Peugeot 307 SW 1.6 HDI

A veces, los coches alcanzan etapas de su vida comercial en que son productos perfectos, redondos, la plasmación exacta de los deseos del fabricante. Es el caso de este 307 SW, que, con los años, se ha convertido en uno de los vehículos mejor definidos y más eficaces de la categoría. Con el motor 1.6 HDI de 110 CV, el compacto francés alcanza una madurez espléndida.

Peugeot 307 SW 1.6 HDI
Peugeot 307 SW 1.6 HDI

Además, tiene un tacto muy agradable, alejado de brusquedades o vibraciones exageradas. Habrá quien piense que esta forma de ser tan sosegada no es nada atractiva, pero en los viajes largos, donde un familiar de este tipo se emplea a fondo, este tipo de funcionamiento convencerá. Además, el ruido resulta muy moderado y, por si fuera poco, el consumo, con una media ponderada de 6,5 litros a los 100 km, se antoja mínimo.En nuestra opinión, esta variante familiar logró dos cosas: afianzó definitivamente al 307 entre los preferidos del público más sofisticado y, de paso, logró retrasar el envejecimiento de la gama, convirtiendo al modelo en un maduro muy interesante. El último rediseño estético, muy ligero, viene a subrayar esta capacidad de resistir perfectamente el devenir de las modas.
Así, con los años, el SW ha demostrado que es el 307 que mejor resiste el paso del tiempo y, con muy pocos retoques, mantiene un excelente nivel competitivo.
Lo probamos ahora con el motor 1.6 HDI de 110 CV, una máquina humilde pero tremendamente eficaz, brillante exponente de la alianza industrial que ha unido a Peugeot, Citroën y Ford en la producción de motores Diesel.

Esta mecánica, potente y capaz, hace su trabajo con una solvencia digna de alabanza. Tiene, en ese sentido, la principal virtud que buscan los compradores de este coche: la eficacia elegante.

Y es que, pensado para modernos clientes de gusto refinado, familias jóvenes de ámbito urbano, el 307 SW está obligado a combinar con acierto una imagen avanzada, pero discreta; un comportamiento dinámico, pero seguro y un motor incansable, pero domesticado. Veamos cómo se logra esta mezcla. Los 110 CV de potencia que libera el 1.6 HDI tienen, ante todo, el don de convencer. No es un motor exagerado, ni deportivo, ni tampoco un prodigio de tecnología punta, pero cumple su cometido con nota alta.Parte de este buen desempeño está en el cambio que ha montado Peugeot para manejar el motor. Con cinco relaciones y unos desarrollos más bien cortos, esta caja de cambios saca lo mejor del propulsor en cada momento. Es cierto que exige atención para mantener el régimen de giro más apropiado, pero, si nos mantenemos atentos y movemos la palanca en los momentos apropiados, podremos exprimir hasta la última gota de potencia. Y es que los 110 CV y, sobre todo, los casi 27 mkg de par dan para bastante. Para empezar, porque aparecen muy pronto: apenas a 1.500 revoluciones ya se nota la presencia de ánimo del motor y, después, se estira con facilidad, superando los 4.500 giros. El turbo y las 16 válvulas permiten este buen comportamiento en los regímenes altos, haciendo que el motor, si se le reclama fuerza, la entregue generoso.Además, tiene un tacto muy agradable, alejado de brusquedades o vibraciones exageradas. Habrá quien piense que esta forma de ser tan sosegada no es nada atractiva, pero en los viajes largos, donde un familiar de este tipo se emplea a fondo, este tipo de funcionamiento convencerá. Además, el ruido resulta muy moderado y, por si fuera poco, el consumo, con una media ponderada de 6,5 a los 100 km, se antoja mínimo.Este propulsor, fruto de la alianza para motores Diesel que mantiene Ford, Citroën y Peugeot, es una máquina moderna y muy interesante. Para las modas actuales, es verdad que no derrocha potencia (aunque 110 CV no están nada mal), pero, a cambio, esconde muchas virtudes.
Construido sobre un bloque de cuatro cilindros, cuenta con culata de 16 válvulas, turbo de geometría variable con intercooler y, sobre todo, common rail de segunda generación. Estos common rail que montan Ford y PSA, capaces de inyectar el gasóleo a 1.600 bares de presión, son la verdadera piedra angular de estas mecánicas. Su capacidad para reducir las vibraciones, los ruidos, la contaminación y el consumo ha logrado una pequeña (o gran) revolución dentro de la tecnología turbodiésel. Tanto es así que, poco a poco, el resto de fabricantes de motores de gasóleo han imitado el comportamiento de estas máquinas, suaves, sedosas, pero llenas de energía.
Peugeot, por su parte, da a sus motores HDI un tratamiento diferente a Ford, de tal forma que todavía tienen un carácter más amable, más dulce.
En la última generación de estos propulsores se ha incluido una interesante función denominada overboost que actúa de manera automática. Cuando se exige máximo esfuerzo al motor, la centralita enriquece la mezcla de aire y gasóleo y, durante un período no superior a 30 segundos, el par aumenta considerablemente. Para ello, el coche debe rodar en alguna de las tres marchas más largas y el régimen de motor debe ser inferior a 3.750 rpm.

Con todo, el 1.6 HDI de 110 CV firma unas prestaciones que no están nada mal y que le sitúan al nivel de los “gallitos de la categoría" . Hace el 0-100 km/h en algo menos de 11 segundos y recupera con bastante soltura, con un consumo de 6,5 litros. Eso sí, para lograr este buen rendimiento, el manejo del cambio ha de ser siempre muy atento.

Armado con tan buen motor, el 307 SW tiene ahora que demostrar que mantiene las características de buen rodador que adornan a la variante de carrocería corta.Y hay que reconocer que lo hace, a pesar de que su gran tamaño podría llevarnos a pensar otra cosa. En realidad, la diferencia de peso es importante: 113 kilos más que, mayoritariamente, lastran la parte trasera del coche. Sin embargo, el exceso de peso no interviene demasiado en el comportamiento y, en cambio, mejora la distribución de masas sobre los ejes, que es más equilibrada que en el 307 berlina. Este cambio influye en hacer a nuestro protagonista un poco más aplomado y más fácil de conducir.

Así, en carreteras cómodas rueda con gran confort, apoyado en unas suspensiones que tienden a ser cómodas sin caer en una blandura excesiva. En las zonas más complicadas, a pesar de que no es un deportivo y de que esos tarados blandos no favorecen mucho el dinamismo, el coche se desenvuelve bastante bien. No se balancea demasiado, gira bien y se muestra seguro. Eso sí, no es un coche de carreras, no transmite grandes emociones. Si se le fuerza mucho responde con un subviraje leve y punto. No insinúa la zaga, no apunta vicios extraños y los frenos responden muy bien, sin acusar demasiado la fatiga. En conjunto, un coche que, a pesar de su formato familiar, rueda con cierta agilidad, bastante alegría y, lo subrayamos, con una conducción muy sencilla.