Seat León Cupra R

La identidad de Seat como marca decididamente deportiva, se plasma en esta nueva interpretación del León Cupra, ahora con una R adosada, que exalta sus más puras maneras de entender la deportividad.

Seat León Cupra R
Seat León Cupra R

Pero es la conjunción y puesta a punto de todos estos elementos lo que consiguen que este Cupra R sea de una eficacia en carretera de montaña excepcional. Por no decir que en trazados más abiertos sólo el sentido común parece dictar los límites. La capacidad para abordar todo tipo de curvas sin descomponerse resulta de una simplicidad fuera de lo habitual. Al nivel al que se puede rodar con este Cupra R es difícil entablar un juicio sobre si es más rápido y eficaz que el Civic Type-R, otro rodillo hiper-GTI que parece estar imantado a la carretera, pero no nos surge ninguna duda en afirmar que por facilidad y naturalidad con que se mueve el León a un mismo ritmo endiablado en trazados sinuosos, es superior. Cuesta creer que con unas especificaciones de sus trenes rodantes tan extremas, consiga que todas sus reacciones sean de una progresividad y bondad inimaginable. Sin duda un recorrido de suspensión relativamente generoso, unido al muelle blando por comparación, dulcifican, que no degradan, sus reacciones al límite. Las transiciones entre perder motricidad y volver a recuperarla, o entre el subviraje y volver a la trazada, lo hace de una forma moderada y tranquilizadora. Nada que ver con el exigente Civic. La zaga consigue generar un efecto autodireccional si así lo requerimos, jugando con las transferencias de peso al levantar el pie del acelerador, pero lo hace con una actitud tan predecible, sosegada y en su justa medida, que facilita mucho la conducción. Da la impresión de ser un coche más largo de batalla que el Civic, cuando es todo lo contrario. Pero ni mucho menos este Cupra R adolece de rapidez de reacciones. Las transiciones son tan rápidas como el que más, pero con reacciones como ya hemos comentado muy controladas. La capacidad para abordar todo tipo de curvas sin descomponerse resulta de una simplicidad fuera de lo habitual. Su agilidad al inscribirse en curvas y abordar continuas secuencias de curvas de baja y media velocidad es una de sus principales virtudes. Al renunciar a la transmisión total del Cupra se ahorra peso (167 kg según nuestras mediciones), se reducen las inercias y se agiliza claramente su tren delantero. Vital en la deportividad pura y dura. Su dirección, con la importante ayuda de sus neumáticos de mínimo perfil, garantiza esos cambios de apoyos instantáneos. La solidez de su pisada en toda la curva genera una confianza absoluta. Y en estos trazados revirados sale también a relucir su enérgica capacidad de frenar, aguantando los frenos un uso abusivo en la línea de todo un mismísimo Porsche. En síntesis, esta radicalidad a base de buenos modales es lo que hace de este Cupra R su mejor virtud. De hecho, a pesar de montar de serie el control de estabilidad ESP, todas las reacciones que hemos comentado las hemos experimentado con este dispositivo desconectado. Sin lugar a dudas este Cupra R ha sido puesto punto sin la más mínima intención de que el ESP corrija su sana actitud, y sólo en drásticas situaciones creemos en su ayuda para solventar una posible catástrofe. En esta misma línea está su motor. Variante del ya de por sí brillante 1.8 Turbo de 150 CV, es sorprendente como en todas sus evoluciones —180, 210 y 225 CV— esta mecánica consigue mantener su progresividad y suavidad con los aumentos tan significativos de potencia que ha recibido. El Cupra R utiliza la versión de 210 CV, que al pasar por nuestro banco ha firmado 218 CV. El efecto turbo marca el carácter de este motor, que apenas merodea las 2.000 revoluciones muestra un brío arrollador. Y en el margen que va desde las 3.000 hasta las 6.500 del corte es embriagador. Con algo más de 30 mkg constantes en un amplio rango de revoluciones —¡11 mkg más que el Civic Type-R!—, la contundencia y vivacidad en la respuesta se combina con una suavidad y baja rumorosidad que hasta cierto punto parece un contrasentido. Apoyado en un cambio de 6 velocidades bien guiado y muy preciso, este Cupra R siempre está dispuesto a admitir hasta tres marchas para afrontar un mismo punto con total brillantez. Esto es elasticidad. Su temperamento exige en trazados muy cerrados cierto temple, por la inevitable tendencia a perder motricidad —si optamos por desconectar el ESP— cuando este motor empuja a pleno pulmón. Una tendencia, por otra parte, bastante atenuada respecto a otros vehículos de tracción delantera con estos niveles de potencia, como por ejemplo, de nuevo el Civic Type-R.

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