Kia Sportage 2.0 CRDI EX 4x4

Hay que ver lo rápido que se ha puesto Kia al nivel de las marcas occidentales en vehículos 4x4. Al triunfal y lujoso Sorento se une este renovadísimo Sportage, su propuesta de todo terreno más asequible, capaz y eficaz.

Kia Sportage 2.0 CRDI EX 4x4
Kia Sportage 2.0 CRDI EX 4x4

Por su configuración mecánica, el Sportage no es un todo terreno puro. Carece de reductora y confía la tracción integral a un sistema que sólo dispone de un diferencial central para garantizar la motricidad.

Además, el conductor puede seleccionar el modo 4x4 permanente, o casi permante, con un botón que va en el salpicadero. Cuando se opta por este tipo de funcionamiento, el Sportage demuestra que, a pesar de su planteamiento “light", no se asusta ante caminos rotos o muy rotos. Otra cosa serán, como veremos, las trialeras. En Kia explican que el Sportage utiliza un “sistema de tracción permanente a las cuatro ruedas". Lo que quiere decir es que la tracción es, normalmente, delantera pero, cuando hace falta, puede ser total de forma automática. El coche lleva un diferencial central que, en realidad, es un embrague del tipo “par en demanda", es decir, que entrega fuerza al eje trasero cuando es preciso. Una unidad electrónica de control detecta el momento en que el eje delantero pierde motricidad y, entonces, conecta automáticamente el trasero para garantizar el agarre. Cuando las condiciones se normalizan, la tracción vuelve a ser delantera. Además, pulsando un botón que va a la izquierda del volante, se puede conectar el eje trasero a voluntad y siempre que se circule muy despacio. Una vez en 4x4, se puede circular con un reparto de fuerza al 50 por ciento entre cada eje, pero no durante demasiado tiempo. Al superar los 40 km/h, la tracción vuelve progresivamente a ser delantera para evitar fricciones y esfuerzos excesivos. Los caminos, estén secos, rotos, embarrados o nevados, no son un obstáculo preocupante para el Sportage. Se mueve por ellos con soltura, rapidez y bastante comodidad. Será suficiente con que tengamos cuidado de no pegar contra el suelo (la altura libre y los ángulos de ataque y salida no son demasiado buenos).

La suspensión, bastante blanda, favorece la velocidad sobre las pistas sin que suframos apenas los baches. Sin embargo, sus recorridos no son todo lo largos que nos gustaría, con lo que hay que prestar atención a obstáculos grandes, como piedras o agujeros, para evitar que haga demasiados topes.Por lo demás, si no le pedimos demasiadas heroicidades, este Kia se desenvuelve bien. El sistema de control de tracción es muy eficaz (aunque algo brusco) y nos saca de la gran mayoría de los apuros, como zonas embarradas o tramos de firme muy resbaladizo. No es conveniente correr demasiado con el 4x4 porque, poco a poco, volverá a ser 4x2 y perderemos agarre. Sin embargo, a velocidades moderadas, gracias al buen rendimiento del motor a regímenes bajos, el control de tracción y la suspensión, se puede circular por el campo alegre y cómodamente.El duro invierno que hemos vivido nos ha permitido probar el Sportage sobre unos cuantos centímetros de nieve y, a pesar de llevar unos neumáticos más de carretera que de campo, el coche se comportó con gallardía: avanzó sin apuros hasta que la nieve llegó a los ejes. Sin embargo, cuando atacamos zonas fuera pista complicadas o trialeras, el Sportage muestra sus limitaciones. Sus cotas TT no son las más adecuadas y nos faltan altura, ángulos de ataque, ventral y salida y también recorrido de suspensiones. Además, el coche es muy largo y los neumáticos que llevábamos no ayudaban mucho. Con todo esto, sufre mucho al pasar crestas o sortear obstáculos de envergadura: rápidamente golpearemos el terreno con los bajos con el peligro de romper alguna pieza. Después, se defiende algo mejor con los pasos de zanjas, pero tampoco puede igualar a un todo terreno puro. Por otra parte, sin reductora, las subidas y bajadas muy fuertes se hacen muy complicadas o casi imposibles. Además, tampoco sobran caballos en el motor para solventar estos apuros.
Las mismas carencias se aprecian cuando nos metemos en grandes barrizales o zonas realmente difíciles por lo inestable del suelo. El diferencial central trabaja bien hasta un cierto límite de adherencia. Cuando se le exige demasiado, es incapaz de garantizar la tracción con calidad y nos podemos encontrar con las cuatro ruedas perdiendo agarre. En esas situaciones, será la pericia del conductor la que salve el paso buscando firmes más adecuados. Con más bloqueos, o con la reductora, posiblemente se evitasen todos estos “sustos".Como se ve, el Sportage no está hecho para el trabajo extremo en el campo. Es un todo terreno agradable y útil para la excursión de nivel medio o para aquellos que, habitualmente, se muevan por caminos o carreteras en mal estado (heladas, rotas, muy mojadas…). Para estos usuarios resultará un coche muy adecuado pues, además de permitirles transitar sin problemas por estos terrenos complicados, es un vehículo cómodo, ahorrador y bastante bien rematado.Por su configuración mecánica, el Sportage no es un todo terreno puro. Carece de reductora y confía la tracción integral a un sistema que sólo dispone de un diferencial central para garantizar la motricidad.

