4x4

Opel Frontera 2.2 DTI Olympus

Este es el calificativo que merece el Opel Frontera del 2003. Y no tanto por la mejora estética, especialmente la versión «Olympus» que hoy probamos, como por la nueva gestión de la inyección de su motor 2.2 DTI, que permite aumentar su potencia y par, al tiempo que anula casi por completo su tendencia a calarse y, por lo tanto, potencia su agrado de funcionamiento.

Opel Frontera 2.2 DTI Olympus
Opel Frontera 2.2 DTI Olympus

No desvelamos nada nuevo si decimos que el Opel Frontera es estéticamente uno de los TT más atractivos del mercado español. Tampoco creará sorpresa el que afirmemos que su motor turbodiesel, con sólo 2,2 litros, ofrece uno de los mejores rendimientos en relación a su cubicaje, plantando cara a motores de 2,8 litros y superiores. Incluso su comportamiento, si no se practica una conducción completamente al ataque, es de los más tranquilizadores del mercado. Sin embargo, tan atractivo panorama global tenía una clara mota negra: la enorme facilidad del motor para calarse a la más mínima ocasión. Y aunque es cierto que esa característica podía obviarse con la experiencia del uso, no lo es menos que hacía desagradable el manejo del Frontera en determinadas situaciones, e incluso limitaba sus potencialidades camperas. Conscientes de este hecho, los ingenieros de Opel han intentado paliar este problema a base de diseñar un nuevo mapa para la gestión de la inyección. Una operación que se ha aprovechado también para subir la potencia del motor a 120 CV, y mejorar su elasticidad a base de ganar par, ya que ahora se anuncian 280 Nm entre 1.600 y 2.500 rpm, frente a los 260 Nm a 1.900 rpm del anterior motor. Tras pasar por nuestras manos, estamos en condiciones de afirmar que esa mejora ha sido incluso más importante, ya que la potencia real que arrojó nuestra unidad de pruebas en banco llegó a 130,4 CV. Una cifra que nos sitúa ante un motor muy brillante, como acreditan los poco más de 13 segundos que invierte en acelerar de 0 a 100 km/h, o los 35 que necesita para alcanzar el kilómetro con salida parada con tan sólo 2.171 cc. Pero lo mejor de todo es que además es muy alegre subiendo de vueltas y también muy elástico, ya que desde 1.700 rpm se disfruta de muy buen empuje. No obstante, el pequeño volante motor que utiliza este turbodiesel hace que en determinadas maniobras tienda todavía a «calarse» si no somos un poco cuidadosos con el acelerador y el embrague, pero seríamos injustos si no reconociéramos que esa tendencia ha disminuido considerablemente respecto al anterior motor. Además, la ganancia de potencia y par, unida a esa menor tendencia a calarse, hacen mucho más agradable y fácil de conducir al Opel en terrenos complicados, ya que no exige recurrir tanto al embrague como antes, lo que redundará, por ende, en un menor castigo para este elemento mecánico. La guinda a este mejorado tetracilíndrico multiválvulas la ponen sus consumos, ya que pese a su brillante andar, se han mantenido en unas cifras realmente interesantes para el bolsillo de su propietario. Por lo que respecta a la transmisión y cambio, nada ha variado. Con respecto al primero de estos sistemas, el Frontera utiliza una clásica propulsión trasera con tren delantero conectable, sin diferencial central. Esta última característica hace que no resulte recomendable rodar sobre asfalto seco con la tracción total puesta, ya que en los giros se forzarán mucho las transmisiones. En cuanto al cambio, ofrece un escalonamiento modélico que permite extraer toda la potencia del motor, aunque los amplios recorridos entre marchas de la palanca y su tacto gomoso le restan algo de precisión. Ya en marcha el Opel deja claro que mantiene también las buenas pautas de comportamiento de anteriores modelos. En este sentido el coche sigue resultando muy noble de reacciones incluso en el caso de esta versión de chasis corto. Sobre carretera su aplomo en curva rápida es notable pese a ser el eje trasero el que empuja, mientras que en curvas lentas no resulta excesivamente subvirador. El único reproche que puede hacérsele es su muy blanda amortiguación, en especial en el tren delantero. Esto provoca una cierta sensación de flotación en dicho eje, aunque debemos reconocer que dicha sensación no se traduce en pérdidas de la trayectoria, pues el coche mantiene con bastante fidelidad el camino escogido por el conductor. De hecho, la dirección resulta bastante precisa, aunque, eso sí, algo lenta debido a sus casi cuatro vueltas entre topes. En pista esa suavidad de las suspensiones incluso se agradece, por cuanto permite absorber bien las irregularidades del terreno y mejora el confort de los ocupantes. No obstante, en este último terreno el comportamiento varía sustancialmente en función del tipo de tracción que llevemos conectada. En propulsión trasera —modo 2H— el coche tiende a cruzarse si aceleramos en apoyo, mientras que con la tracción total conectada —modo 4H—, su talante es el contrario, y es el tren delantero el primero que tiende a deslizar hacia el exterior de la curva. Por lo que se refiere a los aspectos estáticos, el Opel Frontera «Olympus» ofrece una imagen ligeramente remozada, en la que destacan las nuevas llantas, los faros de cristal transparente y la nueva parrilla. Estos detalles se completan con su pintura «Plata Estelar» específica, que se hace extensiva al «Hard-Top», así como a los paragolpes, molduras laterales y aletines de rueda. En el interior, salvo las alfombrillas específicas y el fondo de la instrumentación, todo resulta conocido, con sus virtudes y defectos. Entre las virtudes alabamos la buena disposición de los diferentes mandos e interruptores, con una mención especial para el sistema «shift on the fly» que permite conectar o desconectar la tracción total mediante un simple botón en la consola —siempre que rodemos a menos de 100 km/h—, la buena insonorización del habitáculo, y una posición de conducción correcta en la que sólo cambiaríamos la inclinación de los pedales, ya que al pisarse más que empujarse, llegan a cansar el pie del acelerador en viajes largos. En el lado menos conseguido destacamos un diseño del salpicadero y unos mandos de climatización anticuados, la mala visibilidad en tres cuartos trasero en esta versión corta debido al ancho montante lateral, y unos asientos traseros configurados sólo para dos plazas, y cuya sobreelevación deja la cabeza de sus ocupantes peligrosamente cerca del techo.

Los mejores vídeos