Audi RS3 Sportback

Arrasa allá por donde pisa. Y amenaza: o se apartan de su camino o convertirá a su paso todo en ceniza. Nunca un compacto fue más rápido… y tampoco nunca un súper deportivo de 340 CV resultó tan utilizable en el día a día. Las siglas RS vuelven a dejar huella, ahora, por primera vez, sobre un Audi A3.
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Audi RS3 Sportback
Audi RS3 Sportback

Creado “ex profeso” para la mayor batalla vista jamás entre los compactos (el segmento recordemos más popular del mercado), el nuevo Audi RS3 busca convertirse, ya desde su primera generación, en mito. Porque muy pocos pueden atreverse de origen a “toserle”. Cierto que ya vimos antes nacer a poderosos Ford Focus RS 500, Volkswagen Golf R, Mitsubishi Lancer Evolution X… Pero hoy parecen casi poca cosa a su lado. Y es que para ver bajar los 4,2 segundos que el Audi RS3 ha registrado en el 0-100 km/h hay que desviar la mirada hacia un Porsche 911 Turbo, un Nissan GT-R o, en Audi, sólo un bólido R8 V10. Brutal. Únicamente un BMW Serie 1 M (curiosamente, como el Audi, de estreno con su modelo de base en pleno cambio generacional) puede mantener el tipo, aunque termine también por doblar la rodilla.

Fuego a discreción
La imagen, por tanto, no le hace justicia al nuevo Audi RS3, aunque habrá quien prefiera pasar desapercibido. Porque allí donde el BMW 1 M muestra un coupé musculado, agresivo, una fuerza de la Naturaleza, aquí observamos en realidad un veterano Audi A3 Sportback, la única carrocería disponible para no restar impacto a otros deportivos de la marca, como el más pequeño TT. Es la tradicional fórmula RS de Audi, en la que ni siquiera aparece un capó abombado en señal de amenaza. Hoy, sólo como alternativa previo pago, llegan llantas de colores, plásticos cromados o cubiertas de asientos rimbombantes a modo de aviso, pero más como discutible tuning de marca. Y la realidad es que este Audi RS3 ni es eso, ni tampoco un simple GTI decorado: aquí hay muchas horas en ‘boxes’.

Para su desarrollo, Audi ha partido así de un S3 y, con disimuladas vías ensanchadas, frenos de disco sobredimensionados, aletas delanteras de plástico reforzadas con fibra de carbono para aligerar el conjunto y una profunda puesta a punto de bastidor, con muelles y amortiguadores revisados y una carrocería 25 mm más baja que cualquier Audi A3 (se padece en el acceso), llega el nuevo rey de los compactos, al que sólo faltaba además montar un motor capacitado para explotar tal potencial. Y lo consigue con el sofisticado 5 cilindros de inyección directa y distribución variable del Audi TT RS, de 2,5 litros y 340 CV.

Supersónico Audi RS3. Pulsación al botón ‘S’ (de serie) y adiós timidez. Con una mariposa intercalada en el sistema de escape, Audi “orquesta” a voluntad el sonido para mostrar el deportivo que es. También influye en la dirección, más directa.

Ya al volante del nuevo Audi RS3 sentimos pronto lo poco que tiene que ver con el BMW 1 M y su manual, diríamos, de ‘vieja escuela’. Para empezar, aquí nada de duro y estimulante cambio manual: de la gestión se encarga el ultra rápido cambio automático S-Tronic de doble embrague y 7 marchas; tampoco la pura dirección hidráulica y pesada del 1 M: en el Audi RS3 es ya completamente eléctrica sin perder prácticamente precisión; y tampoco la deportiva propulsión del BMW: típica de Audi es una efectiva tracción quattro por Haldex, donde su embrague de discos funciona a presión constante por bomba eléctrica, desviando de inicio un mínimo par atrás, pero transfiriendo hasta un 90 por ciento en caso de necesidad. Reactivo y anticipativo, como cuando sales como un obús desde parado ‘arrastrando’ las 4 ruedas a diferencia de un BMW donde, o se modula gas, o se sale ‘humeando’. Y eso que en Audi el turbo también sopla, y vaya de qué manera, sin necesidad de emplear dos turbos como el BMW 1 M.

Visible ya por gráfico en la instrumentación, desde 1.200 rpm el turno emerge en el Audi RS3 para ganar velocidad, mucha velocidad, pero con progresividad y sorprendente suavidad de conducción. Hasta que pisamos ‘Kick down’ y, esta vez viendo su cronómetro, iniciamos un verdadero vuelo rasante. Entonces, como un Airbus 380 que sólo es capaz de despegar en las grandes pistas del mundo, con el Audi RS3 las rectas quedan cortas.

