Toyota Yaris S Sedán y Hatchback 2018: prueba de manejo

toyotayaris01.jpg
toyotayaris01.jpg

Por Manuel Fernández (@Manuel_tcf)                    Fotos: Carlos Quevedo

 

Antes de que llegara esta generación, que por cierto acaba de recibir un facelift inspirado en el Auris europeo, la gama del Yaris se separaba entre el más americano hatchback y el sencillo sedán conocido en Asia como Vios o Belta. Ahora el portafolio se unificó hacia el modelo que ya se ve desde hace años en Centroamérica y cuya procedencia es tailandesa. Otra historia es el Yaris R, que de Toyota solo tiene el nombre.

 

 

Su planteamiento, bastante funcional y con esa construcción guerrera tan propia de algo que tiene que sobrevivir en entornos hostiles, nos recuerda, ya abarcando competidores con una u otra carrocería, a ejemplares como los Nissan Versa y Note, el Peugeot 301, los Renault Logan y Sandero, el Ford Figo o hasta los Volkswagen Polo y Vento. En todo caso, por precio estas variantes “S” evaluadas se acercan a opciones más sofisticadas como el Peugeot 208, el Mazda2, los gemelos Kia Rio/Hyundai Accent, el Suzuki Swift o los SEAT Ibiza y Toledo.

 

 

Incluso para el estándar de un subcompacto, vemos una cabina básica. Aunque da impresión de solidez y durabilidad, detalles como las falsas costuras sobre plástico duro son una imitación un tanto ordinaria, pues con los acentos metálicos en la consola delantera ya bastaba para restarle parquedad al conjunto.

 

 

Algún detalle en rojo o el doble plafón en el techo ayudan a compensar esa impresión de simpleza, pero el hecho de que el volante no se ajuste en profundidad no ayuda a que este Toyota gane muchos puntos, pues de entrada ya vamos sentados a los mandos como en un vehículo de una generación anterior, con los brazos estirados si no queremos que las piernas queden demasiado dobladas contra los pedales... eso es algo perdonable en un coche de 190,000 pesos, no en uno que ya se acerca a los 300,000.

 

 

Algo positivo es que, gracias a que la columna no es telescópica, uno no termina desplazando tanto la banca en sentido longitudinal, así que la habitabilidad atrás es más que destacable y además se ayuda por el piso plano, al punto de que podría omitirse una enorme consola central cuya forma es algo intrusiva para las piernas de un eventual quinto pasajero. Esto último nos lo hizo notar otro colega igual de fijado que también utilizaba otro Yaris en los mismos días en que nosotros tuvimos el nuestro. En todo caso, el lugar holgado a lo largo compensa lo que pueda faltar a lo alto, pues para alguien de 1.75 metros no sobrará mucho en el hatchback y definitivamente faltará en el sedán si se va erguido.

 

 

El buen espacio igual no logra contrarrestar más pormenores mejorables que siguieron surgiendo conforme pasaban los kilómetros y seguíamos conviviendo con los Yaris. Hay mucho margen para resolver mejor los lugares de almacenamiento y no se hizo así; arriba de los portavasos vemos un área muerta que pudo convertirse en una útil bandeja, la guantera no es especialmente amplia y, regresando a las soluciones primitivas, la computadora de viaje se consulta a través del clásico pestillo en los instrumentos y no con un más conveniente botón en el volante o una palanca más a mano.

 

 

Además, creemos que la pantalla táctil en el hatchback tenía una interfaz poco intuitiva, con íconos pequeños y gráficos muy genéricos, en la que nos costó conectar el teléfono móvil, caso muy distinto a la radio del sedán, mucho mejor resuelta.

 

Es claro que el factor racional pesa sobre todo lo demás en los Yaris. El que quiera un poco de emoción, mejor que opte por su hermano de origen Mazda, el Yaris R, que así comparta nombre es un concepto opuesto que ya hemos tratado más de una vez.

