Los motines dinamitan Fiat

Fiat Auto es hoy un barco que zozobra. Desfondado por la falta de ventas, carcomido el casco por las deudas y tripulado por obreros malhumorados y a punto del despido, el viejo buque insignia de la industria italiana sólo tenía un valor seguro: la fortaleza de sus pilotos. Los Agnelli llevan un siglo gobernando con mano firme este viaje, pero, ahora, les tiembla el pulso. Paolo Fresco, su último capitán, se ha amotinado y amenaza con no devolver nunca el mando. Lleva rumbo a América y nadie sabe bajo qué bandera navega.
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Los motines dinamitan Fiat
Los motines dinamitan Fiat

Paolo Fresco, “El Americano”, es el hombre que logró en su día un acuerdo con General Motors en virtud del cual el coloso estadounidense compró un 20 por ciento de Fiat Auto y una opción de compra sobre el resto de la firma. Es, por tanto, un hombre muy cercano al fabricante estadounidense.

Cuando la semana pasada los Agnelli, con su patriarca Giovanni gravemente enfermo, decidieron relevar a Fresco de su puesto como presidente de Fiat, se encontraron con una resistencia inédita en una casa acostumbrada a la sumisión en sus capitanes. Con el respaldo de General Motors (que ha celebrado su permanencia en el cargo) y el apoyo de lo principales bancos acreedores, Paolo Fresco se negó a irse, plantó cara a los dueños del barco y se amarró al timón. Asustados, los Agnelli no pudieron hacer otra cosa que ratificar en su cargo al presidente. Además, aceptaron que éste nombrase consejero delegado de Fiat Auto a Alessandro Barberis (en la foto), uno de sus hombres de confianza y adepto a su plan de reestructuración de la compañía. La llegada de Barberis deja fuera a Gabriele Galateri, un peón de los Agnelli, y, de paso, echa al agua otro adicto a la vieja guardia, Gianluigi Gabetti, que llegaba con el petate listo para embarcar como nuevo presidente. Enrico Bondi, que iba para consejero delegado, también se queda con las ganas.

El movimiento ha sorprendido a todo el sector, que esperaba otro desenlace, y ha abierto la puerta a todo tipo de rumores. El más extendido dice que Fresco se ha hecho con el mando y que llevará lo que todavía flote de Fiat a manos de General Motors.

Para quitar de en medio a Paolo Fresco, los Agnelli se aliaron con Mediabanca, un grupo financiero cercano a Berlusconi, que, además, posee gran parte de las acciones de Fiat. Esta corporación proponía centrar las actividades en Alfa Romeo y Ferrari, las partes más salvables del grupo. Entre ambas “familias” se organizó la destitución. Galateri asumió la orden con fidelidad, pero Paolo Fresco se atrincheró y dijo que no se iba.

Rápidamente, el rebelde presidente esgrimió sus armas. Los bancos acreedores de Fiat (Intesa, San Paolo, Unicredit y Capitalia) estaban de su lado y le defendían. Además, a lo lejos, la sombra de General Motors se ponía también del lado de Fresco. Según algunas fuentes, la batalla la decidió la intervención in extremis de Giovanni Agnelli, que se apoyó a Paolo Fresco contra la opinión de su hermano Umberto, partidario de echarle y de pactar con Berlusconi. Desde su lecho, el viejo Agnelli dio calabazas al presidente de la República de Italia.

De todas formas, el resistente lo tenía fácil para ganar: su plan de reestructuración ha sido aprobado por los bancos y éstos no quieren que un cambio de dirección haga fracasar la última oportunidad de Fiat para sobrevivir sola. Fresco es su garante de que estos planes no se romperán y, además, Barberis ha sido el encargado de pelearse con los sindicatos y el Gobierno para sacar adelante la reestructuración. Por esta razón obligaron a los Agnelli a echarse atrás en su decisión de cambiar toda la cúpula de la empresa.

Pasada la tormenta, Fresco pilota este barco que hace aguas por todas partes. Los sindicatos creen que es la mejor solución para luchar contra la crisis y no quieren ni oír hablar de otro cambio de jefes.

Con estabilidad momentánea, los 8.100 despidos planeados siguen adelante y el cierre de varias plantas, también. Lo más probable es que General Motors se haga cargo de la compañía a medio plazo, aunque nadie sabe si esta solución será la mejor. Según explica la publicación Automotive News, Fiat ya se hace a la idea de que va a ser parte del imperio GM, con lo que los hombres de Fresco negocian la rendición. La idea es rediseñar el acuerdo firmado en su día y dibujar una integración menos traumática, más “amistosa”.

Parece que la gente de Fiat quiere retrasar la fecha de fusión de 2004 a 2006 ó 2007, lo que daría aire al grupo italiano. También quieren guardarse la posibilidad de vender por su cuenta Alfa Romeo y, además, planear una integración muy progresiva del resto del grupo dentro de GM.

Richard Wagoner, presidente de GM, que acaba de comerse Daewoo como si tal cosa, pone cara de pocos amigos y aprieta las tuercas de Fiat. Ya ha dicho que el asunto será difícil.

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