Peugeot 307 CC 2.0 y Renault Mégane CC 2.0

Los dos modelos enfrentados recurren al mismo esquema de carrocería, coupé cabriolet de accionamiento eléctrico, ofrecen motores en el entorno de los 140 CV y disponen de unos precios muy similares.
Autopista -
Peugeot 307 CC 2.0 y Renault Mégane CC 2.0
Peugeot 307 CC 2.0 y Renault Mégane CC 2.0

Poco tienen que ver estos modelos con los descapotables que hemos conocido hasta hace menos de una década. No sólo por su versatilidad y comodidad de uso, sino por su rigidez estructural y su comportamiento dinámico. Bastidores rígidos junto a motores potentes y suspensiones eficaces hacen que el comportamiento dinámico de estos modelos no tenga nada que envidiar a las versiones que podríamos denominar “convencionales”.

Las cifras de potencia no son exageradas (Peugeot anuncia una variante superior, con 180 CV de potencia, mientras que, en el caso de Renault, la versión de 136 CV es la que constituye el escalón superior de la gama). Aun así, los 136 CV anunciados, que en realidad se quedan por debajo de la cifra oficial, se muestran suficientes para mover con agilidad cualquiera de los dos modelos.

Aquí juega un papel decisivo el desarrollo de la caja de cambios. Durante los primeros compases de giro, la mecánica del Renault se muestra más enérgica y contundente, pues el Peugeot se encuentra más a gusto en la zona media y alta del cuentarrevoluciones. Circulando en puertos de montaña, a ritmo vivo, el escalonamiento del cambio del 307 es muy favorable, ya que permite abordar y salir con energía con la tercera velocidad insertada. Además, la palanca, con un pomo de aspecto deportivo metálico y algo incómodo, muestra mucha precisión en sus recorridos, cortos y rápidos. En el Mégane, en muchas de las ocasiones, la tercera resulta un poco larga y la segunda, demasiado corta, lo que requiere ir jugando con el cambio para poder aprovechar mejor la energía del motor. En la curva de par se refleja el carácter de la mecánica, muy similar en ambos casos y con valores muy parejos a lo largo de toda la banda de utilización de los motores.

En el caso del Peugeot no se muestran importantes diferencias de comportamiento respecto al compacto. De hecho, circulando sobre pavimentos en malas condiciones o zonas reviradas, no se aprecian crujidos o ruidos sospechosos sobre la falta de rigidez del bastidor, a pesar de que la suspensión es sensiblemente más firme en el 307. El paso por curva es muy rápido y la dirección permite elegir la trayectoria sin titubear, con buen tacto y notable precisión. Da igual que el techo se encuentre abierto o cerrado, pues la rigidez estructural se mantiene en valores muy elevados. Como comentábamos anteriormente, el equipo de frenos es de mayores dimensiones que en el Mégane, pero las cifras registradas por nuestro Centro Técnico revelan escasas diferencias entre ambos (el 307 frena mejor en los primeros metros –más mordiente- aunque la distancia recorrida es ligeramente superior). No obstante, aguantan mejor la intensidad de uso y no desfallecen ante una utilización prolongada.

Unas suspensiones algo más blandas en el Renault facilitan la comodidad en el interior del habitáculo, ayudada también por unos asientos mullidos. El bastidor permite circular con agilidad sobre tramos virados con pavimentos ondulados, además se aprecia menor rigidez del bastidor y algunos chasquidos se filtran al interior del habitáculo. Lo que no nos ha convencido mucho, y ya lo hemos comentado en diversas ocasiones, es la precisión de la dirección. No sólo por su lentitud (tiene 3,25 vueltas de volante frente a 3,8 del 307), sino especialmente por el tacto que ofrece el sistema eléctrico. Tiene un punto en el centro, que cuesta vencer para el lado derecho o el izquierdo, como si se tratara de un efecto centrado muy acusado. Además su tacto es “pastoso” y no proporciona la confianza necesaria a su conductor.

Con el techo plegado permiten disfrutar del buen tiempo, incluso del “no tan bueno”, ya que con la calefacción dirigida a los pies y cabeza se puede circular con bastante comodidad. Sólo la posición de los asientos del Mégane, más altos que en el 307, ofrece menor protección al viento. En ambos modelos se ofrece un paravientos opcional que evita los remolinos en el habitáculo, no obstante, también limita las plazas a sólo dos.

Respecto a los precios, si analizamos las diferencias de equipamiento en los dos modelos, podemos apreciar que están más cerca de lo que parecen. Aunque el 307 tiene una tarifa ligeramente superior, cuenta con ESP y arcos de seguridad eyectables entre su dotación de serie, además de la rueda de repuesto convencional, mientras que, en el Mégane, los primeros elementos cuestan más de 1.000 euros y la rueda no se puede instalar, siendo al menos aconsejable la solicitud del kit de reparación.

