este tramo. Unas torres señalan el palacio del Monte de la Reina en medio de una enorme extensión vallada. Un último tramo de rápida pista nos lleva a la N-VI. Seguimos la N-VI y en Fresno de la Ribera nos desviamos hacia Matilla la Seca. A la salida del pueblo, pasada la vía del ferrocarril, cogemos un camino agrícola ancho y rápido, aunque con la presencia de alguna bañera, que entre sembrados nos lleva hacia Coreses. En las afueras del pueblo recuperamos la N-VI, a seis kilómetros de Zamora, donde finalizamos nuestra ruta.

Palencia y Zamora pasando por Toro