Comparativa: Citroën Evasión 2.0 HDI SX / Chrysler Grand Voyager 2.5 TD SE / Renault Grand Espace 2.2 dCI / Seat Alhambra 1.9 TDi Signa

Siete plazas, una gran capacidad interior, confort de marcha y mecánicas Diesel conforman los aspectos comunes de nuestros protagonistas,lo que los convierte en excelentes compañeros de viaje para largos recorridos, sin que ello represente un obstáculo insalvable a la hora de servir como vehículo de uso diario.
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Comparativa: Citroën Evasión 2.0 HDI SX / Chrysler Grand Voyager 2.5 TD SE / Renault Grand Espace 2.2 dCI / Seat Alhambra 1.9 TDi Signa
Comparativa: Citroën Evasión 2.0 HDI SX / Chrysler Grand Voyager 2.5 TD SE / Renault Grand Espace 2.2 dCI / Seat Alhambra 1.9 TDi Signa

Dado que la configuración básica de los vehículos de esta categoría responde a un concepto muy delimitado, apenas se producen aportaciones espectaculares en los nuevos modelos respecto de los pioneros y son en la mayoría de los casos mejoras de puro matiz. En el caso que nos ocupa, Renault, el pionero por excelencia con su Espace, muestra una serie de modificaciones cuyos resultados más llamativos están en la nueva mecánica dCI de 2.2 litros que eleva la potencia hasta 130 CV. En el otro extremo de la balanza está el Chrysler Voyager, que, avalado por los más de ocho millones de unidades vendidas desde su aparición, muestra la configuración más tradicional y una mecánica francamente veterana que, a pesar de sus 115 CV, se ve penalizado en el apartado de prestaciones, lo cual no le ha impedido liderar la categoría hasta la aparición de los pequeños monovolumen entre los que el Scenic ha resultados ser su mayor rival y se ha permitido superarle gracias a su precio más competitivo.

Para la ocasión hemos intentado reunir a los cuatro modelos más significativos y con las mecánicas de mayor éxito que, como no podría ser de otra forma, son Diesel. El nuevo motor del Renault no sólo destaca por su cifra nominal de potencia, la suavidad de respuesta y sobre todo el refinamiento del que hace gala a lo largo de toda la gama de utilización ponen de manifiesto, la evolución experimentada por este tipo de motores. La afinada electrónica y el turbo de geometría variable consiguen que la sensación percibida por el conductor se parezca mucho a la de un buen motor atmosférico, no notándose en ningún momento la intervención del turbo. Esta particularidad hace que parezca que el coche anda menos de lo que en realidad lo hace. Basta con echar un vistazo a las cifras de prestaciones para comprobar como el Grand Espace se erige como el absoluto dominador en el apartado dinámico. Tras él, se sitúa el Seat Alhambra, cuya caja de cambios de seis marchas no le sirve para enjugar la diferencia de rendimiento con el Renault, aunque la larga sexta le permite disponer de unas cifras de consumo ligeramente más ajustadas ofreciendo, además, el consumo medio más bajo de los cuatro. Muy cerca del Alhambra se sitúa el Citroën Evasión cuyas cifras son prácticamente equivalentes a las del Seat y con una cifra de potencia menor se permite el lujo de superar en algunas mediciones, tanto de prestaciones, como de consumos al Alhambra, lo que dice mucho en favor del rendimiento de su mecánica HDI.

La desventaja frente a sus rivales del Grand Voyager en cuanto a mecánica -sigue manteniendo el motor de inyección indirecta de 2,5 litros- y penalizado por unas dimensiones y peso mayores que las de sus homólogos dejan un tanto en evidencia sus resultados en el apartado dinámico que, no obstante, gracias a los 115 CV de potencia se mantienen en unos márgenes más que honestos. Los consumos tampoco son su fuerte y evidentemente no puede competir en este apartado con ninguno de los motores de inyección directa que equipan sus rivales.

