Cinco falsas creencias sobre el dolor crónico

Según la Sociedad Española de Directivos de la Salud, entre el 40 y el 80 % de las consultas médicas está relacionada con el dolor, y se estima que el 17 % de la población española vive con dolor crónico, que se da cuando aparecen episodios en un periodo de al menos tres meses.

El dolor es una experiencia subjetiva que configura el cerebro, a partir de la interacción de múltiples factores.
El dolor es una experiencia subjetiva que configura el cerebro, a partir de la interacción de múltiples factores.

¿Qué papel juega el cerebro en esa experiencia del dolor que se alarga en el tiempo? Como explica Rubén Nieto, psicólogo especialista en dolor persistente y profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), "el dolor es una experiencia subjetiva que configura el cerebro a partir de la interacción de múltiples factores y, entre éstos, tienen un rol muy importante los factores psicológicos". De ahí que sean frecuentes creencias generalizadas acerca de que el dolor crónico o persistente puede no ser real.

Estas son algunas falsas creencias relacionadas con el dolor:

1. Si no se encuentra una causa física, la persona se está inventando el dolor

El hecho de que, en ocasiones, no se encuentre una causa fácilmente identificable del dolor que sufre una persona puede llevar a pensar que se lo está inventando. Sin embargo, como explican los psicólogos Rubén Nieto y Mayte Serrat, autores de Dolor y psicología: ¿por qué es necesaria la persona especialista en dolor?, "No suele inventarse ni se crea voluntariamente. Siempre es real y se genera con independencia de lo que la persona pueda opinar o pensar".

Tradicionalmente, ha sido entendido "desde un modelo biomédico asociado a daño en los tejidos, interpretando que, cuanto más daño (cuanta más nocicepción) hay, más dolor se siente. Gracias a la neurociencia sabemos que esto no es así"

Tradicionalmente, ha sido entendido "desde un modelo biomédico asociado a daño en los tejidos, interpretando que, cuanto más daño (cuanta más nocicepción) hay, más dolor se siente. Gracias a la neurociencia sabemos que esto no es así", indica Serrat, poniendo como ejemplo el miembro fantasma, que se da cuando una persona percibe dolor en una parte de su cuerpo que ya no tiene. "Es posible tenerlo sin un cuerpo físico y es exactamente igual de real que si se tuviera esa parte física. Hay que tener en cuenta que la nocicepción no es necesaria ni suficiente para generar dolor", afirma la psicóloga y fisioterapeuta.

Diversas creencias señalan que el dolor crónico o persistente puede no ser real.
Diversas creencias señalan que el dolor crónico o persistente puede no ser real. Foto: IStock.

2. El dolor es o físico o psicológico

Según los expertos, el dolor es una opinión del cerebro que no tiene una relación directa con la cantidad de daño físico que pueda sufrirse, sino que tiene relación con la "cantidad" de amenaza o peligro que el cerebro interpreta que una lesión potencial o real puede generar.

Polarizarlo como físico o psicológico carece de sentido, "en la medida en que la experiencia del dolor es única y construida de forma única para cada persona, a partir de la interacción de múltiples factores"

Pero, como explica Rubén Nieto, polarizarlo como físico o psicológico carece de sentido, "en la medida en que la experiencia del dolor es única y construida de forma única para cada persona, a partir de la interacción de múltiples factores. Y, aunque los factores psicológicos puedan tener un peso importante en la experiencia, esto no quiere decir que se pueda categorizar el dolor como exclusivamente psicológico”.

Entre los factores psicológicos se encuentra el estado de ánimo, que puede influir en cómo se experimenta el dolor. "Si nos sentimos tristes, por ejemplo, tendremos una tendencia a ver las cosas de forma más negativa y que nos afecten en mayor medida. En este sentido, pueden aparecer lo que denominamos pensamientos catastróficos, que consisten en ver la situación (el dolor) como algo sobre lo que no podemos hacer nada, que ocupa gran parte de nuestros pensamientos, y como algo terrible, mucho más de lo que en realidad es”, declara el profesor de la UOC. Y añade que “pensar de esta manera puede también hacer que tengamos miedo a lesionarnos o realizar actividades que puedan incrementar el dolor, de forma que se cree un círculo vicioso que finalmente pueda hacernos sentir peor".

