La salud de Fernando Alonso preocupa por el comportamiento del AMR26 con el que compite este año en el Mundial de F1. Adrián Newey, el director de la escudería Aston Martin, ya lo advirtió hace unos días y, ahora, el propio piloto asturiano ha levantado más la polémica tras confesar, tal y como te contamos ayer, que "no sentía ni las manos ni los pies" por las vibraciones de su monoplaza.
Y es que en el fin de semana de Fórmula 1 en China Aston Martin tocó fondo una vez más en lo que ya tiene visos de ser una temporada muy complicada. Al igual que en la carrera inaugural en Melbourne, ambos monoplazas tuvieron que abandonar prematuramente. El de Fernando Alonso, en particular, probablemente reavivará el debate. La discusión no se centra únicamente en el bajo rendimiento, sino también en la seguridad en la cabina.
Lo que inicialmente parecía otro día de carrera decepcionante dio un giro preocupante para el bicampeón mundial. La causa fueron las fuertes vibraciones del motor Honda, derivadas de la sobrecarga del MGU-K. Estas vibraciones acabaron provocando síntomas físicos en el piloto.
Fernando Alonso, como te hemos contado, describió la situación tras la carrera: «Tuve que abandonar porque las vibraciones eran extremas hoy. Empezó alrededor de la vuelta 20, cuando perdí completamente la sensibilidad en manos y pies». Las imágenes a bordo muestran a Alonso soltando el volante en la larga recta para relajar temporalmente sus músculos y articulaciones. A velocidades superiores a 300 km/h, esta es una situación alarmante. «Continuar en estas circunstancias no tenía sentido», explicó el español. El equipo finalmente decidió abandonar en la vuelta 32.
Las vibraciones del AMR26 empeoran
Su compañero de equipo, Lance Stroll, también tuvo que abandonar prematuramente en China. Su motor falló en la vuelta 9, incluso antes que él. Las vibraciones habían causado daños adicionales en la batería. El director del equipo, Mike Krack, había anunciado que se planeaban medidas para mitigar las vibraciones en China, pero al parecer no tuvieron éxito.
Alonso confirmó que la situación empeoró durante el fin de semana. "Las vibraciones fueron peores en la carrera que en las sesiones anteriores", explicó el bicampeón del mundo. "Pero ya estábamos una vuelta atrás, al final de la parrilla. No tenía sentido continuar. Probablemente no habría terminado de todos modos".
Una de las medidas que los responsables de Honda habían considerado para reducir las vibraciones era, al parecer, reducir las revoluciones del motor. "Pero eso no funciona en carrera. Hay que revolucionar el motor más si se quiere adelantar o cargar las baterías. Eso se vuelve cada vez más exigente y agotador con el tiempo", descartó Alonso. En cuanto al hardware, el sistema de propulsión se ha mantenido sin cambios con respecto a Melbourne.
Sin solución a la vista
Krack, sin embargo, recalcó que se habían logrado avances: "Si comparamos con el inicio de la temporada, sin duda ha habido progreso, aunque desde fuera no lo parezca. Pudimos completar muchas más vueltas. El tiempo en pista es fundamental para identificar errores y corregirlos de cara al futuro".
Krack aún no pudo precisar cuándo volvería todo a la normalidad en Aston Martin. "Tenemos que ver qué podemos lograr junto con Honda y en qué plazo. Pero es imposible decir con certeza cuándo se resolverán todos los problemas". Así pues, se avecina otro revés en la carrera de casa de Honda en Suzuka (29 de marzo).
¿Se ha superado el umbral crítico? La FIA podría intervenir
También queda la incógnita de si la FIA intervendrá finalmente. Lo que inicialmente parecía un problema técnico menor se está convirtiendo cada vez más en un grave riesgo para la seguridad. Si las vibraciones en la cabina provocan que los pilotos pierdan el control, se habrá superado un umbral crítico.
Krack también se solidariza con sus pilotos, y no solo por la situación en la cabina: «Los pilotos están en la peor situación posible. No pueden cambiar nada de lo que está sucediendo. Pero luego tienen que estar ahí y explicar esta difícil situación ante las cámaras de televisión. Invierten muchísima energía en ello y luego les hacen preguntas que no siempre son apropiadas. Claro que se puede decir que son profesionales, pero también son humanos. Eso no hay que olvidarlo».









