Aparece con signos de violencia un testigo clave contra un dirigente sindical

Alfonso Severo, testigo clave en un juicio contra un dirigente sindical peronista por el asesinato de un joven militante de izquierdas, apareció hoy con signos de violencia en las afueras de Buenos Aires después de que su familia denunció su desaparición.

Severo, según las primeras versiones, habría sido abandonado esta noche por un vehículo en una calle de la localidad de Avellaneda, con las manos atadas con precintos plásticos y con marcas de haber sido golpeado.

El testigo, según la agencia oficial Télam, fue ayudado por un vecino a quien pidió que avisara a su familia.

Más tarde, acompañado de la policía, fue conducido a un hospital cercano donde ha sido sometido a una revisión médica.

Su desaparición, denunciada hoy por sus familiares, sacudió Argentina y movilizó al Gobierno para evitar que se repitiera el caso de otro testigo desaparecido durante un proceso contra represores de la dictadura.

Activistas de Derechos Humanos y dirigentes de oposición exigieron una investigación en profundidad para esclarecer las circunstancias del supuesto secuestro de Severo.

Alfonso Severo, de 54 años, debía presentarse hoy a declarar en un juicio oral por el crimen del joven Mariano Ferreyra, un militante de izquierda asesinado en 2010 durante una protesta de trabajadores del ferrocarril.

Sin embargo, Severo no compareció y su familia denunció que había desaparecido en la noche del miércoles, cuando se dirigía al domicilio de su hijo, en Avellaneda.

Su automóvil fue hallado en la tarde de hoy por la policía a pocas cuadras de su casa.

Severo es considerado como un testigo clave en el juicio por el crimen de Ferreyra, por el que están acusados José Pedraza, jefe de la Unión Ferroviaria, y su colaborador en ese sindicato, Juan Carlos Fernández, como presuntos instigadores, y Cristian Favale y Gabriel Sánchez, como los supuestos autores materiales del asesinato y las heridas a otros manifestantes durante la protesta ferroviaria.

También están sometidos a juicio otras seis empleados ferroviarios y afiliados de la Unión Ferroviaria y siete oficiales de la Policía Federal.

El Ministerio de Seguridad argentino había lanzado hoy una alerta nacional para dar con el paradero del desaparecido, mientras agrupaciones de izquierda se movilizaron hasta la Plaza de Mayo, frente a la sede del Ejecutivo, para pedir la 'aparición con vida' de Severo.

Horas después de su desaparición, Gastón Severo, hijo de Alfonso, afirmó a medios locales que su padre 'está desaparecido', dijo que sospecha que fue secuestrado y afirmó que estaba dispuesto a declarar porque deseaba que se esclarezca el crimen de Ferreyra.

'Cuando fue el crimen él salió a hablar, dio un par de notas, colaboró para hacer un libro, y a nosotros nos tirotearon la casa, tuvimos amenazas y tuvimos seis meses un móvil en la puerta de mi casa', añadió el hijo del empleado ferroviario desaparecido.

El ministro de Justicia y Derechos Humanos de Argentina, Julio Alak, aclaró que ni la Justicia ni el propio Severo había solicitado su inclusión en el programa de protección a testigos.

En tanto, el Ministerio de Seguridad lanzó una alerta nacional para dar con su paradero.

Partidos de izquierda se movilizaron en la tarde de hoy hasta la Plaza de Mayo, frente a la sede del Ejecutivo, para reclamar la 'aparición con vida' de Severo.

En este contexto, César Andino, otro de los testigos del juicio declaró ante el tribunal que el lunes fue amenazado por dos hombres que le advirtieron que se callara.

Según el abogado de la querella, en el juicio por el crimen de Ferreyra, Ismael Jalil, Severo es 'un testigo que comprometía seriamente a los referentes de la Unión Ferroviaria'.

El caso ha traído a la memoria de los argentinos al albañil Jorge Julio López, testigo clave en juicios por crímenes de la dictadura militar (1976-1983), desaparecido desde hace seis años.

López fue visto por última vez el 18 de septiembre de 2006, cuando se dirigía a escuchar la sentencia en el juicio en que el ex comisario de policía Miguel Etchecolatz fue condenado a prisión perpetua por delitos de represión, proceso en el que el albañil fue testigo de cargo.

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