#eReto Etapa 8: final en Madrid con sorpresas para una vuelta a España de casi 7.000 km

El e-Reto de Autopista by Endesa X llega a su fin con una última etapa que ha unido Castellón de la Plana, Teruel, Cuenca, Guadalajara y Madrid. ¡Lo conseguimos!
#eReto Etapa 8: final en Madrid con sorpresas para una vuelta a España de casi 7.000 km
#eReto Etapa 8: final con sorpresas para una vuelta a España de casi 7.000 kilómetros

No vamos a decir que haya sido fácil, porque no lo ha sido. Pero sí es cierto que en nuestra última etapa ni sufrimos jornadas de 30 horas y más de 1.100 kilómetros como por Galicia o la Cornisa cantábrica ni tuvimos que poner el ahorro de energía al máximo para garantizar nuestra llegada al punto de destino. Lo que sí podemos decir es que moverse por la España vaciada de noche y con un coche eléctrico sigue necesitando de tacto con el pedal derecho y, sobre todo, previsión.

Durante la séptima etapa vimos cómo nuestros compañeros Miguel y Sylvia tuvieron que cuidar mucho el uso del acelerador en Cataluña, sufrieron con los posibles cortes de carreteras y, a última hora, pudieron apretar un poco para alcanzar un Castellón de la Plana que se antojaba como el penúltimo gran paso antes de dar el último relevo.

Las sorpresas, algunas controladas y otras no tanto

Con las pilas cargadas y descansados, tanto mi compañero Óscar Díaz como el que aquí escribe mantuvimos constante contacto con los conductores para saber con exactitud la hora de llegada y final de la séptima etapa. A las 8 de la tarde, junto al concesionario de Nissan en Castellón de la Plana, hicieron acto de presencia Miguel y Sylvia.

Allí teníamos la primera sorpresa de la noche. La cara de cansancio de Miguel desapareció con unos pequeños dulces como felicitación de su cumpleaños. ¡Nunca hay que olvidar el lado humano de nuestro reto! Y tras unas pequeñas indicaciones, algunos consejos e intercambios de opiniones, la octava y última etapa se ponía en marcha entorno a las 20:45 horas. Apenas perdimos el tiempo justo en felicitaciones y alguna broma, pero esos tres cuartos de hora que tardamos en ponernos en marcha podrían haber marcado el devenir de la etapa.

Ante nosotros teníamos como primera parada Teruel, capital de su provincia y prácticamente la bandera de la España vaciada. Nada más ponernos al volante sabíamos que teníamos varios problemas y que unos minutos marcarían la diferencia. Sólo quedaba apretar los dientes, tirar de teléfono móvil y confiar en la buena voluntad de la gente.

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La amabilidad de los turolenses nos salvó de hacer noche en una ciudad con 133.000 habitantes y sólo 7 cargadores

Para entender lo que va a venir ahora hay que saber que algunas capitales de provincia, pese a tener cientos de miles de habitantes (Teruel tiene más de 133.000 y en Cuenca, a la que luego llegaremos, viven 200.000 personas) apenas cuentan con un puñado de enchufes. En concreto, Teruel tiene siete, de los cuales sólo uno tiene carga rápida Chademo de 50 kWh. El problema añadido es que pertenece a un concesionario Nissan y tiene su propio horario, comercial claro.

Sabemos que vamos muy justos de tiempo. Llamamos al concesionario a lo largo de la tarde y… agua. Desde allí nos dicen que no tienen permiso para poder cargar fuera de su franja comercial, por lo que nos quedamos sin esa carga rápida. Como alternativa nos dicen que llamemos a la estación de servicio de San Julián. Nos ponemos en contacto con ellos y nos explican que el poste de carga funciona con una tarjeta que no tenemos, pero que si están ellos allí sí podemos utilizarlo. Les preguntamos por la hora de cierre: “las 22:30 horas”. No tiene buena pinta.

Y no tiene buena pinta. Porque escribimos en el navegador la dirección y nos anticipa la llegada a las 22:10. Pero claro, sus cálculos contemplan circular por vías rápidas a 120 km/h y nosotros sabemos que no podemos superar la Sierra de Javalambre a esa velocidad si queremos cubrir los 900 metros de altitud que separan Castellón y Teruel con batería suficiente para que la parada, contemplada a 6 o 7 kWh, no se eternizara.

