Mustang Hurst, Shelby GT & Shelby Super Snake: contacto exclusivo

mustanghurst06.jpg
mustanghurst06.jpg

Por Héctor de Losada (@frankymostro)               Fotos: José Luis Ruiz.

 

Cuando hablamos de un Shelby inevitablemente pensamos en un Mustang llevado al límite, gracias a los esteroides creados a un costado del Speedway de Las Vegas. Sí, Shelby American, ese gran museo que don Carroll fundó y que al pasar por la puerta trasera se convierte en una madriguera de la que salen las serpientes más amadas y ponzoñosas de Estados Unidos.  Durante los últimos años, los Shelby fueron retomados directamente por Ford, y como ejemplo nos regaló un track ready, como el GT350. Pero nunca hay suficientes caballos, y retomando el rumbo como en 1965, Shelby American se dedica a reinventar vehículos Mustang de serie para convertirlos en propios con todo el respaldo de esta pequeña marca de gran abolengo.

 

 

Pero lo mejor de todo es que el máximo exponente de estas bestias lo pudimos probar en un autódromo mexicano, sin restricción alguna, y no únicamente con permiso del dealer autorizado de Shelby en México, sino con el reto de que lo lleváramos al límite, claro, si es que no nos temblaban “las patitas” a la hora de pisar los pedales. Están de acuerdo que con ese tipo de invitación-reto, el físico no es opción y habría que tratar de estar al nivel de las venenosas serpientes.

 

 

EL HURST

De entrada nos recibió un Hurst Special, tal vez el más espectacular, hablando de estética, y sin duda el que más bonito “ronroneaba” de todos. Como su nombre lo dice, detalles de Hurst lo rodean, con rines especiales y un body kit Cervini que le dan una imagen realmente robusta.

 

 

Y como lo manda la tradición, una palanca short shifter con 30% de menos recorrido, que si bien es ruidosa y difícil de engranar, eleva tu hombría a niveles insospechados en el momento de realizar los cambios.

 

 

Este Hurst logra 774 HP a 7,000 rpm, cifra suficiente para alcanzar los 100 km/h en 3.4 segundos volviendo loco al control de tracción, el cuarto de milla lo tira en 10.9 segundos, una verdadera paranoia, lográndolo con aditamentos bolt-on, como el supercargador Kenne Bell tipo tornillo de 2.9 litros, la receta perfecta y ya nada secreta para obtener poder en un V8 americano.

 

 

Entre el equipo extra de este colorado amigo se puede citar la inducción de aire, splitter delantero, faldones y lip trasero, todo en fibra de carbono. Los rines característicos de la marca, aunque de 20 pulgadas, son extraligeros y albergan llantas BF Goodrich 245/35 y 285/30 no aptas para los baches mexicanos.

 

 

Más que un upgrade, los frenos Brembo con discos de 15” son necesarios para domesticar a este potro. Y como bien dijimos, el sonido de este Hurst es único e irremplazable, nunca habíamos escuchado un Mustang alcanzando estas notas, seguro algo tuvo que ver un sistema de escape de acero inoxidable.

 

 

EL GT

Todavía temblando de la emoción tras pelearnos con el primer ejemplar, le entramos con gusto al Shelby GT, con algunas diferencias notorias en manejo, pues si bien comparte la brutal cifra de poder con 700 HP, la aceleración se siente más progresiva, digamos que la violencia está un tanto controlada, por lo menos a la hora de tirar cambios.

 

 

Basado en un GT, bajo el cofre vive el motor de cinco litros sobrealimentado por un Roush Performance, con la seguridad que es de los pocos supercargadores que no invalidan la garantía del auto, como quien dice, el consentido de Ford Performance. Y si bien la mecánica podría ser parecida al Roush, la lista de equipo del Shelby GT justifica su precio. Empezando por los rines Shelby, suspensión Handling Pack de Ford Performance, palanca especial y unos resonadores Shelby que lo hacen sonar tan gordo como Luciano Pavarotti sin respetar la dieta.

 

 

Por fuera los detalles complementan sin pelear o faltarle al respeto a esa bella línea del Mustang, las tomas de aire en cofre, ventanas y laterales y salpicaderas traseras nos recuerdan todo el tiempo a un GT500 de antaño, pero con mucho más equipamiento, la mayoría de diseño específico como el cofre, los paneles, las tomas de aire, los ductos, el spóiler trasero y el difusor, todo absolutamente fabricado en fibra de carbono.

