Seat Córdoba Cupra 1.8T / Seat León 1.8 20VT

Bis a bis. Un duelo en el que no hay perdedores. El León es el equilibrio absoluto. El Córdoba busca un cliente más radical. Son el coche del padre y del hijo, pero seguro que cualquiera de ellos admitiría un intercambio en algún momento concreto.
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Seat Córdoba Cupra 1.8T / Seat León 1.8 20VT
Seat Córdoba Cupra 1.8T / Seat León 1.8 20VT

Faltaría el Ibiza, también con la denominación Cupra, para tener el trío más potente y eficaz, hasta la fecha, de deportivos españoles. Pero, dado que respecto a la versión equipada con el mismo motor 1.8 turbo tan sólo varía en lo que a estética se refiere —el Cupra sustituye al acabado Sport—, hemos preferido centrar toda la atención en el Córdoba, que es la primera vez que recibe tan distinguido y sugerente apellido. Aunque es justo recordar que ya la última versión del Córdoba con el extinto motor 2.0 atmosférico de 150 CV sobre la carrocería «antigua» respiraba el mismo espíritu y filosofía que se ha dado a esta nueva variante.

Walter da Silva ha sido el encargado de definir los trazos de todos y cada uno de los aditamentos estéticos que distinguen a las versiones Cupra del Ibiza y Córdoba, desde las llantas específicas de 16 pulgadas, spoilers y faldones, calandra delantera y paragolpes, hasta la decoración interior, con el cuadro principal en fondo blanco y numeración en naranja como detalle característico o el pedalier de aluminio. Lo que se pierde (desafortunadamente) son los dos relojes adicionales que controlaban la presión y temperatura del aceite y que estaban ubicados delante de la palanca de cambios.

Se consigue un aspecto dinámico, agresivo y juvenil sin llegar a sobrecargar en exceso su figura. Pero lo que resulta difícil de ocultar es que el diseño del Córdoba peca ya de unas formas un tanto veteranas, algo que se evidencia más claramente cuando comparamos su carrocería frente a la del más moderno y moldeado León. Esto no le priva de disponer de un habitáculo amplio y bien aprovechado, cuya única laguna en este aspecto es un puesto de conducción algo estrecho. Pese a que la configuración con tres puertas —la única disponible con este motor— dificulta el acceso a las plazas traseras, atrás hay espacio suficiente para acomodar con cierto confort a dos adultos (tres es difícil en cualquier compacto), mientras que los 550 litros de maletero le convierten en uno de los más capaces de la categoría. Eso sí, con una tapa pequeña que no permite el acceso como los portones articulados en el techo.

La carrocería del León es, a excepción de la capacidad del maletero, más amplia y versátil. El interior está mejor rematado y ofrece más espacio para todos los pasajeros. Pero a parte de la mayor o menor habitabilidad de uno u otro modelo, es el León el que cuida mucho mejor al conductor. Gracias a los múltiples reglajes del volante y asiento, podemos acomodarnos de forma inmediata sea cual sea nuestra talla. Los asientos también son más amplios y ofrecen mejor sujeción lateral. Al igual que el Córdoba, ofrece como opción la tapicería de piel, aunque en ninguno de los casos es recomendable; eso sí, el precio es de lo mas atractivo, sobre todo en el Córdoba. Pero, pese a que el Córdoba ha sido renovado al completo recientemente, hay aspectos que denotan claramente la mayor calidad del León, como el accionamiento de los pedales, el cierre y ajuste de las ventanas y puertas, el tacto de algunos mandos o la combinación de los plásticos y tejidos utilizados. Y que conste que esto no es un demérito para el Córdoba, cuyos estándares de calidad se sitúan a la cabeza de la competencia, sino todo un elogio para el León.

Si bien a primera vista da la sensación de que el Córdoba Cupra es un vehículo de corte totalmente radical, una vez que nos ponemos en marcha se aprecia que el lobo no es tal, sino que su talante es fácilmente domesticable y no requiere unas dotes excepcionales al volante. Lo que sí puede llegar a resultar es algo incómodo, pues el tarado de amortiguación elegido resulta duro en exceso y el perfil 45 de los neumáticos convierten cualquier bache que superemos en un castigo para los ocupantes del vehículo. A cambio, todo esto se traduce en factores positivos cuando se trata de aprovechar al máximo las posibilidades de la mecánica.

Las diferencias más significativas en cuanto a bastidor entre el León y el Córdoba hay que buscarlas, más que en eficacia en sí, en calidad de rodadura, bastante superior en el primero de ellos y apreciable desde el primer momento. Si bien la estabilidad lineal cuando circulamos a elevada velocidad es sensiblemente mejor en el León (mayor batalla y ancho de vías), el Córdoba es algo más ágil de reacciones cuando nos adentramos en tramos muy revirados de montaña.

El León reacciona siempre de manera algo más dócil, con deslizamientos más progresivos, mientras que el Córdoba puede ser algo más violento si intencionadamente le provocamos cuando tenemos el vehículo apoyado en plena curva. Pero en ambos casos la facilidad de conducción es la nota dominante. Y más aún puede ser si contamos con la inestimable ayuda del control de estabilidad ESP, de opción en ambos por sólo 85.000 pesetas. No obstante, si practicamos una conducción deportiva con él conectado se pierden parte de las sensaciones que estos dos deportivos son capaces de despertar, sobre todo en el Córdoba, ya que comienza a actuar con demasiada prontitud y deja al vehículo prácticamente parado en mitad de una curva.

