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Toyota Land Cruiser D-4D VX

Con el nuevo Land Cruiser, Toyota no ha querido traicionar a sus incondicionales. Ha intentado mejorar la calidad percibida y el confort aumentando al mismo tiempo su eficacia y fiabilidad mediante un sofisticado sistema de tracción al que no es ajena la electrónica.

Toyota Land Cruiser D-4D VX
Toyota Land Cruiser D-4D VX

Land Cruiser ha sido una denominación que a lo largo de los años ha acuñado una excelente fama dentro de los ambientes del todo terreno. Lógicamente, con el tiempo este representante de Toyota se ha ido sofisticando o incluso diríamos domesticando. Lejos están ya los rústicos argumentos del Land Cruiser fabricado en Portugal, que con algunos cambios se continúa fabricando sin embargo para países en vías de desarrollo. Ahora, que el voluminoso Land Cruiser 100 se dirige con su último y próximo restyling a rivalizar claramente contra los todo-terreno de lujo, y mucho más en las futuras ediciones, este digamos pequeño Land Cruiser -aunque sus 4,85 m de longitud no confirmen esta aseveración- se ofrece como la elección ideal para aquellos que además de la estética, y por algo menos de dinero, pretendan tener un vehículo también eficaz en campo pero sin sacrificar el confort.

Estos han sido, según se desprende del comportamiento del nuevo Land Cruiser, los principales argumentos que han seguido los ingenieros encargados de su desarrollo. Estéticamente nos parece un acierto. Mantiene en cierta medida la fisonomía del antiguo, ya que el cambio no es radical, pero aporta modernidad, aunque los peculiares grupos ópticos delanteros pesen mucho en el conjunto del diseño. La rejilla cromada pone también una importante nota destacada, quizás demasiado.

En el interior no apreciamos excesivos cambios. Es más convencional, aunque la elección de materiales y su perfecto ajuste eleva la calidad percibida del conjunto. Los asientos delanteros son cómodos y esta versión larga está homologada para ocho ocupantes por lo que puede convertirse en un rival de los monovolumen muy a tener en cuenta, ya que muchos de estos últimos le igualan casi en precio y el Land Cruiser ofrece muchas más posibilidades de utilización. En este sentido destacar los asientos posteriores de la tercera fila que, cierto que son más para niños que para adultos, pero pueden recogerse o incluso eliminarse con relativa sencillez. El acceso es con todo no demasiado problemático, aunque en un todo terreno de estas características, y por su altura, es difícil el acceso a las dos primeras filas y casi imposible a la tercera para personas que por su edad o por su constitución no estén en plena forma.

En general el interior no despierta críticas y ha subido un punto con relación al anterior, aunque tampoco establece nuevos parámetros. Tiene detalles a aplaudir como la enorme caja situada debajo del apoyabrazos central, y otros a criticar como la ausencia de iluminación nocturna para los mandos de los espejos retrovisores y reostato de iluminación del cuadro.