 

 

Aunque ya existen muchos subcompactos que pueden aventurarse sin problema a una carretera, en el caso de estos Toyota es mejor quedarse dentro del entorno urbano y el gran culpable es su transmisión CVT, bloqueable a siete velocidades simuladas que de poco sirven a la hora de aprovechar la energía del correcto 1.5, que de por sí no sobra y se ve mermada por las constantes fricciones típicas de estas cajas, con arranques pausados que ni en la primera del modo manual (2.48:1) se previenen, pues es una relación de arranque de casi 70 km/h al corte de inyección.

 

 

¿El resultado? En pendientes pronunciadas la respuesta es justa y nos veremos acelerando a fondo para mantener un ritmo adecuado con respecto al resto del tráfico. Es como cuando se pretende enfrentar una subida en una bicicleta en el cambio más alto y plano, el de velocidad. El esfuerzo para apenas moverse será enorme.

 

 

Algo curioso de esa misma modalidad de manejo manual, que terminamos usando frecuentemente en vías abiertas para evitar el estruendo del 1.5 a altos regímenes que se generaba en Drive, es que se toma su papel como tal y no reduce las marchas simuladas en la polea de la CVT, así se le solicite con el acelerador a fondo. No hay un “kick-down” de emergencia.

 

 

Que sea más de un ambiente citadino también se delata en una dirección blanda, algo lenta en su operación, que no es ningún ejemplo de precisión y no da tanta confianza en un coche muy sensible ante los vientos cruzados de autopista. Ayuda mucho, eso sí, el gran balance de su suspensión, porque siendo muy robusta ante el típico desfile de hoyos, no peca de la suavidad excesiva de sedanes pensados para rodar por vías maltratadas, así que el control ante maniobras intempestivas o de circular a ritmos elevados entre ciudades es decente y, en todo caso, un atinado control de estabilidad sirve como margen de protección extra.

 

 

Es justo en la seguridad activa, aquella para prevenir accidentes, donde más brillan los Yaris, pues sus frenos, apoyados en llantas de fábrica de gran calidad (Dunlop SP Sport), muestran una respuesta directa y confiable, tal vez con un ABS algo prematuro, que de todas maneras no afectará unas distancias más que decentes de hacer una parada de emergencia. Lástima que en un aspecto tan importante se hayan conformado con apenas dos bolsas de aire cuando ya hay competidores con seis o siete, sin dejar de mencionar que en alguna época, hace no mucho, un Yaris hatchback ofrecía hasta nueve.

 

 

Toyota tiene la experiencia para hacer un Yaris mucho mejor a los autos que hemos podido reseñar en estas páginas. Su simplificación y propuestas de bajo costo no lo dejan tan bien parado ante una competencia feroz, pero el impulso de un fabricante con tan buena reputación hará que se venda muy bien (eso ya pasa, de hecho) entre aquellos que compran por inercia y sin realizar una labor comparativa concienzuda. 

 

Unidades probadas

 269,900 pesos (HB S CVT)

265,800 pesos (Sedán S CVT, a fecha de la publicación)

 

NOS GUSTA

-      Espacio

-      Equilibrio de suspensión

-      Seguridad activa

 

NOS GUSTARÍA

-      Interior más moderno

-      Seguridad pasiva no tan básica

-      Mejor caja automática

 

Resumen técnico

MOTOR

Tipo/cilindrada: L4, 1,496 cc

Potencia máxima: 107 HP a 6,000 rpm

Par máximo: 141 Nm a 4,200 rpm

TRANSMISIÓN

Caja: Automática, CVT

Tracción: Delantera

DIMENSIONES

Peso vacío: 1,115/1,070 kg

Largo x ancho x alto: 442/414 x 173 x 147 cm

Distancia entre ejes: 255 cm

Cajuela: litros

PRUEBAS AUTOMÓVIL (a 2,240 msnm)

0 a 400 metros: 20.43 s

Rebase 80 a 120 km/h: 10.37 s

Frenado de 100 a 0 km/h: 40.55 m

Consumo medio: 15.9 km/l

 

Nuestros destacados