Prueba: Volvo V40 T4, emoción bajo la piel

Primero fue el diseño: las formas cuadradas dejaron paso a líneas sensuales. Y ahora, sobre todo con este sugerente V40, también la dinámica de marcha cobra una inusual emoción.
Pablo Mallo -
Prueba: Volvo V40 T4, emoción bajo la piel
Prueba: Volvo V40 T4, emoción bajo la piel

La marca sueca sigue en el buen camino y sus productos resultan más atractivos cada vez. Prueba de ello es este V40, con su personal aspecto, interiores muy trabajados y un comportamiento que aporta cierta deportividad a la hora de conducirlo, algo que hasta ahora era poco habitual salvo en productos muy concretos.


Aunque está basado en gran medida en el último Ford Focus, experimenta grandes evoluciones que le dotan de un aire más lujoso y de un equipamiento más completo, sin dejar de lado las virtudes del modelo de Ford en cuanto a su alabado comportamiento. Es más, da la sensación de que en Volvo, en su afán de diferenciación, han buscado una respuesta en curvas aún más reactiva, y eso que pesa algunos kilos más. Puede ser cuestión de neumáticos, de tarados de suspensión distintos —a pesar de que el Volvo monta estabilizadoras más gruesas delante y más finas detrás respecto al Focus con esta misma mecánica—, o de una desmultiplicación algo más directa en la zona central de la dirección, pero el resultado es de lo más satisfactorio. Se siente ágil, con un tren delantero incisivo y muy preciso, al que le sigue una trasera que aporta eficacia ante un giro que se cierra, o cuando levantamos el pie derecho en pleno apoyo, y que redondea más que en ningún otro Volvo, sin llegar al exceso. Esto quita trabajo al tren delantero y eleva el margen dinámico, pero sin complicar demasiado al conductor. A la buena precisión de guiado e inmediatez a nuestras órdenes hay que sumar un acertado tarado de la asistencia de la dirección, que hace que el coche parezca ligero mientras no surjan inercias, algo que sólo ocurre si nos pasamos de optimistas y superamos el elevado nivel de agarre. Por otra parte, el equilibrio entre confort y eficacia está muy conseguido, aunque podría ser todavía más cómodo con otras llantas menos deportivas. Como curiosidad, también el diámetro de giro mejora ligeramente en este modelo con unas ruedas más pequeñas —lo hemos visto en un V40 D2—, pues permiten un mayor ángulo de la dirección.  


Turbo y gasolina

Esta motorización del V40 es, por el momento, la más potente de la gama. Sus 180 CV no son rabiosos, pero sí muy solventes y con un grado de refinamiento y suavidad que no logra un Diesel, por muy avanzado que sea. Apenas vibra y el funcionamiento del Stop/Start es más que correcto, además su sonido no resulta demasiado perceptible desde el interior del coche, ni siquiera cuando lo estiramos en busca de prestaciones. Gracias al elevado par, el motor mueve con soltura unas marchas relativamente largas, y no hace falta sobrepasar las 4.000 vueltas para circular de forma ágil, pero sosegada, y sin ir demasiado pendientes del cambio. Poco antes de 2.000 rpm comienza a notarse el soplido el turbo, aunque la zona más prestacional se sitúa alcanzadas las 3.000 vueltas y, sobre todo, a partir de 4.000 vueltas. En este apartado no encontramos diferencias respecto al Focus 1.6T EcoBoost con el que comparte propulsor, salvo que el Focus monta un resonador que envía un sonido más deportivo y grave al habitáculo, y unos desarrollos un poco más cortos que, junto con sus 81 kg menos, se traducen en algo más de dinamismo. Eso sí, el Volvo rebaja la cifra de consumo en carretera 0,2 l/100 km. Pese a todo, no es un coche que gaste poco si tiene que hacer frente a constantes cambios de ritmo.


Moderno habitáculo

Por dentro también rebosa diseño y, aunque no todo resulta del todo práctico, sí que consigue una vistosa apariencia. Es el caso de la ya conocida consola flotante, que dificulta el acceso al hueco portaobjetos que esconde detrás, o de sus mandos, colocados de manera simétrica y ordenada, pero poco intuitivos para manejar alguno de los sistemas. El mayor inconveniente es que incluso regular la temperatura del climatizador requiere más atención de la que nos gustaría cuando estamos conduciendo. La parte positiva es que, en función de los elementos opcionales que lleve el coche, todo es bastante configurable, desde los muchos colores de la iluminación ambiental, que cuenta incluso con una función para que varíen dependiendo de la temperatura del habitáculo, hasta tres "temas" diferentes para el cuadro de instrumentos digital: Elegance, Eco y Performance. Cada uno cambia profundamente la apariencia de las informaciones mostradas, incluidos velocímetro y cuentavueltas. Se puede complementar con gráficos de consumo de la pantalla del navegador, a través de la cual se configuran también los muchos sistemas de seguridad activa disponibles. De serie incorpora City Safety (evita o mitiga impactos a poca velocidad) y airbag de peatones, a lo que se pueden sumar asistentes de ángulo ciego, aviso de salida involuntaria de carril, control de crucero adaptativo con detección de peatones, aviso de colisión, reconocimiento de señales de tráfico, etc.


Tampoco faltan detalles que mejoran el confort de uso, como retrovisores que se pliegan automáticamente al cerrar con llave y que se orientan hacia abajo al insertar marcha atrás, sensor de aparcamiento que se desactiva al tirar de la palanca del freno de mano, faros automáticos —por fin—, cámara trasera, así como calefacción para los asientos delanteros y traseros. Ojo, porque la mayoría de las cosas son a base de talonario, de hecho la lista de extras se va pareciendo a las de Audi o BMW. Al final acaba siendo un coche caro, pero está bien hecho y transmite sensación de calidad, además de ser una alternativa con personalidad y capaz de rivalizar con lo más granado de su competencia. No obstante, como todo capricho, tiene margen de mejora en algún apartado, y en este caso el maletero es el punto débil del modelo, ya que tiene poca altura y, por lo tanto, menos capacidad de lo habitual en su segmento.

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