Barentsburg, la ciudad ártica donde rusos y ucranianos trabajan juntos

Las tensiones del conflicto de Ucrania están causando escalofríos en Barentsburg, una remota ciudad del Ártico donde los mineros del carbón rusos y ucranianos han trabajado codo con codo durante décadas.

Vicente Alcaíde

Un tercio de la población de Barentsburg es ucraniana, el resto rusa.
Un tercio de la población de Barentsburg es ucraniana, el resto rusa.

La guerra puede estar muy lejos, pero las tensiones del conflicto de Ucrania están provocando un enfriamiento sin precedentes en Barentsburg, una remota ciudad del Ártico en el archipiélago noruego de Svalbard.

En Barentsburg, aún se encuentran reliquias de una era pasada, un busto de Lenin, una escultura con escritura cirílica que declara "Nuestro objetivo: el comunismo", da testimonio de la presencia de Rusia desde hace mucho tiempo.

La población de la ciudad alcanzó un máximo de alrededor de 1.500 en la década de 1980, pero se redujo después del colapso de la Unión Soviética. Ahora, unas 370 personas viven aquí, dos tercios de ellos ucranianos, la mayoría de la región oriental de Donbas, de habla rusa, y el resto rusos.

La atmósfera en el archipiélago cambió después de que comenzara la invasión rusa de Ucrania en febrero, según aseguran los residentes en la zona

La atmósfera en el archipiélago cambió después de que comenzara la invasión rusa de Ucrania en febrero, según aseguran los residentes en la zona.

“Las opiniones están absolutamente polarizadas”, admite la historiadora y guía turística rusa Natalia Maksimishina. Pero, añade, “lo que nos ha enseñado nuestra larga y difícil historia de la Unión Soviética es que la gente aquí sabe cuándo dejar de hablar de política”.

Un monumento a Lenin en Barentsburg.
Un monumento a Lenin en Barentsburg.

Algunos ucranianos acusan a la empresa estatal rusa Arktikugol Trust, que opera la mina de carbón en Barentsburg, de reprimir a los disidentes.

Sin embargo, el cónsul de Rusia, Sergey Guschin, dice que “no había signos visibles de conflicto en la superficie”, aunque admite que “por supuesto, hay algunas tensiones y discusiones en las redes sociales”.

Alrededor de 45 personas han abandonado Barentsburg

El consulado está protegido por altas rejas de hierro y cámaras de seguridad. Está lujosamente decorado, con una entrada de mármol, jardín de invierno y tapices hechos a medida, destacando en la ciudad, por lo demás monótona.

En lo que podría ser otra señal de que la ira hierve a fuego lento bajo la superficie, alrededor de 45 personas han abandonado Barentsburg “desde el inicio de la operación”, reconoce Guschin, utilizando la terminología de Moscú para la invasión de Ucrania.

Las salidas dicen mucho, ya que dejar Barentsburg no es tarea fácil. Las sanciones occidentales impuestas a los bancos rusos no solo han impedido que los mineros envíen dinero a sus familias, sino que también les han dificultado la compra de billetes de avión.

Un hombre camina por una calle cubierta de nieve en la ciudad minera.
Un hombre camina por una calle cubierta de nieve en la ciudad minera.

El único aeropuerto está en Longyearbyen, la ciudad principal de Svalbard a 35 kilómetros (22 millas), donde es difícil pasar sin Visa o Mastercard, que los rusos no pueden usar debido a las sanciones.

Habitantes discretos

En la entrada de Barentsburg, una planta de carbón emite una humareda negra que contribuye a la sombría atmósfera del lugar. Un tratado de 1920 dio soberanía a Noruega sobre Svarbald, pero garantizó a los ciudadanos de las naciones firmantes un acceso igualitario a los recursos naturales del archipiélago.

En virtud de éste, la compañía estatal rusa Arktikugol Trust ha operado desde 1932 la mina de carbón de Barentsburg, a orillas del fiordo Isfjorden.

Los habitantes son discretos, especialmente, al trabajar para la compañía rusa que gestiona todo el pueblo, desde la mina hasta las tiendas o los restaurantes

Los habitantes son discretos, especialmente, al trabajar para la compañía rusa que gestiona todo el pueblo, desde la mina hasta las tiendas o los restaurantes.

Rusia impone duras sanciones o incluso la prisión a quienes "desacreditan" sus fuerzas armadas o publican "información falsa" sobre ella.

Los lugareños hablan más libremente en Longyearbyen adonde, debido a la falta de carreteras desde Barentsburg, solo puede llegarse en helicóptero o en moto de nieve en invierno y en barco en verano.

Julia Lytvynova, una costurera ucraniana de 32 años que vivía en Barentsburg, asegura que la compañía minera está amordazando a la disidencia. "La gente simplemente calla, trabaja y vive su vida como si nada hubiera pasado", protesta. Desde el inicio de la guerra no ha vuelto al pueblo. Sin embargo, pidió a un amigo colgar por ella un póster contrario a la guerra en la puerta del consulado ruso. La pancarta, escrita sobre un fondo azul y amarillo, decía: "Buque de guerra ruso, jódete", copiando la ya famosa frase lanzada a principios de la guerra por un soldado ucraniano en el mar Negro ante las exigencias de rendición de su enemigo.

El cartel duró apenas cinco minutos, señala la mujer.

Un hombre pasea, al fondo asoma una bandera de Ucrania en una vivienda de Barentsburg.
Un hombre pasea, al fondo asoma una bandera de Ucrania en una vivienda de Barentsburg.

En sus 22 años en Svalbard, el alcalde de Longyearbyen, el noruego Arild Olsen, afirma "no haber vivido el tipo de desacuerdos" que se ven ahora entre los 2.500 residentes de 50 nacionalidades, que incluyen un centenar de rusos y ucranianos. "Hay tensiones en el ambiente", admite.

En respuesta a la invasión, la mayoría de operadores turísticos en Longyearbyen han parado de enviar a sus visitantes a Barentsburg, privando a la empresa estatal de un importante flujo de ingresos.

Julia Lytvynova está contenta con el boicot "porque este dinero apoya la invasión rusa". Cerrando el grifo de estos ingresos, "no ayudan a matar a mi pueblo ucraniano".

 Fuente: Yahoo News.

La India es uno de los principales productores mundiales de trigo.

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