Conforme avanzamos por la carretera A-23 e iniciamos la ascensión, siempre a velocidades de 80-90 km/h con cuidado de no molestar y superando a camiones, los minutos van cayendo en el navegador. 22:15, 22:18, 22:23… Así hasta llegar a unas preocupantes 22:41 horas. En las bajadas aprovechamos la inercia y recuperamos algún minuto elevando la velocidad media, pero todo indica que llegamos tarde... y no tenemos plan alternativo.

Hacemos un último intento y Óscar llama a la estación de servicio. Contamos en qué estamos metidos y lo que nos sucede. “Si nos podéis aguantar 10 minutos…”, ruega. Y la respuesta es la mejor que puede esperar un viajero sobre el que planea la incertidumbre. “No os preocupéis, os esperamos”.

Deshaciéndonos en gratitudes hablamos con las dos trabajadoras de la estación de servicio. Nos avisan de que nos dejan la tarjeta y que, como la recarga es gratuita hasta el próximo 1 de enero, que la dejemos bajo una de las persianas. La sencillez y la confianza de gente que nunca nos ha visto nos permite seguir adelante, pero no podemos olvidar que, de no ser por ellas, media hora puede ser definitiva para que un conductor se vea obligado a hacer noche en una ciudad que, al fin y al cabo, tiene más de 100.000 habitantes. Hay trabajo por hacer aún en estas localidades.

Como estaba planeado

El plan no podía haber salido mejor. Estábamos cargando el coche y reponíamos fuerzas en un bar cercano. Pero, sobre todo, habíamos gastado lo menos posible en un terreno difícil. En Teruel nuestra batería se situaba en un 51 por ciento y la autonomía aún guardaba 182 kilómetros, conseguidos tras 1 hora y 55 minutos a una velocidad media de 71 km/h.

Con las pilas recargadas sonreímos pensando que todo parecía ir sobre ruedas. La carga, de unos 50 minutos aproximadamente y a una media de 6,3 kWh, nos daba margen suficiente para llegar a Cuenca, aprovechar el punto de recarga rápido, descansar y obtener la energía necesaria para llegar a Madrid.

Pero no todo iba a ser tan sencillo. La N-330 y la N-420 que separan Teruel de Cuenca son dos carreteras preciosas, para disfrutar enlazando curvas y observando el paisaje. Pero nosotros no estábamos allí para eso. Era noche muy cerrada y, con la fatiga de la primera parte de la etapa, Óscar se puso a los mandos y pronto se encontró una carretera complicada por una tormenta constante que no nos dejó ya hasta llegar a Guadalajara casi seis horas más tarde. Las hojas mojadas sobre el asfalto no invitaban a jugar con el acelerador y esto tuvo su efecto positivo sobre el consumo. Todo el camino estuvo jugando mi compañero con las inercias, levantando el pie (y por tanto recuperando energía) antes de llegar a las curvas. Incluso utilizando el modo B (que frena en mayor medida el Nissan Leaf y mejora aún más la eficiencia). Lo normal es utilizar esta ayuda en las pendientes pronunciadas, pero si sabes cómo hacerlo puede ser muy útil cuando la carretera es revirada y te mueves por inercias, utilizándolo como freno antes de llegar y liberándolo en la salida con el modo D para que la aceleración sea más suave, progresiva y consuma menos electricidad.

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Al fondo, las casas colgadas de Cuenca que no habríamos alcanzado sin la conducción fina de Óscar en el Alto del Hontanar

No lo sabíamos aún, pero la conducción fina de Óscar nos terminó por salvar. Porque en el camino nos encontramos con un imprevisto que no debería haber sido tal. El Alto del Hontanar, junto al nacimiento del río Cuervo, nos castigó duramente. El consumo se disparó a 21 kWh y la temperatura de las baterías del coche, muy controlada hasta entonces, se elevó muy por encima ya de los 30 grados.

A medida que avanzábamos, la autonomía seguía cayendo y el margen disminuía. Por suerte, la orografía al llegar a Cuenca se suavizó un poco. Pero antes, en un gesto que honra a mi compañero, me cedió el testigo porque se encontraba demasiado fatigado. El reloj ya marcaba más de la 1 de la mañana y el desgaste había sido psicológicamente bastante duro, concentrado en una carretera complicada y con el estrés añadido de la autonomía. “Ante todo la seguridad”, me dijo. No podía estar más de acuerdo.

