Hyundai Atos 1.0 Prime GLS / Opel Agila 1.0

La carrocería monovolumen de la que hacen gala estos vehículos permite una correcta accesibilidad a su interior, sus recortadas dimensiones les autorizan a moverse con soltura en el tráfico urbano, pero sus prestaciones los limitan a un uso, casi exclusivo, para la ciudad.
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Hyundai Atos 1.0 Prime GLS / Opel Agila 1.0
Hyundai Atos 1.0 Prime GLS / Opel Agila 1.0

Tanto el Hyundai Atos Prime (versión europea del Kia Visto) como el Opel Agila (que no es otra cosa que un clon del Suzuki Wagon R+) nacieron en sus respectivos mercados como vehículos destinados principalmente al transporte público, es decir, auténticos taxis, con lo que su estética exterior y su interior están pensados para ofrecer una serie de ventajas sobre un automóvil convencional, buscando un "estilo" similar al de los taxis ingleses. Por ello, el acceso a su interior, la colocación de los asientos y la posición, tanto al volante como en el resto de las plazas, resulta sumamente fácil y cómoda. Y éste es, precisamente, uno de sus puntos más destacados, aunque, curiosamente, el que está homologado para más plazas es el que menos espacio ofrece para sus ocupantes. Y es que el Agila sólo puede ser ocupado por cuatro pasajeros, mientras que el Atos permite, al menos de forma oficial, llevar tres pasajeros en las plazas traseras; pero los 14 cm delante y 11 cm detrás de más que tiene el Agila le confirma en la primera posición en el apartado de habitabilidad. Algo que también se repite cuando medimos el espacio trasero para las piernas, donde el Agila se vuelve a imponer por nada menos que 9 cm detrás del asiento del conductor y una mayor altura, aunque, en esta última medición, ambos van más que sobrados. La capacidad del maletero no es excesiva en ninguno de ellos, pero permite alojar en su interior un volumen de carga aceptable para un vehículo de estas dimensiones y filosofía.

En ambos modelos se cuenta con un motor de baja cilindrada, con cuatro cilindros y tres válvulas para cada uno de ellos en el Atos y justamente al contrario en el caso del Agila, es decir, tres cilindros y cuatro válvulas por cilindro. Si bien ambas mecánicas estiran hasta pasar la zona de las 6.000 rpm, lo cierto es que subir por encima de las 5.000 resulta algo complicado y poco recomendable, ya que en este régimen es cuando empieza a decaer la entrega de par. Los consumos no son altos, aunque no se pueden calificar como contenidos, ya que rondar los 7,6 litros cada 100 km del Atos y los 8 litros del Agila en el recorrido de ciudad no es precisamente una cifra destacada.

Si en el concepto de utilidad y comodidad de uso tienen su mayor ventaja, en el apartado de las prestaciones es donde peor parados salen ambos modelos. Aunque bien es cierto que no se puede esperar mucho de un motor que cuenta con un litro de cilindrada, pocos caballos de potencia y una cifra de par bastante baja, no por ello hay que dejar pasar por alto unas prestaciones que, en algunas mediciones, resultan verdaderamente decepcionantes, sobre todo en el Agila.

Mientras que las aceleraciones se pueden calificar como "normales" dentro de lo que puede dar de sí un motor de esta cilindrada, las recuperaciones son malas, tanto en cuarta como en quinta velocidad, y verdaderamente catastróficas en lo que se refiere a la medición de 80 a 120 km/h, a pesar de que en ambos casos se recurre a la implantación de unos desarrollos finales del cambio más bien cortos. Y es que realmente pocos son los modelos que necesitan casi un minuto de tiempo, como es el caso del Agila, para pasar de 80 a 120 km/h en quinta velocidad. Y todo esto sin poner en funcionamiento el aire acondicionado, y con conductor únicamente a bordo; mejor no pensar que pasará con el coche a plena capacidad de pasajeros y algo de equipaje. Pero, para hacernos una idea bastante clara de lo que significan esta cantidad de segundos, y hablando como lo hacen muchas de nuestras autoridades competentes en materia de tráfico, para pasar de 80 a 120 km/h en el Atos se recorrerían, aproximadamente, 9,5 campos de fútbol y ¡¡¡14!!! en el caso del Agila. Sin comentarios.

Al margen de lo que dicen las frías cifras de nuestra "quinta rueda", lo cierto es que con el Agila hay ciertas maniobras que hay que realizar con mucha cautela. Las incorporaciones a una vía rápida, una salida de un stop, un adelantamiento… todas estas operaciones, que, además, son de las más peligrosas de todas las que se realizan en la circulación, hay que hacerlas con muchísima precaución, ya que el motor del Agila no responde con rapidez a una demanda de potencia. El Atos no se queda atrás en estas circunstancias, aunque su motor proporciona una mayor aceleración, pero también hay que realizar todo este tipo de maniobras con un más que elevado margen de tiempo. Además, a ello hay que sumar la poca rapidez que tiene el mando del cambio, con un tacto más bien rasposo y unos largos recorridos de palanca. El conjunto de todos estos "inconvenientes" hace que su uso se deba casi limitar únicamente al ambiente urbano y, en caso de salir a carretera hacerlo sabiendo perfectamente cuáles son sus limitaciones reales.

