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Kia Sportage DOHC LS 3p

Bueno, bonito y barato. Kia ataca directamente a un público juvenil, ávido de prestaciones tanto en asfalto como en campo y que no está dispuesto a pagar lujos innecesarios. El Sportage 3p es uno de los TT más asequibles del mercado.

Kia Sportage DOHC LS 3p
Kia Sportage DOHC LS 3p

A punto ha estado el Kia Sportage de entrar en el ranking de los diez todo terreno más vendidos durante el año pasado. El secreto de su éxito no es otro que la buena relación calidad/precio de la que ha hecho gala siempre este coreano que mejoró mucho con su último «lavado de cara». No contento del todo con este éxito de mercado, Kia ha apostado aún más fuerte con la comercialización de una versión tres puertas de su Sportage. El resultado final es el lanzamiento de un producto de líneas atractivas, que recurre a un brioso motor de dos litros y 128 CV y a un precio de escándalo: 2,2 millones de pesetas. Es precisamente el motor uno de sus principales atractivos. Proporciona suficiente alegría para mover con soltura un peso de 1,4 toneladas por carretera y campo y goza de buenos bajos y medios, aunque su capacidad para subir de vueltas y girar con la aguja cerca de la zona roja deja algo que desear. Ante sus rivales destaca por su elevada velocidad punta, si bien no es sencillo mantenerla, a no ser que estemos en una autopista de trazado recto. La principal pega en este aspecto viene por parte de los frenos, que, a pesar de su buen equilibrio y un tacto medio, pecan de falta de efectividad por resistencia y mordiente. Su comportamiento en carretera es bueno; incluso se atreve a retar a más de un «GTi», siempre que no entremos en zonas muy viradas. Su grado de confort en este terreno está condicionado por su corta batalla y su eje rígido trasero, algo que pasa factura sobre asfalto roto. Una vez fuera de carretera, el Sportage, gracias a su tracción total conectable, proporciona una enorme fuente de diversión. Su motor nos permite disfrutar sobre pistas en buen estado, mientras las suspensiones filtran adecuadamente las irregularidades. Cuando el terreno se complica, basta con accionar la caja reductora para poder pasar sin problemas por las zonas más abruptas. Tan sólo echaremos en falta un mayor recorrido de suspensión, pues adolece de falta de capacidad trialera —si bien su corta batalla le hace ser mejor escalador que su hermano de cinco puertas— y la suspensión delantera no hace tope con la facilidad que en el Sportage largo con motor turbodiésel. Analizando el coche por dentro, vemos que se ha buscado la máxima habitabilidad a unas dimensiones no muy generosas. Si bien no encontramos pega alguna a las plazas delanteras, las traseras son claramente mejorables. Nuestras mediciones han dado como resultado una anchura posterior de 136 centímetros, pero esta cota se realiza a la altura de los hombros. La invasión de los pasos de rueda hace que la anchura real a la altura de la cadera sea de 104 centímetros, por lo cual las tres plazas posteriores se quedan en dos reales. Para acceder hasta ellas, sólo se puede hacer por la puerta del acompañante, cuyo asiento, cada vez que se abate, necesita un nuevo reglaje. Desde el puesto del conductor todo se encuentra situado bastante racionalmente. Tan sólo consideramos criticable la reducida visibilidad lateral y trasera.

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