China se abre paso en EE.UU.

Quédate con este nombre: Malcolm Bricklin. Amenaza con cambiar la automoción estadounidense. ¿Cómo? Introduciendo por la puerta grande los coches “made in China". Si los norteamericanos no están preparados, se apoderarán de sus mercados.

La guerra de los coches clones
La guerra de los coches clones

Malcolm Bricklin sabe de lo que habla. Tiene pose de aventurero dentro de la jungla de Wall Street, pero no es un recién llegado. De su mano, Subaru llegó a EE.UU. en 1960 y, dos décadas después, hizo lo propio con la yugoslava Yugo. Ahora, su objetivo es introducir en el mercado estadounidense la marca china Chevy. No será la única: reunirá a más fabricantes dentro de su nueva compañía, una empresa que ha bautizado con el sugerente nombre de Visionary Vehicles. Bricklin lanza frases tan lapidarias comoesta: “Visionary Vehicles cambiará para siempre el panorama del sector del automóvil en Norteamérica". O esta: “ningún concesionario inteligente y con la mente puesta en el futuro querrá perder esta oportunidad para asociarse con China". ¿Arriesgado? Bricklin cuenta con buenos argumentos. Para empezar, porque ofrecerá a los concesionarios que distribuyan sus productos el 15 por ciento del bruto del valor de los vehículos importados de China (un porcentaje mucho más alto del habitual). Además, está seguro de que los coches chinos se venderán solos. Los concesionarios tendrán un amplio margen de venta y –por si fuera poco- ofrecerán coches un 30 por ciento más baratos que otros modelos similares. ¿Quién se puede negar?Eso sí, el negocio no será para todos. Sólo contará con 250 concesionarios, a los que dará derechos exclusivos para que vendan sus coches y camionetas. A cambio, los empresarios tendrán que invertir entre 10 y 15 millones de dólares. Visionary Vehicles ya ha empezado con los fichajes de las estrellas del motor. El ex director ejecutivo de Mitsubishi en América del Norte, Pierre Gagnon, es su última incorporación. El pasado mes de febrero ya se había llevado al ingeniero y responsable de I D de Mitsubishi, Dennis Gore. Si EE.UU. no se sube a los lomos del dragón chino, éste amenaza con colarse a su “patio trasero": América Latina. El presidente de China, Hu Jintao, ha estado dos semanas visitando Argentina, Brasil, Chile y Cuba. Quiere unir lazos comerciales. Según el director del departamento de América Latina de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados en Washington, Riordan Roett, la Casa Blanca sólo tiene ojos para su lucha contra el terrorismo, la guerra en Irak y la seguridad nacional, mientras se produce un vacío en América Latina que los chinos están dispuestos a llenar. Para empezar, China podría hacerse con el crudo de Venezuela. El presidente venezolano, Hugo Chávez, está muy interesado en dejar de depender de Estados Unidos, un comprador muy incómodo que critica abiertamente sus métodos de gobierno. Sin el petróleo de Chávez, Washington se vería aún más dependiente de Oriente Medio. Y no sólo puede perder la influencia del oro negro. China está muy interesada en otras materias primas de América del Sur, como el hierro o el cobre. Si se garantiza su abastecimiento, será difícil modificar los canales y reorientar los flujos a EE.UU., aseguran los expertos.