En cuanto a aspectos negativos, cabe mencionar la escasa resistencia del equipo de frenos del Córdoba. Se dosifican perfectamente y ofrecen un buen mordiente en las primeras frenadas, pero a poco que hagamos un uso intensivo pierden rápidamente eficacia, lo que obliga a bajar el ritmo de marcha para enfriarlos. Por su parte, los del León, con discos sobredimensionados, aguantan sin problemas el trabajo exigente durante mucho tiempo.

Faltaría el Ibiza, también con la denominación Cupra, para tener el trío más potente y eficaz, hasta la fecha, de deportivos españoles. Pero, dado que respecto a la versión equipada con el mismo motor 1.8 turbo tan sólo varía en lo que a estética se refiere —el Cupra sustituye al acabado Sport—, hemos preferido centrar toda la atención en el Córdoba, que es la primera vez que recibe tan distinguido y sugerente apellido. Aunque es justo recordar que ya la última versión del Córdoba con el extinto motor 2.0 atmosférico de 150 CV sobre la carrocería «antigua» respiraba el mismo espíritu y filosofía que se ha dado a esta nueva variante.

Walter da Silva ha sido el encargado de definir los trazos de todos y cada uno de los aditamentos estéticos que distinguen a las versiones Cupra del Ibiza y Córdoba, desde las llantas específicas de 16 pulgadas, spoilers y faldones, calandra delantera y paragolpes, hasta la decoración interior, con el cuadro principal en fondo blanco y numeración en naranja como detalle característico o el pedalier de aluminio. Lo que se pierde (desafortunadamente) son los dos relojes adicionales que controlaban la presión y temperatura del aceite y que estaban ubicados delante de la palanca de cambios.

Se consigue un aspecto dinámico, agresivo y juvenil sin llegar a sobrecargar en exceso su figura. Pero lo que resulta difícil de ocultar es que el diseño del Córdoba peca ya de unas formas un tanto veteranas, algo que se evidencia más claramente cuando comparamos su carrocería frente a la del más moderno y moldeado León. Esto no le priva de disponer de un habitáculo amplio y bien aprovechado, cuya única laguna en este aspecto es un puesto de conducción algo estrecho. Pese a que la configuración con tres puertas —la única disponible con este motor— dificulta el acceso a las plazas traseras, atrás hay espacio suficiente para acomodar con cierto confort a dos adultos (tres es difícil en cualquier compacto), mientras que los 550 litros de maletero le convierten en uno de los más capaces de la categoría. Eso sí, con una tapa pequeña que no permite el acceso como los portones articulados en el techo.

La carrocería del León es, a excepción de la capacidad del maletero, más amplia y versátil. El interior está mejor rematado y ofrece más espacio para todos los pasajeros. Pero a parte de la mayor o menor habitabilidad de uno u otro modelo, es el León el que cuida mucho mejor al conductor. Gracias a los múltiples reglajes del volante y asiento, podemos acomodarnos de forma inmediata sea cual sea nuestra talla. Los asientos también son más amplios y ofrecen mejor sujeción lateral. Al igual que el Córdoba, ofrece como opción la tapicería de piel, aunque en ninguno de los casos es recomendable; eso sí, el precio es de lo mas atractivo, sobre todo en el Córdoba. Pero, pese a que el Córdoba ha sido renovado al completo recientemente, hay aspectos que denotan claramente la mayor calidad del León, como el accionamiento de los pedales, el cierre y ajuste de las ventanas y puertas, el tacto de algunos mandos o la combinación de los plásticos y tejidos utilizados. Y que conste que esto no es un demérito para el Córdoba, cuyos estándares de calidad se sitúan a la cabeza de la competencia, sino todo un elogio para el León.

Si bien a primera vista da la sensación de que el Córdoba Cupra es un vehículo de corte totalmente radical, una vez que nos ponemos en marcha se aprecia que el lobo no es tal, sino que su talante es fácilmente domesticable y no requiere unas dotes excepcionales al volante. Lo que sí puede llegar a resultar es algo incómodo, pues el tarado de amortiguación elegido resulta duro en exceso y el perfil 45 de los neumáticos convierten cualquier bache que superemos en un castigo para los ocupantes del vehículo. A cambio, todo esto se traduce en factores positivos cuando se trata de aprovechar al máximo las posibilidades de la mecánica.

Las diferencias más significativas en cuanto a bastidor entre el León y el Córdoba hay que buscarlas, más que en eficacia en sí, en calidad de rodadura, bastante superior en el primero de ellos y apreciable desde el primer momento. Si bien la estabilidad lineal cuando circulamos a elevada velocidad es sensiblemente mejor en el León (mayor batalla y ancho de vías), el Córdoba es algo más ágil de reacciones cuando nos adentramos en tramos muy revirados de montaña.

El León reacciona siempre de manera algo más dócil, con deslizamientos más progresivos, mientras que el Córdoba puede ser algo más violento si intencionadamente le provocamos cuando tenemos el vehículo apoyado en plena curva. Pero en ambos casos la facilidad de conducción es la nota dominante. Y más aún puede ser si contamos con la inestimable ayuda del control de estabilidad ESP, de opción en ambos por sólo 85.000 pesetas. No obstante, si practicamos una conducción deportiva con él conectado se pierden parte de las sensaciones que estos dos deportivos son capaces de despertar, sobre todo en el Córdoba, ya que comienza a actuar con demasiada prontitud y deja al vehículo prácticamente parado en mitad de una curva.

En cuanto a aspectos negativos, cabe mencionar la escasa resistencia del equipo de frenos del Córdoba. Se dosifican perfectamente y ofrecen un buen mordiente en las primeras frenadas, pero a poco que hagamos un uso intensivo pierden rápidamente eficacia, lo que obliga a bajar el ritmo de marcha para enfriarlos. Por su parte, los del León, con discos sobredimensionados, aguantan sin problemas el trabajo exigente durante mucho tiempo.

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