Comprar coches eléctricos de segunda mano: la batería define el éxito

Como con cualquier otra compra de un vehículo de segunda mano, hacerlo con un eléctrico tiene un punto de aventura, especialmente si no conocemos cómo se ha cuidado. En este tipo de coches el trato de la batería puede ser lo que marque la diferencia entre una buena o una mala compra.

Luis Miguel Vitoria. Twitter: @luismivitoria

Comprar coches eléctricos de segunda mano: la batería define el éxito
Comprar coches eléctricos de segunda mano: la batería define el éxito

Comprar cualquier coche de segunda mano tiene siempre algo de aventura. Sin saber a ciencia cierta, e incluso sabiéndolo, cómo ha sido conducido, mantenido, etc., nunca se puede saber si estamos haciendo una buena o una mala adquisición en términos de durabilidad, fiabilidad… Sin embargo, los coches eléctricos tienen una ventaja en este sentido frente a los que utilizan motores térmicos. Se basa en que su mantenimiento es muchísimo más simple que el de un coche de gasolina o diésel, que exige muchos más cuidados desde el momento de repostar combustible a las sustituciones de filtros, qué aceite utilizar y sus remplazos, etc., y no digamos cuando en la ecuación entran también los sistemas de depuración de gases. De hecho, la vida dentro del motor térmico es mucho más estresante que la de un eléctrico que tan sólo tiene que sobrellevar regímenes de giro mucho más altos, eso sí sin rozamientos. Los de gasolina y diésel sí se enfrentan a ellos, como también a altísimas temperaturas, gases de efectos químicos, depósitos de la combustión…

Sin embargo, sí hay un elemento del sistema de propulsión eléctrico que exige atención específica de cara a evaluar su durabilidad. Hablamos de la batería, el elemento más costoso de ese sistema y que, como cualquier otro acumulador de electricidad, tiene una vida finita. Su relevancia estriba en que esa vida no solo afecta al valor residual del vehículo, sino que también lo hace a la autonomía disponible con el tiempo.

La duración de la batería está muy condicionada por cómo haya sido utilizada. Así puede ocurrir que si ha sido sometida a condiciones de estrés térmico haya ido perdiendo su capacidad más aceleradamente que si no ha sido así.

La vida de la batería depende mucho de las temperaturas de carga y uso

Por suerte para someterla a temperaturas elevadas, que en este ámbito bien pueden ser las superiores a 40º C, no basta ni con exigirles mucha potencia durante la conducción, ni siquiera cuando realizamos cargas en marcha muy continuadas, situaciones en las que la electrónica de potencia puede intervenir para regular, por ejemplo, la retención en una fuerte y continuada bajada. Cuándo más se resiente la salud de las baterías es si se producen cargas con corriente continua de forma consecutiva, por ejemplo, si necesitamos recorrer un trayecto muy largo y sólo acudimos a cargas rápidas, incluso por mucho que se limite la potencia que se admite en esas situaciones y las recargas sean más lentas. Entonces el sistema de refrigeración puede ser incapaz, particularmente si éste no recurre a circuitos líquidos, de rebajar la temperatura, de modo que partes de la batería queden dañadas.

Por lo anterior, un aspecto fundamental a la hora de seleccionar un coche eléctrico de segunda mano pasa por averiguar si, por lo general, se ha recargado en puntos de carga de baja o alta potencia: si habitualmente se ha recurrido a enchufes de entre 2 y 7 kW (corriente alterna) es posible que las recargas no le hayan afectado negativamente apenas, mientras que si lo ha hecho en los de 50 kW (corriente continua) puede ser más probable, que no seguro, que se haya podido registrar una restricción en su almacenamiento ante un uso frecuente de estos. Otro factor limitador de la vida de la batería puede venir de si habitualmente el coche circula en entornos con temperaturas ambientales muy altas, climas en los que se ha detectado una disminución de la su capacidad mayor a la que puede producirse en entornos más templados, donde la temperatura no supera continuamente los 27º C.

Vida de la batería: más factores que acentúan su degradación

Más factores que pueden afectar a la vida de la batería son la propia química de la batería, en la que lo que más influye es el tipo de materiales de los electrodos; el número de ciclos, de ahí que también se vincule a los años de uso; o también si es utilizada comúnmente con cargas muy altas o extremadamente bajas. Así lo confirma un informe realizado por la consultora Geotab, por mucho que la batería siempre tenga un colchón de capacidad no utilizada tanto por arriba como por abajo para, precisamente, evitar ese tipo de daños: de ahí que la capacidad total sea siempre un factor diferente a la útil y, en esencia, una batería completamente cargada nunca lo está realmente al 100 por ciento.

Comprar coches eléctricos de segunda mano: la batería define el éxito

Comprar coches eléctricos de segunda mano: la batería define el éxito

En todo caso, la degradación de la batería puede producirse naturalmente y no suele ser detectable en tanto a la entrega de potencia de la misma, sino exclusivamente en términos de almacenamiento energético.

Así las cosas, al plantearse la búsqueda de este tipo de vehículos en el mercado de segunda mano, tenemos que contemplar la posibilidad de que el alcance con un único «depósito» de un coche eléctrico puede ir disminuyendo paulatinamente a medida que sume uso; de modo que de la autonomía prometida por el fabricante o lograda por sus primeros usuarios, se pueda ver claramente disminuida.

¿Cuánto? Pues para saber esto con la máxima precisión hay que recurrir a los sistemas de diagnóstico que, por lo general, quedan en manos de los talleres de cada marca. No obstante, algunos modelos sí ofrecen al conductor un estado aproximado del porcentaje de batería que está en condiciones de almacenar.

2,3 por ciento de pérdida de capacidad, de promedio

Según algunos estudios, la degradación de las baterías es relativamente lineal y sólo al final de su vida se detecta una caída más pronunciada. El análisis de más de 6.000 vehículos eléctricos de diferentes marcas llevó a Geotab a determinar que, de promedio, un vehículo eléctrico pierde un 2,3 por ciento de su capacidad cada año, es decir, un valor no excesivamente alto si tenemos en cuenta que tras ocho años de uso (la habitual garantía de un eléctrico, también comúnmente vinculada a alcanzar los 150.000 km) se habría disminuido en un 18 por ciento. Ese porcentaje en un coche que, según sale de fábrica (momento en el que su estado de salud, el SOH, es del 100 por ciento), puede alcanzar 300 km de autonomía supone un recorte de unos 50 km.

Recordemos que, por lo general, la garantía que ofrecen los fabricantes de vehículos eléctricos o electrificados para el sistema eléctrico es de 8 años y 150.000 km.

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