Como conclusión, podemos afirmar que los dos modelos son aptos para una utilización cotidiana, permitiendo un comportamiento muy dinámico tanto con el techo abierto como cerrrado. Su “coraza” metálica otorga mayor seguridad a la hora de dejarlos aparcados en zonas sin vigilancia y sólo un mayor nivel de ruido se aprecia respecto a los modelos de los cuales derivan.

Poco tienen que ver estos modelos con los descapotables que hemos conocido hasta hace menos de una década. No sólo por su versatilidad y comodidad de uso, sino por su rigidez estructural y su comportamiento dinámico. Bastidores rígidos junto a motores potentes y suspensiones eficaces hacen que el comportamiento dinámico de estos modelos no tenga nada que envidiar a las versiones que podríamos denominar “convencionales”.

Las cifras de potencia no son exageradas (Peugeot anuncia una variante superior, con 180 CV de potencia, mientras que, en el caso de Renault, la versión de 136 CV es la que constituye el escalón superior de la gama). Aun así, los 136 CV anunciados, que en realidad se quedan por debajo de la cifra oficial, se muestran suficientes para mover con agilidad cualquiera de los dos modelos.

Aquí juega un papel decisivo el desarrollo de la caja de cambios. Durante los primeros compases de giro, la mecánica del Renault se muestra más enérgica y contundente, pues el Peugeot se encuentra más a gusto en la zona media y alta del cuentarrevoluciones. Circulando en puertos de montaña, a ritmo vivo, el escalonamiento del cambio del 307 es muy favorable, ya que permite abordar y salir con energía con la tercera velocidad insertada. Además, la palanca, con un pomo de aspecto deportivo metálico y algo incómodo, muestra mucha precisión en sus recorridos, cortos y rápidos. En el Mégane, en muchas de las ocasiones, la tercera resulta un poco larga y la segunda, demasiado corta, lo que requiere ir jugando con el cambio para poder aprovechar mejor la energía del motor. En la curva de par se refleja el carácter de la mecánica, muy similar en ambos casos y con valores muy parejos a lo largo de toda la banda de utilización de los motores.

En el caso del Peugeot no se muestran importantes diferencias de comportamiento respecto al compacto. De hecho, circulando sobre pavimentos en malas condiciones o zonas reviradas, no se aprecian crujidos o ruidos sospechosos sobre la falta de rigidez del bastidor, a pesar de que la suspensión es sensiblemente más firme en el 307. El paso por curva es muy rápido y la dirección permite elegir la trayectoria sin titubear, con buen tacto y notable precisión. Da igual que el techo se encuentre abierto o cerrado, pues la rigidez estructural se mantiene en valores muy elevados. Como comentábamos anteriormente, el equipo de frenos es de mayores dimensiones que en el Mégane, pero las cifras registradas por nuestro Centro Técnico revelan escasas diferencias entre ambos (el 307 frena mejor en los primeros metros –más mordiente- aunque la distancia recorrida es ligeramente superior). No obstante, aguantan mejor la intensidad de uso y no desfallecen ante una utilización prolongada.

Unas suspensiones algo más blandas en el Renault facilitan la comodidad en el interior del habitáculo, ayudada también por unos asientos mullidos. El bastidor permite circular con agilidad sobre tramos virados con pavimentos ondulados, además se aprecia menor rigidez del bastidor y algunos chasquidos se filtran al interior del habitáculo. Lo que no nos ha convencido mucho, y ya lo hemos comentado en diversas ocasiones, es la precisión de la dirección. No sólo por su lentitud (tiene 3,25 vueltas de volante frente a 3,8 del 307), sino especialmente por el tacto que ofrece el sistema eléctrico. Tiene un punto en el centro, que cuesta vencer para el lado derecho o el izquierdo, como si se tratara de un efecto centrado muy acusado. Además su tacto es “pastoso” y no proporciona la confianza necesaria a su conductor.

Con el techo plegado permiten disfrutar del buen tiempo, incluso del “no tan bueno”, ya que con la calefacción dirigida a los pies y cabeza se puede circular con bastante comodidad. Sólo la posición de los asientos del Mégane, más altos que en el 307, ofrece menor protección al viento. En ambos modelos se ofrece un paravientos opcional que evita los remolinos en el habitáculo, no obstante, también limita las plazas a sólo dos.

Respecto a los precios, si analizamos las diferencias de equipamiento en los dos modelos, podemos apreciar que están más cerca de lo que parecen. Aunque el 307 tiene una tarifa ligeramente superior, cuenta con ESP y arcos de seguridad eyectables entre su dotación de serie, además de la rueda de repuesto convencional, mientras que, en el Mégane, los primeros elementos cuestan más de 1.000 euros y la rueda no se puede instalar, siendo al menos aconsejable la solicitud del kit de reparación.

Como conclusión, podemos afirmar que los dos modelos son aptos para una utilización cotidiana, permitiendo un comportamiento muy dinámico tanto con el techo abierto como cerrrado. Su “coraza” metálica otorga mayor seguridad a la hora de dejarlos aparcados en zonas sin vigilancia y sólo un mayor nivel de ruido se aprecia respecto a los modelos de los cuales derivan.

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