Prueba: BMW 330D

El BMW 330d es sin duda un automóvil excelente desde distintos puntos de vista, pero al mismo tiempo también es muy difícil de recomendar por la relación entre lo que da y lo que cuesta, sobre todo si lo comparamos con otras versiones de la propia Serie 3.

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Una de las causas que inducen a sentir admiración hacia una marca de coches es su capacidad para administrar excesos. El ejemplo más claro es Porsche, capaz de que un coche técnicamente absurdo como el 911 vaya como va. BMW también tiene esa habilidad y la ejerce con cierta frecuencia; el último ejemplo es el 330d. Ha conseguido que un Serie 3 con un enorme y pesado seis cilindros Diesel (con casi 40 m.kg de par máximo), ruedas de 17" y -por supuesto- tracción trasera sea un coche más que apto para viajar, si lo que quiere el conductor es un ritmo verdaderamente rápido con un consumo ridículo. Ahora bien, un consumo ridículo es una aspiración extraña para alguien que se gasta 5,8 millones en un coche así. BMW tiene -por 4,6 millones- un 320d que llegaría muy poco después que un 330d en un viaje rápido (ambos en manos de un conductor normal o normalmente bueno), que es igual de silencioso y que resulta más fácil de conducir (eso sí, con el grave inconveniente de no tener control de estabilidad). También tiene un 323 de gasolina de 170 CV que es más rápido que el 330d y cuesta 400.000 pesetas menos (una cantidad que da para mucha gasolina). Y, por poco más que un 330d, hay un 328 cuyas prestaciones son muy superiores a las del Diesel, más de lo que cabría esperar a juzgar por la diferencia de pontencia. A quien tenga una contestación para todos estos argumentos (o no le haga falta) y quiera un 330d, enhorabuena: se lleva un coche excepcional en muchos sentidos. El motor de seis cilindros da una combinación de fuerza, economía, suavidad y silencio muy rara de encontrar. Lo excepcional es que estas cualidades están presentes en todo el margen de utilización del coche. A velocidad baja, como la que mantenemos en los recorridos a velocidad constante, el consumo es casi simbólico. El motor (una vez caliente) casi no se oye ni se siente y su reserva de aceleración, incluso en las relaciones mas largas, es muy amplia. Cuando se circula rápido en carreteras de doble sentido responde igualmente bien, porque llega con fuerza hasta 4.500 rpm. La segunda velocidadno es del todo inútil; sirve para adelantamientos desde muy baja velocidad porque casi llega a 80 km/h. La tercera vale para todo lo demás, porque llega hasta 130 km/h. En esas condiciones, incluso si se acelera con frecuencia, el consumo puede quedar por debajo de 10 l/100 km. Donde es posible una velocidad de crucero cercana al límite del coche (y el por ciento de su velocidad máxima son más de 200 kmh), el consumo sigue siendo relativamente bajo. El máximo que hemos conseguido en un trayecto largo es 12,5 l/100 km. Para llegar a esta cifra no sólo hay que mantener un ritmo muy alto, también recurrir a la gran aceleración que da el coche con mucha frecuencia. Aunque el motor está centrado sobre el eje de las ruedas, el peso en el extremo delantero es grande y eso se nota en carreteras muy lentas. El 330d tiene un tacto de dirección muy preciso, pero es delicado en ciertas condiciones. Sobre carreteras malas (y no necesariamente lentas) tiende a «buscar» irregularidades del suelo, como pequeños desniveles o las roderas de los camiones en el carril derecho; de hecho, también las encuentra en el izquierdo cuando las hay. Sobre firme resbaladizo puede ser difícil de conducir. Aunque tenga de serie control de tracción no podría ser de otra forma, pueden ser brusco de reacciones. El control de tracción evita que el coche derrape al acelrar, pero no puede impedir que el coche no entre en la curva por una velocidad excesiva o que sobrevire en una curva con rasante. Por tanto, el control de estabilidad (DSC), resulta más que recomendable. Su funcionamiento es impecable; incluso en caso de aquaplaning tiene un cierto margen para arreglar las cosas. No es una buena idea renunciar al DSC simplemente por pensar «yo no voy a correr» (aunque sea cierto): Todos cometemos errores y en un coche como el 330d es más fácil cometerlos que en otros, aunque sólo sea por su facilidad para alcanzar una velocidad muy alta. Otro de los excesos que BMW ha sabido administrar son las ruedas de 17", desde el punto de vista del confort. Aunque el coche es sensible a los baches, en carretera normalmente buena el coche es cómodo. Efectivamente, se le nota menos flexible que a otros Serie 3 (especialmente quienes van detrás), pero no estamos ante una suspensión seca, ni va sacudiendo a los ocupantes en cada desnivel. Las cualidades características de la carrocería permanecen. Es muy espacioso para cuatro personas pero no para cinco, porque tienen mucho espacio longitudinal en las plazas traseras pero le falta algo de anchura. Tiene uno de los mejores sistemas de ventilación del mercado, y no sólo porque el climatizador sea equipo de serie y funcione bien. La posibilidad de ajustar la entrada de aire frío independientemente para las salidas del salpicadero es muy útil. En el puesto de conducción cabe cualquiera, a poco que se tome unos momentos para ajustar asiento y volante. No solo tienen los ajustes adecuados, también cuentan con amplitud suficiente como para dejarlo al gusto de personas de talla y complexión muy distinta. La iluminación de serie es buena; los faros de xenón no son realmente necesarios. Y, sobre todo, se distingue por su calidad de acabado; es tan difícil de medir como de encontrar una impresión semejante en otros coches.

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