Opel Agila 1.2

A primera vista, el Agila aparece como un vehículo pequeño, predominantemente urbano y, en autopista, poco amigo del carril izquierdo. Sin embargo, una segunda ojeada puede revelar mucho más, ya que este automóvil de la marca alemana sorprende por su habitabilidad interior y por su comportamiento fuera de la ciudad.

Opel Agila 1.2
Opel Agila 1.2

Visto desde fuera, lo primero que llama la atención en el Opel Agila es su estética (muy parecida a la del Hyundai Atos, uno de sus rivales, y calcada a la del Suzuki Wagon R ). Se trata de un vehículo pequeño, estrecho y alto y, aunque sí resulte evidente que no es muy atractivo, hasta aquí llegan los detalles que se corresponden con la realidad, ya que, una vez en el interior, cambiarán las percepciones del conductorA pesar de su estrechez (una medida de 1,62 no dice mucho a su favor), el habitáculo del Agila es capaz de acoger sin problemas a cuatro personas -cinco no llegarían a ser excesivas en un recorrido urbano, pero, en virtud de la comodidad, Opel ha preferido sacrificar una plaza en la homologación del vehículo-.

Las banquetas delanteras están situadas en una posición bastante alta, por lo que el conductor casi tendrá la impresión de ir en una silla. Esto hace que se consiga una postura de conducción que, aunque al principio pueda parecer un poco rara (al situarnos en un plano tan elevado respecto a la carretera), resulta bastante cómoda -si bien se echan de menos detalles como la regulación en altura del asiento o el volante, no disponibles ni siquiera como opción- y pueden completarse varias horas de trayecto sin acusar cansancio o agarrotamiento.

A pesar de su estrechez (una medida de 1,62 no dice mucho a su favor), el habitáculo del Agila es capaz de acoger sin problemas a cuatro personas.Por su parte, los ocupantes de las plazas traseras contarán con espacio suficiente para las piernas (uno de los mejores valores del interior del Agila) y no tendrán sensación de agobio, pues la altura al techo es más que correcta. Los problemas se presentarán al intentar acomodar el equipaje. El maletero (con una capacidad de 270 litros) resulta escaso para las maletas de dos personas, por lo que la mejor opción es aprovechar al máximo las posibilidades de configuración del espacio -gracias al asiento trasero abatible por partes- y las guanteras de gran capacidad presentes en las cuatro puertas del vehículo.

El espartano interior (no hay que olvidar que estamos hablando de un coche que cuesta 9.100 euros, por lo que no pueden esperarse grandes alardes de sofisticación) cuenta con varios detalles que mitigan la sobriedad del conjunto: cinturones de seguridad en el color de la tapicería, elevalunas eléctricos, una consola central en la que todos los mandos tienen un manejo sencillo e intuitivo y un techo solar (disponible opcionalmente) con un acabado impecable.

Sin embargo, este Opel no esconde su origen humilde, que se revela en ciertos detalles que deslucen el buen tono general. Buenos ejemplos son la imposibilidad de contar con la luz interior del vehículo cuando lo deseen sus ocupantes -ésta sólo se enciende al abrir las puertas y no puede accionarse a voluntad-, el funcionamiento manual del techo solar o el pequeño tamaño del espejo interior, que deja un ángulo de visión demasiado reducido. Por suerte, este aspecto se compensa con unos grandes retrovisores exteriores (regulables eléctricamente), que permiten una correcta percepción de todo lo que ocurre alrededor del Agila.