Citroën C3 / Ford Fiesta / Peugeot 206 / Seat Ibiza

En muy poco tiempo el segmento inferior del mercado ha experimentando una profunda y atractiva revolución. Se ofrecen nuevos modelos que, a su decidida modernidad, añaden también originalidad y sobre todo nuevas y más señaladas ambiciones.
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Citroën C3  / Ford Fiesta  / Peugeot 206  / Seat Ibiza
Citroën C3 / Ford Fiesta / Peugeot 206 / Seat Ibiza

Lo que más destaca en estas nuevas generaciones de utilitarios es precisamente que lo son menos. Son más grandes, lo que tiene muchas ventajas y muy pocos inconvenientes, pero, sobre todo, resultan bastante caros. No tenemos más que comparar con sus hermanos mayores: Citroën Xsara, Ford Focus o Seat León para darnos cuenta de las escasas diferencias que, en general, existen entre ellos, con cruces muy significativos.

El Peugeot 206 resulta al final caro si lo equipamos —juega la baza de darnos un equipamiento básico y luego ofrecernos opcionales, lo que creemos muy acertado— y si lo comparamos con el 307 existen diferencias porque el compacto tampoco es precisamente barato.

Hemos realizado un interesante ejercicio, igualando equipamientos, eligiendo elementos que consideramos básicos. Unidades con cuatro airbags, aire, ABS, faros antiniebla, llantas y pintura metalizada salen por 14.985 euros en Citroën C3 —debemos tener en cuenta que tiene ya un descuento de 1.200 euros no incluido en esta cifra—, el Ford Fiesta cuesta 14.040, el Peugeot sube hasta 15.010 mientras que el Seat Ibiza se queda en 14.263 euros.

Las nuevas generaciones, o mejor dicho este crecimiento se nota bastante en el interior ya que se ha mejorado la habitabilidad de una forma muy notable, sobre todo en el Ibiza y Fiesta y en menor medida en el C3, que peca de plazas posteriores escasas. El Peugeot 206 a pesar de su tiempo en el mercado y de que no supera como el Ibiza y el Fiesta los 3,9 metros mantiene su estilo atractivo, pero tampoco puede presumir de espacio interior. Su estilo convencional le convierte en un vehículo menos luminoso que el C3 que tiene en su especial línea una de sus mejores bazas porque supera a todos sus rivales por facilidad de acceso y por una practicidad a toda prueba.

El Fiesta está muy bien presentado, aunque los asientos, y sobre todo la banqueta posterior, no son cómodos. Esta última es demasiado dura y plana. Lo más criticable, sin duda, la falta de apoyo para el pie izquierdo y la postura de conducción, lo que la ausencia de regulación en profundidad del volante no contribuye a mejorar. El C3 es quizás menos aparente por los asientos, pero es bastante cómodo y, como hemos comentado, muy práctico para colocar todo lo que llevemos encima.

El Peugeot queda en este aspecto en un buen término medio, pero más cerca del Fiesta que del Citroën. El acabado XT además tiene unos asientos bastante conseguidos y a pesar de no llevar tampoco regulación en profundidad del volante, la postura de conducción ideal se consigue sin problemas.

Por último el Ibiza Stella tiene, a pesar de tratarse del acabado básico, una buena presencia. Los asientos son buenos, cómodos y —lo mismo que el resto del interior—, dan sensación de calidad. Sólo criticar el plástico elegido para tapizar la zona superior del salpicadero. La postura de conducción se consigue sin excesivos problemas.

Estas cuatro versiones Diesel básicas por motorización tienen todas ellas, con sus peculiaridades y diferencias, una economía de utilización digna de tener en cuenta, aunque no compensan por su especial filosofía más ciudadana que rutera, el sobreprecio que debe pagarse. El nuevo C3 debería afinar aún más el precio, aunque con descuentos es el más barato, pero su practicidad y estética atractiva le deben convertir si no en un coche de moda, sí en una opción apetecible.