Adelantamientos muy próximo a todo un Porsche Cayman R (ambos con efectivos cambios automáticos), pero con el Audi ‘arrastrando’ 230 kg más que de peso. Una idea ya del fantástico empuje de la bala RS3.

Difícil explorar en carretera las posibilidades de este Audi RS3, por un motor que empuja y empuja hasta 7.000 rpm. Y a plena agilidad, porque prácticamente olvidada queda ahora la conocida tendencia subviradora de todo RS de Audi, aquí sólo presente en curvas muy rápidas y a ritmos altos, cuando a velocidad de crucero sí se comporta sólo como tracción delantera. Insinúa una querencia a abrir trazadas, que en curva lenta desde luego se esfuma. ¡Qué trabaje entonces la tracción!

Cuerpo a cuerpo
Es ahí donde el Audi RS3 comienza ya a descolgar rivales. Donde el BMW 1 M muestra únicamente interrupciones de potencia, frenos selectivos del ESP o una trasera muy difícil de controlar si desconectamos ayudas electrónicas, el Audi RS3 muestra una implacable motricidad, asumiendo toda aceleración e, incluso, pidiéndola en ocasiones para empezar a repartir par hacia atrás con una tracción total que ayuda a meterle en horquillas y giros muy cerrados.  Cierto que también con trampa, anclado ahora el Audi RS3 también por sus enormes neumáticos con mayor medida delante que detrás (235/35 frente a 225/35) para favorecer ligeramente la entrada en curva, y con llanta siempre de 19 pulgadas de serie. Ojo en cambio a los bordillos urbanos porque las destrozan.

Eso sí, justo también es reconocer que el Audi RS3 tarda algo más en encontrar el apoyo que el BMW 1 M (100 kg más de peso terminan pagándose), que es también más monótono en sus reacciones (aunque siempre natural y previsible incluso rodando muy, muy rápido) y que el tren delantero no es tan instantáneo. Pero, parafraseando a un reputado piloto, “no es cómo entras en curva, sino cómo sales de ella”. Y el Audi RS3, ahí, es hoy imparable.

Puesto

Modelo

Potencia (CV)

0-100 km/h (s)

Porsche 911 Turbo PDK 500 3,20

Nissan GT-R

530

3,36

Mercedes SLS AMG 571 3,85

Audi R8 V10 GT Quattro

560

3,97

Audi RS3 Sportback 340 4,20

Mercedes S 63 AMG

544

4,30

Tesla Roadster Sport (eléctrico) 292 4,41

KTM X-Bow

240

4,43

Porsche 911 Carrera GTS PDK 408 4,49

10º

BMW Serie 1 M

340

4,71

De Madrid a Barcelona, y vuelta. No parecía desde luego el Audi RS3 el coche ideal para viajar, pero, nos decidimos a hacerlo e, insospechadamente, el Doctor Jekyll se vuelve en vías rápidas señor Hyde. Dura su suspensión en compresión, en extensión en cambio el RS3 permite cierta licencia a diferencia de sus rivales, mientras que, a bordo, ya no pareces viajar, como en el BMW 1 M, junto al ala de un avión a poco que superemos los 100 km/h. Además, ergonomía, sujeción de asientos o postura de conducción son impecables. Suave de mandos, con relativo confort y sonoridad muy contenida a pesar de no contar con una gran aerodinámica, en el Audi RS3 descubrimos cómo pasan los kilómetros con gran dignidad, casi como si viajáramos en un Audi A3 2.0 TFSI con acabado deportivo S-Line. Incluso sus deportivos y duros asientos no terminan castigando nuestro cuerpo, como tampoco la cartera sufre más de la cuenta: de media registramos 9,3 l/100 km (con muchos tramos a fondo, ahora que nadie nos oye), que a ritmos legales en autopista quedan en poco más de 8 l/100 km: como un Diesel a pleno pulmón.

Eso sí, el paso de los kilómetros confirma también ciertos defectos en el Audi RS3: como que, por ejemplo, los cromados tan estéticos de los aireadores generan grandes reflejos en los retrovisores, y dificultan la visibilidad; que los asientos deportivos opcionales tipo bacquet inician un concierto de crujidos en marcha en su unión entre la piel y el plástico… y es molesto; o que para conducir con su volante opcional de ‘Ante’ hacen falta casi guantes, ya que, más pensados para las carreras, destiñe con el sudor y además se pela (como el pomo del cambio) dando muy mala imagen.

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