Honda CR-V 2017: primeras impresiones

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Por Manuel Fernández

 

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Honda no va a reenfocar una de sus fórmulas más exitosas y es por eso que la renovación de su SUV resulta siendo una experiencia muy familiar desde el primer kilómetro.

 

Muchos detalles interiores siguen dando la impresión de que se va a bordo de un monovolumen pues la prioridad hacia la habitabilidad y a la practicidad es clara, no solo por el abundante espacio en ambas filas sino por cómo la marca ha resuelto distintos portaobjetos y soluciones que facilitan el día a día para el uso en familia. Un ejemplo es el bajo borde de la cajuela, el piso casi plano o el fácil proceso de abatir los asientos.

 

En relación a su predecesora, si acaso se extraña la enorme consola central, que sigue siendo amplia, pero ya no tanto como para albergar un bolso de los grandes o hasta un morral. En donde sí hubo un progreso más evidente fue en los materiales utilizados en la cabina, aspecto especialmente notorio adelante con mayor presencia de plásticos mullidos o decoraciones que le restan simpleza al conjunto.

 

 

Las unidades disponibles durante el lanzamiento equipaban el motor 1.5 turbo, el componente más novedoso en la nueva CR-V y responsable de que el desempeño pase a estar entre los mejores de su gama pues de la cumplidora pero no siempre suficiente aceleración del 2.4 aspirado, pasamos a un torque pleno y una respuesta a medio régimen que facilita muchísimo más adelantamientos delicados o incorporaciones.

 

Su caja CVT no es la más suave, por ejemplo, al soltar el acelerador de repente, pero en general está bien emparejada al propulsor. La ausencia de modo manual se compensa en la mayoría de situaciones pasando la palanca a los modos “S” o “L”, que aumentan la retención. Vale la pena comentar que en la práctica obtuvimos consumos iguales o más altos que en el 2.4 aspirado en la pasada CR-V (y que se mantiene en la nueva en la versión EX), solo que, al final, la gran diferencia en aceleración y recuperación hace que se justifique. En ciudad o vías sinuosas fue difícil subir de ocho kilómetros por litro.

 

 

 

De todas maneras, la identidad racional de la CR-V en cuanto a su conducción no se pierde pese al motor turbo, pues la suspensión sigue con un reglaje blando aunque más aplomado y con una marcha menos nerviosa, siempre con reacciones que no siempre son las más inmediatas o ágiles en cambios constantes de rumbo. La dirección y los frenos también exhiben mejoras en precisión y resistencia a la fatiga, respectivamente.

 

En la edición 267 de AUTOMÓVIL Panamericano podrán leer la prueba completa de esta novedad.