Pese a ello, con dos pares de manos, de pies y de ojos, llegamos hasta el cargador Chademo de Cuenca con un gasto medio de 19 kWh cada 100 km, que había descendido considerablemente en la última parte de la etapa. La autonomía final fue de 44 kilómetros y nuestro descanso más que merecido durante los 90 minutos que el cargador de 50 kW tardó en volver a dejar listo nuestro Nissan Leaf.

La alarma de final de carga sonó a las cuatro de la mañana. Habíamos dormido poco más de hora y media, pero estábamos listos para afrontar ya la última parte de la etapa. Nos separaban unos 200 kilómetros de nuestro destino final, pues antes teníamos que pasar por Guadalajara. Y, sobre todo, habíamos recuperado algo muy importante en un reto non-stop: la ilusión y el sentido del humor.

Llegamos, por fin

La mejora del ánimo la vimos apenas unos minutos después. 4:14 horas de la mañana. Dos coches se encuentran en un cruce de Cuenca y lo realizan correctamente, pasando por detrás el uno del otro. “Se me saltan las lágrimas de la emoción”, decía uno. “Pura belleza”, le contestan desde el asiento de al lado.

Con las fotos correspondientes, ponemos rumbo a Guadalajara. Sabemos que muy mal lo tenemos que hacer para perder la energía que guardamos. Y, aun así, la capital ya está cerca y se nota. En Alcalá de Henares nos espera otro cargador rápido Chademo de Endesa X en caso de emergencia. Finalmente no hizo falta, pero la tranquilidad relajó el ambiente lo que quedaba de noche.

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Última parada antes de Madrid. Guadalajara apenas nos llevó tiempo en la etapa

Sin imprevistos empezamos a recorrer las calles de Guadalajara. Fotos y vídeo de rigor. Y nos volvemos a poner en marcha, que nuestros compañeros ya esperan ansiosos nuestra llegada. El reloj ya pasa de las 6 de la mañana y los mensajes de Whatsapp se suceden en el grupo que hemos compartido todos los integrantes del reto. Algunos lo celebran anticipadamente. “Tranquilidad, que nos queda el atasco mañanero de la A2, no vayamos a liarla ahora”, me recuerda Óscar detrás del volante. Este hombre vive por y para la seguridad vial. Pocos pondrían el intermitente en una salida de una carretera perdida de Cuenca al filo de las 4 de la madrugada de un martes o miércoles.

Y saboreando el éxito, entramos a Madrid. Las Ventas, el Retiro, la Puerta de Alcalá, Cibeles… hasta nos damos el gusto de atravesar la Gran Vía. Ventajas de tener un coche eléctrico en Madrid Central. Desde la Plaza de España ponemos rumbo a las oficinas de Autopista. Allí nos aguardan con una sonrisa de oreja a oreja nuestros compañeros. Felicitaciones, abrazos, bromas, anécdotas… no han sido las primeras horas las más productivas, pero hoy se podía hacer una excepción. Ha merecido la pena.

Así queda el reto

Empezamos como terminamos. Desde luego no ha sido fácil, pero nadie dijo que lo fuera a ser. En la última semana hemos comprobado que viajar largas distancias en coche eléctrico por las carreteras españolas es posible, pero requiere de planificación. Esto cambiará muy pronto, porque la inversión y la apuesta por los puntos de recarga, como los de nuestros compañeros de aventura Endesa X, es fuerte y decidida. El Nissan Leaf ha demostrado que puede comer muchos kilómetros si lo tratamos con cariño.

Y también hay que tener en cuenta que esto es el e-Reto Autopista by Endesa X. Es decir, la mayor parte de la población no viaja como lo hemos hecho nosotros, con jornadas maratonianas, non-stop, uniendo 47 capitales de provincia peninsulares y acumulando 6.721 kilómetros, 37 repostajes y 152 horas sin parar más que para recargar y descansar cuando ha sido necesario. Pero sí nos ha dado una idea de las carencias o problemas que aún tienen que resolverse en nuestras carreteras.

En las páginas de nuestra revista y en la web habréis conocido las historias de los conductores, pero os aseguramos que, detrás de los que hemos tenido la fortuna de dar la cara y ponernos al volante, en la sombra ha trabajado mucha gente para poder acercaros este reto y que sus labores de gestión y producción, así como sus cálculos y previsiones, han sido indispensables para que todo esto saliera adelante. ¡Enhorabuena a todos!

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