Coches curiosos y desconocidos en la historia de Skoda: así era el Sagitta

El Skoda Sagitta representó a una serie de prototipos que la marca checa lanzó en la década de los años 30 y que acabaron sentando las bases de uno de sus primeros superventas, el 995 POPULAR “Liduška".

Coches curiosos y desconocidos en la historia de Skoda: así era el Sagitta
Coches curiosos y desconocidos en la historia de Skoda: así era el Sagitta

En la actualidad, estamos acostumbrados a ver tres tipos de vehículos orientados a su uso en la calle por parte de las marcas, especialmente en los diferentes salones: los concept cars, vehículos creados con la única misión de mostrar una visión de futuro de las marcas, muy alejados de la realidad; los prototipos, versiones muy cercanas a lo que será el coche de producción definitivo; y estos últimos, ya listos para salir al mercado.

Quizás piense que es algo de estos tiempos, ¿no? Pues te equivocas. Ya desde principios del siglo pasado, los fabricantes de automóviles disponían de prototipos internos para probar sus tecnologías incipientes. Claro que, hablando de estas épocas, es muy difícil acceder a dicha información, incluso para las propias marcas.

Coches curiosos y desconocidos en la historia de Skoda: así era el Sagitta

Skoda Sagitta: un soplo de aire fresco en la marca checa

Es el caso de Skoda, que nos da a conocer unos prototipos desarrollados entre 1936 y 1938, y que respondían a la denominación Sagitta. El foco de las pruebas realizadas por Skoda, que en este 2020 cumple 125 años desde su fundación, estaba en el motor montado longitudinalmente por delante del eje frontal, en la parrilla que se levantaba junto al capó para hacer funcionar mejor a los motores de cuatro cilindros refrigerados por agua, y en un tamaño más compacto a lo que estaban acostumbrados en la marca.

Los Skoda Sagitta, prototipos desarrollados en carrocerías coupé y descapotable, sirvieron para adquirir experiencia y conocimientos, para incorporarlos en 1938 al 995 POPULAR “Liduška", una nueva versión más asequible del POPULAR, un modelo presentado en 1934 y que terminó siendo todo un éxito de ventas para la marca en el período de entreguerras.

Llegados a la crisis de finales de los años 20, conocida como la Gran Depresión, el vehículo se había convertido en un bien de lujo. Skoda, gracias a su planta de Mladá Boleslav, sobrevivía logrando fabricar vehículos, aun así, a bajo precio, gracias en parte a su eficiente línea de montaje, al abandono de los vehículos basados en bastidores de tipo escalera en favor de los de chasis tubular central, así como del desarrollo de una avanzada suspensión independiente una vez entrados los años 30.

Coches curiosos y desconocidos en la historia de Skoda: así era el Sagitta

Skoda Sagitta: explorando nuevas ideas

A pesar de que Skoda ya tenía una larga experiencia en motores de cuatro tiempos de cuatro cilindros en línea y refrigerados por agua desde 1906, en enero de 1933 comenzó a desarrollar una alternativa: una mecánica V2 refrigerada por aire.

Tras varios prototipos, y lanzados a crear un vehículo más pequeño que el “largo" POPULAR (de hasta 4 metros) y más económico, llegó el turno de los Sagitta, nombre que significa “flecha" en latín (como el logo de la marca). Medían 3,4 metros de largo, 1,3 de ancho, 1,4 de alto y tenían una batalla de 2,1 metros, asentados sobre un chasis tubular central y cuatro ruedas suspendidas de ballestas semielípticas de forma individual. Por dentro, había un gran espacio para los cuatro ocupantes, con la posibilidad de abrir las ventanillas de forma horizontal o vertical (dependiendo del prototipo).

A nivel mecánico, los Skoda Sagitta montaban un motor V2, de dos cilindros, cuatro tiempos, refrigerado por aire, 844 cc y 15 CV. Los carburadores Zenith 26 VEH fueron sustituidos por los Solex BRFH, más modernos, mientras que el sistema eléctrico era de 6 voltios. Consumía 5,5 litros a los 100 km y era capaz de alcanzar los 70 km/h, para un peso en vacío de tan solo 580 kg.

Asociado a una transmisión de tres velocidades en una avanzada unidad de eje transversal, permitía al conductor y a los pasajeros tener mayor espacio para las piernas, reducía el centro de gravedad y ofrecía una mayor tracción para las carreteras de la época. La dirección de piñón y cremallera también favorecía un mayor control del vehículo. Una idea original, la del eje transveral que, no obstante, no pasaría a ser habitual hasta más tarde.

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