Dado que la configuración básica de los vehículos de esta categoría responde a un concepto muy delimitado, apenas se producen aportaciones espectaculares en los nuevos modelos respecto de los pioneros y son en la mayoría de los casos mejoras de puro matiz. En el caso que nos ocupa, Renault, el pionero por excelencia con su Espace, muestra una serie de modificaciones cuyos resultados más llamativos están en la nueva mecánica dCI de 2.2 litros que eleva la potencia hasta 130 CV. En el otro extremo de la balanza está el Chrysler Voyager, que, avalado por los más de ocho millones de unidades vendidas desde su aparición, muestra la configuración más tradicional y una mecánica francamente veterana que, a pesar de sus 115 CV, se ve penalizado en el apartado de prestaciones, lo cual no le ha impedido liderar la categoría hasta la aparición de los pequeños monovolumen entre los que el Scenic ha resultados ser su mayor rival y se ha permitido superarle gracias a su precio más competitivo.

Para la ocasión hemos intentado reunir a los cuatro modelos más significativos y con las mecánicas de mayor éxito que, como no podría ser de otra forma, son Diesel. El nuevo motor del Renault no sólo destaca por su cifra nominal de potencia, la suavidad de respuesta y sobre todo el refinamiento del que hace gala a lo largo de toda la gama de utilización ponen de manifiesto, la evolución experimentada por este tipo de motores. La afinada electrónica y el turbo de geometría variable consiguen que la sensación percibida por el conductor se parezca mucho a la de un buen motor atmosférico, no notándose en ningún momento la intervención del turbo. Esta particularidad hace que parezca que el coche anda menos de lo que en realidad lo hace. Basta con echar un vistazo a las cifras de prestaciones para comprobar como el Grand Espace se erige como el absoluto dominador en el apartado dinámico. Tras él, se sitúa el Seat Alhambra, cuya caja de cambios de seis marchas no le sirve para enjugar la diferencia de rendimiento con el Renault, aunque la larga sexta le permite disponer de unas cifras de consumo ligeramente más ajustadas ofreciendo, además, el consumo medio más bajo de los cuatro. Muy cerca del Alhambra se sitúa el Citroën Evasión cuyas cifras son prácticamente equivalentes a las del Seat y con una cifra de potencia menor se permite el lujo de superar en algunas mediciones, tanto de prestaciones, como de consumos al Alhambra, lo que dice mucho en favor del rendimiento de su mecánica HDI.

La desventaja frente a sus rivales del Grand Voyager en cuanto a mecánica -sigue manteniendo el motor de inyección indirecta de 2,5 litros- y penalizado por unas dimensiones y peso mayores que las de sus homólogos dejan un tanto en evidencia sus resultados en el apartado dinámico que, no obstante, gracias a los 115 CV de potencia se mantienen en unos márgenes más que honestos. Los consumos tampoco son su fuerte y evidentemente no puede competir en este apartado con ninguno de los motores de inyección directa que equipan sus rivales.

Dado que la configuración básica de los vehículos de esta categoría responde a un concepto muy delimitado, apenas se producen aportaciones espectaculares en los nuevos modelos respecto de los pioneros y son en la mayoría de los casos mejoras de puro matiz. En el caso que nos ocupa, Renault, el pionero por excelencia con su Espace, muestra una serie de modificaciones cuyos resultados más llamativos están en la nueva mecánica dCI de 2.2 litros que eleva la potencia hasta 130 CV. En el otro extremo de la balanza está el Chrysler Voyager, que, avalado por los más de ocho millones de unidades vendidas desde su aparición, muestra la configuración más tradicional y una mecánica francamente veterana que, a pesar de sus 115 CV, se ve penalizado en el apartado de prestaciones, lo cual no le ha impedido liderar la categoría hasta la aparición de los pequeños monovolumen entre los que el Scenic ha resultados ser su mayor rival y se ha permitido superarle gracias a su precio más competitivo.