El Fiesta es más clásico y convencional con indudables dotes dinámicas y un atractivo interior que para un coche de su segmento, eleva notablemente su caché. Como el C3 nos parece un coche caro. El Peugeot muestra todavía a todos los niveles una actualidad sorprendente, fruto de un diseño que se adelantó a su tiempo, pero debería mejorar el interior, sobre todo en espacio disponible y la relación precio-dotación. Por último el Ibiza se muestra coherente en todos los sentidos menos en el económico, y creemos que se convertirá en la referencia del segmento, eso sí, animado por otros propulsores que le permitan un mayor rango de utilización, ahora circunscrita prácticamente a las ciudades y sus alrededores más próximos.

Lo que más destaca en estas nuevas generaciones de utilitarios es precisamente que lo son menos. Son más grandes, lo que tiene muchas ventajas y muy pocos inconvenientes, pero, sobre todo, resultan bastante caros. No tenemos más que comparar con sus hermanos mayores: Citroën Xsara, Ford Focus o Seat León para darnos cuenta de las escasas diferencias que, en general, existen entre ellos, con cruces muy significativos.

El Peugeot 206 resulta al final caro si lo equipamos —juega la baza de darnos un equipamiento básico y luego ofrecernos opcionales, lo que creemos muy acertado— y si lo comparamos con el 307 existen diferencias porque el compacto tampoco es precisamente barato.

Hemos realizado un interesante ejercicio, igualando equipamientos, eligiendo elementos que consideramos básicos. Unidades con cuatro airbags, aire, ABS, faros antiniebla, llantas y pintura metalizada salen por 14.985 euros en Citroën C3 —debemos tener en cuenta que tiene ya un descuento de 1.200 euros no incluido en esta cifra—, el Ford Fiesta cuesta 14.040, el Peugeot sube hasta 15.010 mientras que el Seat Ibiza se queda en 14.263 euros.

Las nuevas generaciones, o mejor dicho este crecimiento se nota bastante en el interior ya que se ha mejorado la habitabilidad de una forma muy notable, sobre todo en el Ibiza y Fiesta y en menor medida en el C3, que peca de plazas posteriores escasas. El Peugeot 206 a pesar de su tiempo en el mercado y de que no supera como el Ibiza y el Fiesta los 3,9 metros mantiene su estilo atractivo, pero tampoco puede presumir de espacio interior. Su estilo convencional le convierte en un vehículo menos luminoso que el C3 que tiene en su especial línea una de sus mejores bazas porque supera a todos sus rivales por facilidad de acceso y por una practicidad a toda prueba.

El Fiesta está muy bien presentado, aunque los asientos, y sobre todo la banqueta posterior, no son cómodos. Esta última es demasiado dura y plana. Lo más criticable, sin duda, la falta de apoyo para el pie izquierdo y la postura de conducción, lo que la ausencia de regulación en profundidad del volante no contribuye a mejorar. El C3 es quizás menos aparente por los asientos, pero es bastante cómodo y, como hemos comentado, muy práctico para colocar todo lo que llevemos encima.

El Peugeot queda en este aspecto en un buen término medio, pero más cerca del Fiesta que del Citroën. El acabado XT además tiene unos asientos bastante conseguidos y a pesar de no llevar tampoco regulación en profundidad del volante, la postura de conducción ideal se consigue sin problemas.

Por último el Ibiza Stella tiene, a pesar de tratarse del acabado básico, una buena presencia. Los asientos son buenos, cómodos y —lo mismo que el resto del interior—, dan sensación de calidad. Sólo criticar el plástico elegido para tapizar la zona superior del salpicadero. La postura de conducción se consigue sin excesivos problemas.

Estas cuatro versiones Diesel básicas por motorización tienen todas ellas, con sus peculiaridades y diferencias, una economía de utilización digna de tener en cuenta, aunque no compensan por su especial filosofía más ciudadana que rutera, el sobreprecio que debe pagarse. El nuevo C3 debería afinar aún más el precio, aunque con descuentos es el más barato, pero su practicidad y estética atractiva le deben convertir si no en un coche de moda, sí en una opción apetecible.

El Fiesta es más clásico y convencional con indudables dotes dinámicas y un atractivo interior que para un coche de su segmento, eleva notablemente su caché. Como el C3 nos parece un coche caro. El Peugeot muestra todavía a todos los niveles una actualidad sorprendente, fruto de un diseño que se adelantó a su tiempo, pero debería mejorar el interior, sobre todo en espacio disponible y la relación precio-dotación. Por último el Ibiza se muestra coherente en todos los sentidos menos en el económico, y creemos que se convertirá en la referencia del segmento, eso sí, animado por otros propulsores que le permitan un mayor rango de utilización, ahora circunscrita prácticamente a las ciudades y sus alrededores más próximos.

