4x4

Mercedes ML 500

Bajo su estética de SUV burgués, el Mercedes ML 500 esconde un auténtico misil capaz de sacar los colores incluso a berlinas deportivas. Y es que no es para menos, ya que su motor V8 de 5 litros y 292 CV le permite alcanzar 222 km/h de velocidad máxima y acelerar de 0 a 100 km/h en 8 segundos, cifras que lo encumbran a los primeros puestos entre los SUV de muy altas prestaciones.

Mercedes ML 500
Mercedes ML 500

Quien ponga la excusa de la falta de dinamismo de los SUV para no decidirse por la compra de uno de estos modelos, es que no conoce lo que es capaz de ofrecerle el Mercedes ML 500, o no tiene el dinero necesario para comprárselo. Porque si algo le sobra al modelo que analizamos hoy, es precisamente potencia y prestaciones. Con este modelo se pone también de manifiesto la continua escalada de potencia que experimentan este tipo de productos mixtos para uso por carretera y campo, ya que el Mercedes ML 500 es, por una parte, la evolución natural del ML 430 de 272 CV, y por otro, la contundente respuesta a su sempiterno enemigo BMW, que con la llegada del X5 4.6i había dejado en un claro segundo término al SUV de la marca de la estrella. En su nuevo modelo Mercedes no se ha andado por las ramas, ya que le incorpora un poderoso motor V8 a 90º de 4.966 cc, capaz de ganar 20 CV al anterior motor 4.3. Así, el Mercedes ML 500 ofrece ahora 292 CV de potencia a 5.600 rpm y un par motor de 440 Nm entre 2.700 y 4.250 rpm. Con estas cifras no sorprende que el coche haya acreditado en nuestras pruebas un tiempo de 8,3 segundos para acelerar de 0 a 100 km/h, o que haya recorrido el kilómetro con salida parada en sólo 29,3 segundos. Unas cifras tanto más significativas cuanto que este Mercedes ha arrojado un peso en nuestra báscula de 2.154 kg, lo que no lo sitúa precisamente como un vehículo ligero. Y si buenas son esas cifras, mejores aún lo son las de recuperación, ya que necesitar 6 segundos y poco más de 165 metros para pasar de 80 a 120 km/h, nos garantiza una enorme seguridad y rapidez frente a cualquier maniobra de adelantamiento. Sin embargo, todo ese potencial tiene su lado oscuro en forma de unos consumos realmente elevados si se pretende circular disfrutando de lo que el motor es capaz de ofrecer. Incluso Mercedes parece reconocer esta característica, ya que ha aumentado la capacidad del depósito de combustible de los 70 litros de anteriores versiones, a los 83 de nuestro protagonista. El complemento ideal a este brillante motor es su cambio, una caja automática de cinco velocidades con accionamiento secuencial, que sólo merece elogios. Aunque es de las que podríamos denominar como cajas «inteligentes», es decir, no mantienen la velocidad seleccionada por el conductor cuando se acerca el corte de inyección, cambiando a la velocidad superior, su gestión es poco menos que modélica. Rápida y suave en el paso de una marcha a otra, responde también con gran celeridad a las actuaciones sobre la palanca en reducciones, eso si, siempre que se apoye ligeramente con el freno. De todas formas, los amantes del todo terreno no deben preocuparse por esa tendencia a pasar a la marcha superior cuando el coche gana velocidad, ya que esta caja de cambios dispone de reductoras, y con ellas activadas sí que se bloquea efectivamente la velocidad deseada para afrontar, por ejemplo, una bajada empinada. Cambiando de tercio, quien piense que las excelentes prestaciones del modelo pueden ser excesivas para el bastidor de un SUV de las dimensiones y peso del Mercedes, se equivoca de medio a medio, porque el ML 500 sorprende por el aplomo y seguridad que transmite al conductor en todo tipo de carreteras. Así, la estabilidad del coche es excelente y además está asegurada por el propio sistema de control de estabilidad ESP, que se encarga de cortar de raíz el más mínimo intento del coche de perder las buenas maneras.No obstante y para quienes gusten de las emociones fuertes, este sistema puede desactivarse mediante una tecla en la consola, aunque debe tener en cuenta que con este