Tanto el Hyundai Atos Prime (versión europea del Kia Visto) como el Opel Agila (que no es otra cosa que un clon del Suzuki Wagon R+) nacieron en sus respectivos mercados como vehículos destinados principalmente al transporte público, es decir, auténticos taxis, con lo que su estética exterior y su interior están pensados para ofrecer una serie de ventajas sobre un automóvil convencional, buscando un "estilo" similar al de los taxis ingleses. Por ello, el acceso a su interior, la colocación de los asientos y la posición, tanto al volante como en el resto de las plazas, resulta sumamente fácil y cómoda. Y éste es, precisamente, uno de sus puntos más destacados, aunque, curiosamente, el que está homologado para más plazas es el que menos espacio ofrece para sus ocupantes. Y es que el Agila sólo puede ser ocupado por cuatro pasajeros, mientras que el Atos permite, al menos de forma oficial, llevar tres pasajeros en las plazas traseras; pero los 14 cm delante y 11 cm detrás de más que tiene el Agila le confirma en la primera posición en el apartado de habitabilidad. Algo que también se repite cuando medimos el espacio trasero para las piernas, donde el Agila se vuelve a imponer por nada menos que 9 cm detrás del asiento del conductor y una mayor altura, aunque, en esta última medición, ambos van más que sobrados. La capacidad del maletero no es excesiva en ninguno de ellos, pero permite alojar en su interior un volumen de carga aceptable para un vehículo de estas dimensiones y filosofía.

En ambos modelos se cuenta con un motor de baja cilindrada, con cuatro cilindros y tres válvulas para cada uno de ellos en el Atos y justamente al contrario en el caso del Agila, es decir, tres cilindros y cuatro válvulas por cilindro. Si bien ambas mecánicas estiran hasta pasar la zona de las 6.000 rpm, lo cierto es que subir por encima de las 5.000 resulta algo complicado y poco recomendable, ya que en este régimen es cuando empieza a decaer la entrega de par. Los consumos no son altos, aunque no se pueden calificar como contenidos, ya que rondar los 7,6 litros cada 100 km del Atos y los 8 litros del Agila en el recorrido de ciudad no es precisamente una cifra destacada.

Si en el concepto de utilidad y comodidad de uso tienen su mayor ventaja, en el apartado de las prestaciones es donde peor parados salen ambos modelos. Aunque bien es cierto que no se puede esperar mucho de un motor que cuenta con un litro de cilindrada, pocos caballos de potencia y una cifra de par bastante baja, no por ello hay que dejar pasar por alto unas prestaciones que, en algunas mediciones, resultan verdaderamente decepcionantes, sobre todo en el Agila.

Mientras que las aceleraciones se pueden calificar como "normales" dentro de lo que puede dar de sí un motor de esta cilindrada, las recuperaciones son malas, tanto en cuarta como en quinta velocidad, y verdaderamente catastróficas en lo que se refiere a la medición de 80 a 120 km/h, a pesar de que en ambos casos se recurre a la implantación de unos desarrollos finales del cambio más bien cortos. Y es que realmente pocos son los modelos que necesitan casi un minuto de tiempo, como es el caso del Agila, para pasar de 80 a 120 km/h en quinta velocidad. Y todo esto sin poner en funcionamiento el aire acondicionado, y con conductor únicamente a bordo; mejor no pensar que pasará con el coche a plena capacidad de pasajeros y algo de equipaje. Pero, para hacernos una idea bastante clara de lo que significan esta cantidad de segundos, y hablando como lo hacen muchas de nuestras autoridades competentes en materia de tráfico, para pasar de 80 a 120 km/h en el Atos se recorrerían, aproximadamente, 9,5 campos de fútbol y ¡¡¡14!!! en el caso del Agila. Sin comentarios.

Al margen de lo que dicen las frías cifras de nuestra "quinta rueda", lo cierto es que con el Agila hay ciertas maniobras que hay que realizar con mucha cautela. Las incorporaciones a una vía rápida, una salida de un stop, un adelantamiento… todas estas operaciones, que, además, son de las más peligrosas de todas las que se realizan en la circulación, hay que hacerlas con muchísima precaución, ya que el motor del Agila no responde con rapidez a una demanda de potencia. El Atos no se queda atrás en estas circunstancias, aunque su motor proporciona una mayor aceleración, pero también hay que realizar todo este tipo de maniobras con un más que elevado margen de tiempo. Además, a ello hay que sumar la poca rapidez que tiene el mando del cambio, con un tacto más bien rasposo y unos largos recorridos de palanca. El conjunto de todos estos "inconvenientes" hace que su uso se deba casi limitar únicamente al ambiente urbano y, en caso de salir a carretera hacerlo sabiendo perfectamente cuáles son sus limitaciones reales.

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