Lo que más destaca en estas nuevas generaciones de utilitarios es precisamente que lo son menos. Son más grandes, lo que tiene muchas ventajas y muy pocos inconvenientes, pero, sobre todo, resultan bastante caros. No tenemos más que comparar con sus hermanos mayores: Citroën Xsara, Ford Focus o Seat León para darnos cuenta de las escasas diferencias que, en general, existen entre ellos, con cruces muy significativos.

El Peugeot 206 resulta al final caro si lo equipamos —juega la baza de darnos un equipamiento básico y luego ofrecernos opcionales, lo que creemos muy acertado— y si lo comparamos con el 307 existen diferencias porque el compacto tampoco es precisamente barato.

Hemos realizado un interesante ejercicio, igualando equipamientos, eligiendo elementos que consideramos básicos. Unidades con cuatro airbags, aire, ABS, faros antiniebla, llantas y pintura metalizada salen por 14.985 euros en Citroën C3 —debemos tener en cuenta que tiene ya un descuento de 1.200 euros no incluido en esta cifra—, el Ford Fiesta cuesta 14.040, el Peugeot sube hasta 15.010 mientras que el Seat Ibiza se queda en 14.263 euros.

Las nuevas generaciones, o mejor dicho este crecimiento se nota bastante en el interior ya que se ha mejorado la habitabilidad de una forma muy notable, sobre todo en el Ibiza y Fiesta y en menor medida en el C3, que peca de plazas posteriores escasas. El Peugeot 206 a pesar de su tiempo en el mercado y de que no supera como el Ibiza y el Fiesta los 3,9 metros mantiene su estilo atractivo, pero tampoco puede presumir de espacio interior. Su estilo convencional le convierte en un vehículo menos luminoso que el C3 que tiene en su especial línea una de sus mejores bazas porque supera a todos sus rivales por facilidad de acceso y por una practicidad a toda prueba.

El Fiesta está muy bien presentado, aunque los asientos, y sobre todo la banqueta posterior, no son cómodos. Esta última es demasiado dura y plana. Lo más criticable, sin duda, la falta de apoyo para el pie izquierdo y la postura de conducción, lo que la ausencia de regulación en profundidad del volante no contribuye a mejorar. El C3 es quizás menos aparente por los asientos, pero es bastante cómodo y, como hemos comentado, muy práctico para colocar todo lo que llevemos encima.

El Peugeot queda en este aspecto en un buen término medio, pero más cerca del Fiesta que del Citroën. El acabado XT además tiene unos asientos bastante conseguidos y a pesar de no llevar tampoco regulación en profundidad del volante, la postura de conducción ideal se consigue sin problemas.

Por último el Ibiza Stella tiene, a pesar de tratarse del acabado básico, una buena presencia. Los asientos son buenos, cómodos y —lo mismo que el resto del interior—, dan sensación de calidad. Sólo criticar el plástico elegido para tapizar la zona superior del salpicadero. La postura de conducción se consigue sin excesivos problemas.

Estas cuatro versiones Diesel básicas por motorización tienen todas ellas, con sus peculiaridades y diferencias, una economía de utilización digna de tener en cuenta, aunque no compensan por su especial filosofía más ciudadana que rutera, el sobreprecio que debe pagarse. El nuevo C3 debería afinar aún más el precio, aunque con descuentos es el más barato, pero su practicidad y estética atractiva le deben convertir si no en un coche de moda, sí en una opción apetecible.

El Fiesta es más clásico y convencional con indudables dotes dinámicas y un atractivo interior que para un coche de su segmento, eleva notablemente su caché. Como el C3 nos parece un coche caro. El Peugeot muestra todavía a todos los niveles una actualidad sorprendente, fruto de un diseño que se adelantó a su tiempo, pero debería mejorar el interior, sobre todo en espacio disponible y la relación precio-dotación. Por último el Ibiza se muestra coherente en todos los sentidos menos en el económico, y creemos que se convertirá en la referencia del segmento, eso sí, animado por otros propulsores que le permitan un mayor rango de utilización, ahora circunscrita prácticamente a las ciudades y sus alrededores más próximos.