Además, el conductor puede seleccionar el modo 4x4 permanente, o casi permante, con un botón que va en el salpicadero. Cuando se opta por este tipo de funcionamiento, el Sportage demuestra que, a pesar de su planteamiento “light", no se asusta ante caminos rotos o muy rotos. Otra cosa serán, como veremos, las trialeras. En Kia explican que el Sportage utiliza un “sistema de tracción permanente a las cuatro ruedas". Lo que quiere decir es que la tracción es, normalmente, delantera pero, cuando hace falta, puede ser total de forma automática. El coche lleva un diferencial central que, en realidad, es un embrague del tipo “par en demanda", es decir, que entrega fuerza al eje trasero cuando es preciso. Una unidad electrónica de control detecta el momento en que el eje delantero pierde motricidad y, entonces, conecta automáticamente el trasero para garantizar el agarre. Cuando las condiciones se normalizan, la tracción vuelve a ser delantera. Además, pulsando un botón que va a la izquierda del volante, se puede conectar el eje trasero a voluntad y siempre que se circule muy despacio. Una vez en 4x4, se puede circular con un reparto de fuerza al 50 por ciento entre cada eje, pero no durante demasiado tiempo. Al superar los 40 km/h, la tracción vuelve progresivamente a ser delantera para evitar fricciones y esfuerzos excesivos. Los caminos, estén secos, rotos, embarrados o nevados, no son un obstáculo preocupante para el Sportage. Se mueve por ellos con soltura, rapidez y bastante comodidad. Será suficiente con que tengamos cuidado de no pegar contra el suelo (la altura libre y los ángulos de ataque y salida no son demasiado buenos).

La suspensión, bastante blanda, favorece la velocidad sobre las pistas sin que suframos apenas los baches. Sin embargo, sus recorridos no son todo lo largos que nos gustaría, con lo que hay que prestar atención a obstáculos grandes, como piedras o agujeros, para evitar que haga demasiados topes.Por lo demás, si no le pedimos demasiadas heroicidades, este Kia se desenvuelve bien. El sistema de control de tracción es muy eficaz (aunque algo brusco) y nos saca de la gran mayoría de los apuros, como zonas embarradas o tramos de firme muy resbaladizo. No es conveniente correr demasiado con el 4x4 porque, poco a poco, volverá a ser 4x2 y perderemos agarre. Sin embargo, a velocidades moderadas, gracias al buen rendimiento del motor a regímenes bajos, el control de tracción y la suspensión, se puede circular por el campo alegre y cómodamente.El duro invierno que hemos vivido nos ha permitido probar el Sportage sobre unos cuantos centímetros de nieve y, a pesar de llevar unos neumáticos más de carretera que de campo, el coche se comportó con gallardía: avanzó sin apuros hasta que la nieve llegó a los ejes. Sin embargo, cuando atacamos zonas fuera pista complicadas o trialeras, el Sportage muestra sus limitaciones. Sus cotas TT no son las más adecuadas y nos faltan altura, ángulos de ataque, ventral y salida y también recorrido de suspensiones. Además, el coche es muy largo y los neumáticos que llevábamos no ayudaban mucho. Con todo esto, sufre mucho al pasar crestas o sortear obstáculos de envergadura: rápidamente golpearemos el terreno con los bajos con el peligro de romper alguna pieza. Después, se defiende algo mejor con los pasos de zanjas, pero tampoco puede igualar a un todo terreno puro. Por otra parte, sin reductora, las subidas y bajadas muy fuertes se hacen muy complicadas o casi imposibles. Además, tampoco sobran caballos en el motor para solventar estos apuros.
Las mismas carencias se aprecian cuando nos metemos en grandes barrizales o zonas realmente difíciles por lo inestable del suelo. El diferencial central trabaja bien hasta un cierto límite de adherencia. Cuando se le exige demasiado, es incapaz de garantizar la tracción con calidad y nos podemos encontrar con las cuatro ruedas perdiendo agarre. En esas situaciones, será la pericia del conductor la que salve el paso buscando firmes más adecuados. Con más bloqueos, o con la reductora, posiblemente se evitasen todos estos “sustos".Como se ve, el Sportage no está hecho para el trabajo extremo en el campo. Es un todo terreno agradable y útil para la excursión de nivel medio o para aquellos que, habitualmente, se muevan por caminos o carreteras en mal estado (heladas, rotas, muy mojadas…). Para estos usuarios resultará un coche muy adecuado pues, además de permitirles transitar sin problemas por estos terrenos complicados, es un vehículo cómodo, ahorrador y bastante bien rematado.