Para la ocasión hemos intentado reunir a los cuatro modelos más significativos y con las mecánicas de mayor éxito que, como no podría ser de otra forma, son Diesel. El nuevo motor del Renault no sólo destaca por su cifra nominal de potencia, la suavidad de respuesta y sobre todo el refinamiento del que hace gala a lo largo de toda la gama de utilización ponen de manifiesto, la evolución experimentada por este tipo de motores. La afinada electrónica y el turbo de geometría variable consiguen que la sensación percibida por el conductor se parezca mucho a la de un buen motor atmosférico, no notándose en ningún momento la intervención del turbo. Esta particularidad hace que parezca que el coche anda menos de lo que en realidad lo hace. Basta con echar un vistazo a las cifras de prestaciones para comprobar como el Grand Espace se erige como el absoluto dominador en el apartado dinámico. Tras él, se sitúa el Seat Alhambra, cuya caja de cambios de seis marchas no le sirve para enjugar la diferencia de rendimiento con el Renault, aunque la larga sexta le permite disponer de unas cifras de consumo ligeramente más ajustadas ofreciendo, además, el consumo medio más bajo de los cuatro. Muy cerca del Alhambra se sitúa el Citroën Evasión cuyas cifras son prácticamente equivalentes a las del Seat y con una cifra de potencia menor se permite el lujo de superar en algunas mediciones, tanto de prestaciones, como de consumos al Alhambra, lo que dice mucho en favor del rendimiento de su mecánica HDI.

La desventaja frente a sus rivales del Grand Voyager en cuanto a mecánica -sigue manteniendo el motor de inyección indirecta de 2,5 litros- y penalizado por unas dimensiones y peso mayores que las de sus homólogos dejan un tanto en evidencia sus resultados en el apartado dinámico que, no obstante, gracias a los 115 CV de potencia se mantienen en unos márgenes más que honestos. Los consumos tampoco son su fuerte y evidentemente no puede competir en este apartado con ninguno de los motores de inyección directa que equipan sus rivales.

Dado que la configuración básica de los vehículos de esta categoría responde a un concepto muy delimitado, apenas se producen aportaciones espectaculares en los nuevos modelos respecto de los pioneros y son en la mayoría de los casos mejoras de puro matiz. En el caso que nos ocupa, Renault, el pionero por excelencia con su Espace, muestra una serie de modificaciones cuyos resultados más llamativos están en la nueva mecánica dCI de 2.2 litros que eleva la potencia hasta 130 CV. En el otro extremo de la balanza está el Chrysler Voyager, que, avalado por los más de ocho millones de unidades vendidas desde su aparición, muestra la configuración más tradicional y una mecánica francamente veterana que, a pesar de sus 115 CV, se ve penalizado en el apartado de prestaciones, lo cual no le ha impedido liderar la categoría hasta la aparición de los pequeños monovolumen entre los que el Scenic ha resultados ser su mayor rival y se ha permitido superarle gracias a su precio más competitivo.

Para la ocasión hemos intentado reunir a los cuatro modelos más significativos y con las mecánicas de mayor éxito que, como no podría ser de otra forma, son Diesel. El nuevo motor del Renault no sólo destaca por su cifra nominal de potencia, la suavidad de respuesta y sobre todo el refinamiento del que hace gala a lo largo de toda la gama de utilización ponen de manifiesto, la evolución experimentada por este tipo de motores. La afinada electrónica y el turbo de geometría variable consiguen que la sensación percibida por el conductor se parezca mucho a la de un buen motor atmosférico, no notándose en ningún momento la intervención del turbo. Esta particularidad hace que parezca que el coche anda menos de lo que en realidad lo hace. Basta con echar un vistazo a las cifras de prestaciones para comprobar como el Grand Espace se erige como el absoluto dominador en el apartado dinámico. Tras él, se sitúa el Seat Alhambra, cuya caja de cambios de seis marchas no le sirve para enjugar la diferencia de rendimiento con el Renault, aunque la larga sexta le permite disponer de unas cifras de consumo ligeramente más ajustadas ofreciendo, además, el consumo medio más bajo de los cuatro. Muy cerca del Alhambra se sitúa el Citroën Evasión cuyas cifras son prácticamente equivalentes a las del Seat y con una cifra de potencia menor se permite el lujo de superar en algunas mediciones, tanto de prestaciones, como de consumos al Alhambra, lo que dice mucho en favor del rendimiento de su mecánica HDI.

La desventaja frente a sus rivales del Grand Voyager en cuanto a mecánica -sigue manteniendo el motor de inyección indirecta de 2,5 litros- y penalizado por unas dimensiones y peso mayores que las de sus homólogos dejan un tanto en evidencia sus resultados en el apartado dinámico que, no obstante, gracias a los 115 CV de potencia se mantienen en unos márgenes más que honestos. Los consumos tampoco son su fuerte y evidentemente no puede competir en este apartado con ninguno de los motores de inyección directa que equipan sus rivales.

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