Lo que más destaca en estas nuevas generaciones de utilitarios es precisamente que lo son menos. Son más grandes, lo que tiene muchas ventajas y muy pocos inconvenientes, pero, sobre todo, resultan bastante caros. No tenemos más que comparar con sus hermanos mayores: Citroën Xsara, Ford Focus o Seat León para darnos cuenta de las escasas diferencias que, en general, existen entre ellos, con cruces muy significativos.

El Peugeot 206 resulta al final caro si lo equipamos —juega la baza de darnos un equipamiento básico y luego ofrecernos opcionales, lo que creemos muy acertado— y si lo comparamos con el 307 existen diferencias porque el compacto tampoco es precisamente barato.

Hemos realizado un interesante ejercicio, igualando equipamientos, eligiendo elementos que consideramos básicos. Unidades con cuatro airbags, aire, ABS, faros antiniebla, llantas y pintura metalizada salen por 14.985 euros en Citroën C3 —debemos tener en cuenta que tiene ya un descuento de 1.200 euros no incluido en esta cifra—, el Ford Fiesta cuesta 14.040, el Peugeot sube hasta 15.010 mientras que el Seat Ibiza se queda en 14.263 euros.

Las nuevas generaciones, o mejor dicho este crecimiento se nota bastante en el interior ya que se ha mejorado la habitabilidad de una forma muy notable, sobre todo en el Ibiza y Fiesta y en menor medida en el C3, que peca de plazas posteriores escasas. El Peugeot 206 a pesar de su tiempo en el mercado y de que no supera como el Ibiza y el Fiesta los 3,9 metros mantiene su estilo atractivo, pero tampoco puede presumir de espacio interior. Su estilo convencional le convierte en un vehículo menos luminoso que el C3 que tiene en su especial línea una de sus mejores bazas porque supera a todos sus rivales por facilidad de acceso y por una practicidad a toda prueba.

El Fiesta está muy bien presentado, aunque los asientos, y sobre todo la banqueta posterior, no son cómodos. Esta última es demasiado dura y plana. Lo más criticable, sin duda, la falta de apoyo para el pie izquierdo y la postura de conducción, lo que la ausencia de regulación en profundidad del volante no contribuye a mejorar. El C3 es quizás menos aparente por los asientos, pero es bastante cómodo y, como hemos comentado, muy práctico para colocar todo lo que llevemos encima.

El Peugeot queda en este aspecto en un buen término medio, pero más cerca del Fiesta que del Citroën. El acabado XT además tiene unos asientos bastante conseguidos y a pesar de no llevar tampoco regulación en profundidad del volante, la postura de conducción ideal se consigue sin problemas.

Por último el Ibiza Stella tiene, a pesar de tratarse del acabado básico, una buena presencia. Los asientos son buenos, cómodos y —lo mismo que el resto del interior—, dan sensación de calidad. Sólo criticar el plástico elegido para tapizar la zona superior del salpicadero. La postura de conducción se consigue sin excesivos problemas.

Estas cuatro versiones Diesel básicas por motorización tienen todas ellas, con sus peculiaridades y diferencias, una economía de utilización digna de tener en cuenta, aunque no compensan por su especial filosofía más ciudadana que rutera, el sobreprecio que debe pagarse. El nuevo C3 debería afinar aún más el precio, aunque con descuentos es el más barato, pero su practicidad y estética atractiva le deben convertir si no en un coche de moda, sí en una opción apetecible.

El Fiesta es más clásico y convencional con indudables dotes dinámicas y un atractivo interior que para un coche de su segmento, eleva notablemente su caché. Como el C3 nos parece un coche caro. El Peugeot muestra todavía a todos los niveles una actualidad sorprendente, fruto de un diseño que se adelantó a su tiempo, pero debería mejorar el interior, sobre todo en espacio disponible y la relación precio-dotación. Por último el Ibiza se muestra coherente en todos los sentidos menos en el económico, y creemos que se convertirá en la referencia del segmento, eso sí, animado por otros propulsores que le permitan un mayor rango de utilización, ahora circunscrita prácticamente a las ciudades y sus alrededores más próximos.

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