General Motors amenaza con un recorte de su mano de obra europea

Recortes de plantilla, cambios en el organigrama productivo y amenazantes declaraciones son las últimas noticias provenientes de la cúpula directiva de la división europea de General Motors. Los malos resultados están haciendo mella en su seno, meses previos a la esperada reorganización que comenzará a finales de septiembre. De momento, los responsables de la misma alimentan el nerviosismo en las tres marcas dependientes (Opel, Vauxhall y Saab) con tales anuncios.

General Motors planea recortar su mano de obra europea, por segunda vez en un año, en un esfuerzo por recuperar beneficios en sus divisiones Vauxhall, Opel y Saab. Esta decisión afectaría a los más de 89.000 trabajadores que actualmente la compañía tiene en plantilla en el continente.
El pasado mes de diciembre, el fabricante redujo en 5.000 el número de empleados, tanto asalariados como eventuales, cerrando la planta de ensamblaje que la firma Vauxhall poseía en Luton (Inglaterra).
Esta nueva oleada de despidos es uno de los puntos incluidos en el plan de reorganización de la división europea, conocido con el nombre de Proyecto Olympia, que dará comienzo a finales de septiembre, debido a las pérdidas de 676 millones de dólares (más de 125.000 millones de pesetas) obtenidas el pasado año. Según comentó el director ejecutivo de Opel, Carl-Peter Forster, "posiblemente no podríamos llevar adelante esto sin el recorte de personal".

Fallo en la estrategia Diesel
Las ventas de la compañía han caído en Europa Occidental en dos de los últimos tres años y, en mayo, las operaciones comerciales combinadas de Opel, Saab y Vauxhall disminuyeron en un 3,4 por ciento. En 2000, la firma germana, por ejemplo, reportó unas perdidas de 366 millones de dólares (unos 75.000 millones de pesetas).
Expertos internacionales opinan que este descenso ha sido debido a la escasa capacidad de General Motors y de sus marcas para la construcción de motores Diesel, fallando en atender la demanda del consumidor europeo, más proclive a la compra de vehículos impulsados por gasóleo que el norteamericano. Además, la disminución del 4 por ciento, en lo que va de año, del índice de ventas de automóviles en Alemania, principal mercado de la automoción continental, ha incidido en este declive.

Rodarán cabezas
En estos momentos, el propio Carl-Peter Forster y el vicepresidente de Finanzas de la rama europea, Pat Campbell, estudian un cambio en el organigrama directivo que podría incluso culminar con el relevo en la presidencia europea, en manos de Mike Burns, y en la dirección de Saab y Vauxhall, puestos que ocupan Peter Augustsson y Nick Reilly, respectivamente.
Ambos rechazaron proporcionar detalles, aunque aseguraron que "todas las áreas principales" se verán afectadas.
"Nuestra compañía (Opel) y General Motors Europe tienen algunos serios problemas estructurales y de costes que necesitan ser resueltos urgentemente", concluyó Foster con tono amenazador. Por el momento, parece que la planta zaragozana de Figueruelas no se verá afectada. Fuentes de Opel España opinan que este plan afectará sobre todo a Opel Adam AG, en Alemania.

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