Como era en un principio

Si hay un lugar donde el tiempo parece detenido ese lugar es Picos de Europa. Situadas a caballo entre Cantabria, Asturias y León, estas montañas, que sobrepasan holgadamente los 2.000 metros de altura, ofrecen rutas fantásticas para los amantes del todo terreno y la aventura. Un Isuzu Trooper en su versión del año 2000 nos sirve en esta ocasión para descubrir un lugar único.
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Como era en un principio

Cruzar esta portilla de piedra es cambiar de planeta. Hay algo de primigenio en todo lo que nos rodea, como si el tiempo se hubiese parado en un momento en que los dioses no tenían claro cómo hacer el mundo. Áliva sólo recuerda al siglo XX por el destartalado camino que nos guía. El resto del paisaje es prehistórico, esculpido a mazazos.

En realidad es un valle. Una explanada colosal tendida como una vela entre cumbres que dejan muy atrás los 2.500 metros. Acá y allá retozan unos caballos de aires salvajes. No hay nada más: hierba, roca viva y vertical, riachuelos y cielo. Bajo las ruedas del Isuzu, la pista avanza.

El primer tramo de Áliva todavía es cuesta arriba. Aquí, el camino se ha ido descarnando y la piedra caliza obliga al coche a buscar sus límites. Por primera vez engranamos la reductora y el vehículo ofrece su mejor versión de montaña: ágil y potente, sus 160 caballos le hacen saltar sobre los obstáculos sin mayor problema. Intuimos que más arriba, la nieve puede hacerle daño, pero de momento avanza sin complicaciones. En el interior, cómodo, aunque un tanto anticuado, los ocupantes apenas sufren con los botes del coche. La amortiguación se los traga con facilidad.

A menos de un kilómetro de la entrada en Áliva encontramos la pista que lleva al Balcón del Cable, estación superior del teleférico de Fuente De. La dejamos atrás y seguimos en dirección norte. Cruzamos ahora una zona en la que la nieve, crecida, endurece la marcha. Parece que el Isuzu baila un poco, pero el sistema de reparto de tracción trabaja con eficacia y la reductora nos saca del paso.

Desde aquí, la Vega de Áliva inicia un leve descenso siguiendo el curso del río Duje, un arroyo salvaje que se despeña entre las montañas.

El camino avanza entre dos terribles paredones rocosos. A la izquierda tenemos Peña Vieja, con sus 2.613 metros de altura, y más atrás, el imponente Tesorero. A la derecha llevamos Pico Cortés , el Jisu, la Morra de Lechugales y el cortado terrible del Pico San Carlos. El corazón del Macizo Occidental.

Poco a poco, a medida que el camino nos deja, llegamos a Sotres. Este pueblo está ya en Asturias y es famoso por su queso. Aquí arriba se hace un magnífico queso azul que ha dado origen a variedades como el Cabrales y, según los lugareños, el Roquefort.

Sotres parece una aldea del siglo pasado. Uno espera ver bandoleros y guardias a caballo en cualquier esquina. Merece la pena detenerse y dar un paseo por sus callejas, admirando la curiosa arquitectura típica.

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