 

 

El manejarlo es una grosería, con un arranque brutal del diferencial (3:73) lo medimos con una Yamaha R1 arreglada y la respuesta fue asombrosa, si bien no le ganó a la moto en el cuarto de milla, al pasar los 400 metros la distancia se acortaba entre los dos bajo el rugido de ese Coyote supercargado, repetimos, sin duda el Shelby más manejable y divertido para llevarlo de lado en curvas con una suspensión firme, o presumir ante los ojos envidiosos de amigos de un burnout que se llevará toda la primera, dejando cicatrizado el asfalto de por vida, hazaña que solamente un diferencial de carreras Wave Track puede darte.

 

 

EL SUPER SNAKE

El hablar de un Shelby Super Snake nos vincula con su glorioso pasado, es el apogeo del GT350. En 1965, Carroll Shelby no se sentó en sus laureles y aprovechó la oleada de poder que manejaba con sus AC Cobra y sobre todo con el GT40 Mk II, del cual extrajo el motor 427 para en 1967 fabricar el Super Snake, un fastback capaz de rascar los 272 km/h.

 

Con tal antecedente, nos queda clarísimo que no existe un Super Snake que no sea un monumento a la brutalidad y un templo a la exageración.

 

 

Esto es el nuevo Super Snake, un auto en verdad exclusivo al precio de los caros italianos, y el que diga que prefiere el espagueti es porque nunca ha comido una buena hamburguesa o jamás ha manejado un Shelby de este calibre. Su pura presencia impone, con una toma de aire tan gigantesca como la parrilla y la entrada de aire arriba del difusor de la fascia delantera, una clara señal que 850 HP necesitan aire fresco todo el tiempo para las bocanadas de aire puro que pide el gigantesco supercargador Kenne Bell Mammoth 3.6 l, el más grande antes de caer en la ilegalidad (sin duda, el Rolex de los supercargadores).

 

 

Pocas veces en esta vida hemos tenido oportunidad de manejar autos con tal potencia, por lo que no la desperdiciamos, vueltas rápidas, frenadas, atascadas, aceleración infame, en donde el cortador de revoluciones nos advirtió que más de 7,200 rpm no se valen y el coche se portó impecable, el check engine no es opción para este Shelby, al contrario, pareciera que se crece al castigo. Y si bien la pista del Centro Dinámico Pegaso es grande, le quedó corta al Super Snake, que solo nos enseñó el veneno de tercera a fondo, pues necesitaríamos un par de cientos de kilómetros para engranar las otras tres velocidades y llevarlo a su límite.

 

 

Atascado de equipo, el cual si detalláramos necesitaríamos un especial de AUTOMÓVIL, destacamos una rígida suspensión y frenos de seis pistones adelante y cuatro atrás, enfriador de diferencial, en fin, todo lo que cité en los modelos anteriores y más para tratar de negociar con tanto torque. Y por si fuera poco, con acabados de lujo  (quisiéramos poner emojis con ojos de corazón, pero esto es serio).

 

 

Pero no se diga más, ahora puedes ir a negociar y configurar tu Shelby original fuera de Las Vegas, en nuestro país, a través de Muscle Car Corporation, empresa especializada en vehículos exóticos americanos, que tiene pensado comercializar 50 ejemplares para comenzar, ya mexicanos, y listos para asombrar al más incrédulo.

 

Resumen técnico

 

 

Mustang Hurst

Shelby GT

Shelby Super Snake

MOTOR

 

 

 

Tipo/cilindrada:

V8, 5.0 l, supercargador

V8, 5.0 l, supercargador

V8, 5.0 l, supercargador

Potencia máxima:

774 HP a 7,000 rpm

627 HP a 6,800 rpm

850 HP a 7,400 rpm

Par máximo:

648 lb-pie a 4,400 rpm

514 lb-pie a 3,500 rpm

640 lb-pie a 5,600 rpm

TRANSMISIÓN

 

 

 

Caja:

Manual,

Manual,

Manual,

 

seis velocidades

seis velocidades

seis velocidades

Tracción:

Trasera

Trasera

Trasera

RENDIMIENTOS

OFICIALES

 

 

 

Velocidad máxima:

300 km/h (est.)

300 km/h (est.)

320 km/h (est.)

0 a 100 km/h

3.4 s

3.7 s

3.2 s

 

Los mejores vídeos