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Mitsubishi Montero 3.2 DI-D GLS

Mitsubishi cotiza al alza. La firma japonesa ha renovado su buque insignia y lo ha adecuado a los nuevos tiempos, haciendo de él un valor seguro en el cambiante mercado.

Mitsubishi Montero 3.2 DI-D GLS
Mitsubishi Montero 3.2 DI-D GLS

En esta ocasión, la versión probada ha sido la de carrocería tres puertas, impulsada por un motor turbodiésel de 3,2 litros y acabado GLS. Algo más de 6 millones de pesetas, un precio que puede asustar inicialmente, pero que a tenor de lo experimentado está justificado. A pesar de la reticencia que puede provocar una carrocería corta, esta pronto revela lo erróneo del prejuicio. Mide 4,26 metros de longitud y 184 centímetros de anchura y altura, cotas superiores a las del Montero corto anterior. También la batalla ha aumentado, lo cual se refleja en un interior amplio y diáfano y una mayor capacidad de carga, aunque el maletero de 250 litros continúa siendo un poco justo. De todos modos, la posibilidad de abatir los asientos traseros aumenta el volumen hasta más allá de los mil litros. El acceso a las plazas traseras es holgado y sencillo y tan solo la elevada altura de la cabina dificulta la operación, no porque la distancia sea excesiva sino porque el estribo lateral es estrecho y la pintura que lo recubre algo deslizante. También es censurable la inexistencia de memoria para los asientos delanteros, que obliga a recolocar manualmente la banqueta después de haberse realizado la operación de entrada o salida. Ya en el interior su amplio y diáfano habitáculo permite a cinco personas viajar con comodidad sobre asientos mullidos y rodeados de materiales de alta calidad. El espacio a disposición de los ocupantes traseros es suficiente. La única pega habría que ponérsela al separador central de los asientos delanteros que reduce el hueco para las piernas (83 cm.) de un quinto pasajero en varios centímetros. El puesto de conducción tiene regulación en altura y en profundidad, mientras que el volante, sólo en altura, con lo que no es difícil encontrar una posición cómoda y adecuada para conducir. La visibilidad se ve mermada por los reposacabezas traseros que tapan, literalmente, más de la mitad de la ventana del portón trasero. Los grandes espejos retrovisores exteriores ayudan a paliar este defecto. El fácil acceso a mandos, la profusión de huecos para apoyar o guardar objetos, las dos guanteras y un salpicadero de diseño atractivo aumentan la sensación de confort en su interior. Además, el equipo de sonido funciona a las mil maravillas, gracias a una antena integrada en la ventanilla lateral izquierda que permite interceptar las ondas radiofónicas en túneles no muy largos. A ello se añade como dotación de serie airbag de conductor y acompañante, aire acondicionado y climatizador, cierre centralizado, elevalunas eléctricos delanteros y llantas de aleación ligera. Este acertado acabado interior adorna a un vehículo cuya verdadera esencia está aún por descubrir. Y es que al margen del profuso equipamiento y del confort, el Mitsubishi Montero 3.2 DI-D es, sobre todo, un todo terreno que destaca por su comportamiento gracias a un sistema de tracción muy funcional, un potente motor turbodiésel y una imagen llamativa.