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Honda HR-V 1.5 i-VTEC, SUV con alma de monovolumen

Honda ya tiene representante entre los SUV pequeños, el HR-V, modelo que esconde virtudes como una amplitud de gigante, gran confort y buen tacto mecánico.
Raúl Roncero.

Twitter: @Rron0_autopista -

Honda HR-V  1.5 i-VTEC, SUV con alma de monovolumen

Empecemos a analizar el Honda HR-V desde fuera, precisamente, atendiendo a su longitud exterior: 4,30 metros, tamaño de coche compacto para este Honda HR-V que, por su altura y diseño, percibirás como pequeño SUV, la categoría más de moda. Y ahora, quédate con alguna que otra cifra más: 470 litros de maletero —a los que hay que sumar otros buenos 105 litros ocultos bajo la tapa, válidos para un par de maletas tipo avión—, 80 cm de espacio para piernas en las plazas traseras, 136 cm de anchura o piso prácticamente plano... Con la excepción del Skoda Yeti, no hay coche compacto —lo que entendemos como un segmento C puro— con tanta amplitud interior, ni tampoco muchos SUV con semejante polivalencia de uso.

Honda HR-V: Lo revolucionario no es solo el espacio

También Honda ha aplicado una buena dosis de ingenio a la hora de concebir el HR-V. Derivado del  Honda Jazz, su plataforma tiene algunas características como la ubicación del depósito de combustible en la zona central del habitáculo, justo bajo los asientos delanteros, pero sin limitar el espacio para los pies de las personas que viajan atrás. Las puertas traseras del Honda HR-V son, además, especialmente grandes en relación al tamaño del coche, además de contar con un ángulo de apertura realmente amplio para facilitar el acceso. Y como guinda, Magic Seats marca de la casa, asientos traseros cuya base puedes poner en vertical, pudiendo transportar en el habitáculo objetos que en otros coches no tendrían, sencillamente, cabida en el interior.

Honda HR-V, a prueba

Me gusta que, para ser un SUV, tengas la posibilidad de regular el asiento en una posición baja en relación a la línea de cintura del coche. Y de nuevo, allí donde mires, en el HR-V verás más señas de ingenio y saber hacer típicas de Honda. Ni el cuadro de mandos ni la pantalla del salpicadero tienen el más mínimo reflejo —es curioso porque si intentas hacer una foto saldrás siempre retratado por mucho que intentes buscar el ángulo adecuado—, el freno de emergencia es automático, la palanca, una delicia de usar, y la consola que divide las dos plazas permite tener de forma organizada pequeños objetos que quieras llevar a mano. El revestimiento de las puertas delanteras y traseras acabadas en tela permite unificar aspectos y calidades en los dos ambientes, mientras que el salpicadero no parece de plástico rígido hasta que lo tocas. Por su parte, los acabados en negro lacado, son, eso sí, una fuente de acumulación de polvo, pero le dan un toque muy cuidado al habitáculo. Si los puertos USB —dos en este caso— y tomas de audio auxiliar son ya moneda corriente, el Honda HR-V añade además una entrada HDMI.

Ya lo sé, aún no hemos echado a andar, pero merece la pena esperar unas líneas más. Tres niveles de acabado configuran la gama Honda HR-V, donde no te tendrás que volver loco con las opciones: Elegance es el nivel intermedio y viene realmente completo por activa, pasiva y elementos de confort. De momento, no tienes motor de gasolina equivalente en el Honda Civic —para quien, por cierto, ya se han anunciado cambios— para cruzar referencias, pero sí un Diesel, y no uno cualquiera, el 1.6 i-DTEC de 120 CV, uno de los mejores propulsores del mercado: 2.600 euros separan a ambos coches... en favor del Honda Civic, ya de por sí máximo representante de la categoría en funcionalidad y espacio interior, y como adelanto, también con un rodar, calidad percibida y refinamiento de categoría superior. No, no es el HR-V el coche con el mejor precio de la categoría, aunque sí ofrece muy buena relación entre valor y producto.

Honda HR-V 1.5 i-VTEC: un motor "de autor"

Ahora sí, media vuelta de llave —sólo el acabado Executive tiene arranque por botón—, y empezarás a encontrar un mundo de contrastes... buenos, o no tantos, según lo quieras ver. Prometía la marca innovaciones bajo el sello Earth Dreams, y aquí tienes una de ellas: un moderno propulsor de gasolina con inyección directa que recuerda a la auténtica Honda. Lejos de nuevas modas, aquí no hay turbo ni tres cilindros y sí su compleja distribución variable de toda la vida, con cruce de válvulas, modificador de alzada, y cómo no, también cambio de timbre y empuje en su progresión hasta las cerca de 7.000 rpm a las que es capaz de llegar, con potencia máxima muy cerca del corte. Motor de giro excepcionalmente regular, con stop&start de casi imperceptible rearranque, de esos que inadvertidamente aceleras en vacío e intencionadamente estiras hasta el corte para darle un homenaje a algunos de tus sentidos.