El estado psicológico puede influir en el dolor.
El estado psicológico puede influir en el dolor. Foto: IStock.

Igualmente, el estrés también puede afectar, incrementando o disparándolo, a la vez que tenerlo puede crear estrés.

3. No se puede hacer nada para ayudar a disminuir el dolor

Como explican Nieto y Serrat, tener dolor cuando alguna parte del cuerpo puede estar en peligro no solo es normal, sino que es deseable. Pero, cuando ya no satisface esta función de supervivencia y protección, deja de cumplir con su cometido. Es en estos casos cuando la labor de la persona que lo siente es clave.

"El dolor no implica, necesariamente, que exista daño en los tejidos, pero el cerebro ha aprendido a asociar ciertas sensaciones y percepciones con éste"

"El dolor no implica, necesariamente, que exista daño en los tejidos, pero el cerebro ha aprendido a asociar ciertas sensaciones y percepciones con éste. Se trata de enseñar al cerebro a reconceptualizar estas relaciones, reeducarlo. Y esa reconceptualización puede realizarse a través de la educación en neurociencia del dolor, explicando los mecanismos por los que ocurren las asociaciones y a través de diferentes técnicas y ejercicios", indica Mayte Serrat.

Así, si el cerebro interpreta que, incluso habiendo daño real, no es necesario que la persona haga una acción concreta, no generará dolor, como ocurre cuando alguien se descubre un moratón y ni siquiera recuerda en dónde o cuándo se ha dado un golpe.

Los investigadores creen que se ha de enseñar al cerebro a reconceptualizar sus relaciones con el dolor.
Los investigadores creen que se ha de enseñar al cerebro a reconceptualizar ciertas sensaciones relacionadas con el dolor. Foto: IStock.

"Entendiendo que la experiencia del dolor forma parte de un proceso de aprendizaje, se puede desaprender para recibir la educación de forma correcta y que el cerebro cree nuevos conceptos de asociación que permitan generar dolor funcional para nuestra supervivencia y elimine aquel persistente que ya no cumple con su cometido", explica la psicóloga.

4. El dolor crónico o persistente es cosa de mujeres

Algunas enfermedades, como la fibromialgia, se asocian principalmente al sexo femenino, y esta realidad puede llevar a la creencia de que el dolor crónico o persistente es una experiencia que sufren solo las mujeres.

"Es urgente y necesario que la perspectiva de género se aplique en todos los ámbitos, y el contexto del dolor no es una excepción”

Sin embargo, según Rubén Nieto y Mayte Serrat, hay un problema de infradiagnóstico de enfermedades como la fibromialgia en el sexo masculino, "quizás debido a estigmas sociales por el carácter femenino de la misma enfermedad y el estereotipo de fortaleza de los hombres frente al dolor. Es urgente y necesario que la perspectiva de género se aplique en todos los ámbitos, y el contexto del dolor no es una excepción”, indican.

Una doctora explica a una mujer qué es la fibromialgia, una enfermedad que se asocia prinicpalmente al sexo femenino.
Una doctora explica a una mujer qué es la fibromialgia, una enfermedad que se asocia prinicpalmente al sexo femenino. Foto: IStock.

5. El entorno de la persona con dolor crónico o persistente no puede hacer nada para ayudar

Según los psicólogos, las personas del entorno, a través de su comportamiento, pueden influenciar en los factores que están implicados en la modulación del dolor de quien lo sufre.

"La evitación no es una buena estrategia, es necesaria la confrontación"

Por eso, su papel también es importante. "Si, por ejemplo, cuando la persona con dolor manifiesta su problema, alguien de su entorno hace todas sus actividades, y lo hace siempre, seguramente, de forma no intencionada, estará provocando que cuando ésta quiera hacer las actividades de nuevo tenga más dificultades. La evitación no es una buena estrategia, es necesaria la confrontación", señalan Nieto y Serrat.

De ahí que sea esencial implicar a los allegados en los tratamientos, para que las personas con dolor puedan realizar un afrontamiento activo con la ayuda necesaria. Los mensajes y las indicaciones también son de gran importancia, y, para ello, es necesario una correcta comprensión del funcionamiento y de los factores implicados en la cronificación del dolor.

Fuente: UOC.