Tal vez tenga un carácter demasiado deportivo para lo que esperas de un coche y chasis eminentemente familiar y, por sus características de potencia y par, es más que posible que te veas conduciendo este Honda HR-V mucho más al "ataque" de lo harías con un turbogasolina o  Diesel rebosantes de par. No es que falte suavidad, no es eso. Tampoco diría que no es un motor elástico, pero sí es cierto que el 1.5 i-VTEC se expresa con máxima alegría y contundencia a partir de 5.000 rpm, zona a la que tendrás que aproximarte si de verdad quieres ganar velocidad con rapidez. No mueve un desarrollo de cambio exagerado. De hecho, tan ligero y equilibrado es el motor que puedes cruzar la ciudad en sexta sin el más mínimo tirón. Y mantener fácilmente la velocidad de crucero sin sentir que el HR-V se va "apagando" cuando el trazado empieza a ser menos favorable. De ahí, consumos realmente buenos, de los mejores entre SUV de gasolina equivalentes. Pero lo que sí falta, como te digo, es contundencia y agilidad cuando pisas el acelerador. Afortunadamente  tienes a apenas un palmo de la mano derecha un cambio de excepcional ejecución, también típicamente Honda, para evitar tiempos de recuperación tan lentos en las dos últimas marchas. Y una vez que pruebes el delicioso tacto, sonido y reacción de este motor allí arriba, más allá de las 4.600 rpm a las que entrega su par máximo, apuesto a que querrás encontrarte con mucha frecuencia con Mr Hyde. 

Honda HR-V, prueba

Honda HR-V, en movimiento, más Jazz que Civic

Ambos aportan ciertos elementos estructurales, pero el Honda HR-V rueda y se comporta más en la línea del pequeño gran Jazz que del más refinado y eficaz Civic. De dirección muy agradable y bastante rápida, y con una amortiguación con su justo punto de flexibilidad, amplitud y dureza, la agilidad, el confort y el aplomo del Honda HR-V conservan un acertado punto de equilibrio incluso ante conducción rápida, que no tan deportiva como carácter tiene este motor. Superar esa frontera supone encontrarse con cierta falta de precisión en la dirección y algo más de rebote del tren delantero del deseado, pero no pérdida en sensación de seguridad. Un SUV, por tanto, claramente orientado a la familia en el que, como aquellas primeras generaciones, se puede volver a definir de revolucionario, esta vez, eso sí, de puertas hacia dentro. 

En pocas palabras

ACELERACIÓN. Jekyl y Mr Hyde. Dos caras claramente diferenciadas por los rangos de funcionamiento de la distribución variable i-VTEC. Arriba, muy arriba, rabioso y delicioso.

CAMBIO.
Transmisión procedente del Civic, pero con ajustes aún algo más firmes de palanca. Aunque algo áspero, es francamente rápido y agradable de utilizar.

FRENADA. Tacto firme de pedal, con una mordiente que aporta mucha seguridad ante el primer pisotón de emergencia. La distancia, sin embargo, es sólo buena, sin más.

CONSUMOS. Hay mucha tecnología en las entrañas del motor. Y el HR-V es, además, un coche bastante ligero. El resultando, un SUV que gasta poco en carretera y muy poco en ciudad. 

ADELANTAMIENTO. 
No es el punto fuerte de este motor, así que la rapidez en estos ejercicios dependerá de tu implicación: un buen uso del cambio procurará adelantamientos mucho ágiles y seguros.  

HABITABILIDAD Y PESO. Los hay más ligeros —el Mazda CX-3 es uno de ellos—, pero al HR-V no le sobra un gramo de grasa. Ni tampoco le falta un centímetro de puertas a dentro. Habitáculo de referencia en espacio.

POTENCIA Y PAR. Las gráficas no reflejan un cambio de talante tan radical, pero desde medio régimen el 1.5 i-VTEC se transforma en un propulsor con más rabia y talante muy deportivo.

SONORIDAD. Tal vez sea el aspecto peor resuelto: aerodinámica, motor y rodadura, se hacen notar demasiado.

MALETERO. Dúplex de cómodo acceso, con planta inferior independiente de 105 litros y otra superior con 470. Entre sus semejantes, sólo el Skoda Yeti da tanto de sí.

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