sistema desconectado el coche presenta un carácter más bronco y se vuelve más delicado de conducir, ya que no hay nada que lo frene al acercarse a los límites. Pero incluso así, debemos reconocer que el ML 500 nos ha sorprendido por su nobleza de reacciones. Es cierto que a alta velocidad las inercias de su peso están ahí, pero el coche disfruta de un bastidor muy bien equilibrado que le proporciona un carácter muy neutro a velocidades medias, mientras que a alta velocidad se vuelve más subvirador, pero siempre con unas reacciones muy predecibles y fáciles de controlar. Qué duda cabe que en este buen comportamiento tienen mucho que ver no sólo las bondades del chasis y suspensiones, sino también los impresionante neumáticos 275/55, calzados sobre llantas de 17 pulgadas de diámetro y 8,5 de anchura, con las que viene equipado el coche de serie. Eso sí, sobre suelo mojado hay que tener cierta precaución, ya que como todos los neumáticos extraanchos, tienen una cierta facilidad para realizar «aquaplanings». Sobre pistas en buen estado todo lo dicho anteriormente vale igual, si bien aquí hay que tener cuidado con los pinchazos, ya que los neumáticos de perfil bajo son muy de carretera, lo que representa un problema a la hora de desplazarnos por pistas muy bacheadas o con piedras, ya que es relativamente fácil pinchar. Esta incidencia puede suponer además un grave problema, porque la rueda de repuesto del Mercedes es de emergencia, y dependiendo del lugar donde hayamos sufrido ese pinchazo, puede complicarnos mucho la vida. Además, este es un detalle impropio de un coche que cuesta lo que este ML500. Para cerrar el apartado dinámico, sólo cabe criticar también la poca resistencia de los frenos a la fatiga, así como una dirección que en maniobras a coche parado presenta un tacto peculiar, ya que el volante tiene una acusada tendencia a frenarse cuando se pretende volver rápidamente a la posición de reposo. Una característica que a la postre la hace incómoda y pesada de utilizar en ciudad o carreteras muy reviradas. Menos mal que sobre carretera rápida esta característica prácticamente desaparece, y su asistencia variable en función de la velocidad le proporciona un tacto firme, pero agradable, mientras que su rapidez, con poco más de tres vueltas entre topes, es excelente. Pasando al análisis de los apartados estáticos, este Mercedes dispone de unos asientos delanteros de diseño muy plano, por lo que su sujeción lateral es escasa. Esta característica se ve agravada además por la utilización de la tapicería de cuero de serie con que viene equipado el modelo, cuya capacidad de agarre es muy pobre. Los asientos traseros padecen incluso más esta característica desfavorable, aparte de que la plaza central resulta incómoda, ya que su respaldo resulta muy duro al tener que servir de caja para el reposabrazos central del asiento trasero. Además, la consola dispuesta entre los asientos delanteros y el túnel de transmisión deja poco espacio para los pies del ocupante de esa plaza central. Por lo que respecta al confort, el Mercedes dispone de buen espacio para los ocupantes y su equipaje, mientras que sobre terrenos lisos las suspensiones, aunque firmes, funcionan a la perfección y proporcionan un elevado confort a los ocupantes, ya que las oscilaciones de la carrocería, incluso en los apoyos en curva más fuertes, son mínimas. Además, el trabajo de insonorización del motor es excelente, haciendo que su funcionamiento pase casi desapercibido. Por desgracia sobre terrenos de firme más roto la situación ya no es tan idílica. Así, las fijaciones al suelo de los asientos traseros hacen que estos vibren y suenen, ruidos a los que hay que sumar también los que provocan las tapas dispuestas en el maletero para servir de piso cuando se abaten los asientos traseros. Por último, sólo cabe echar flores al equipamiento con que viene dotado de serie el coche, ya que es muy generoso, como queda explicitado en la lista adjunta, e incluye todos los elementos de confort y seguridad que deben exigirse a un coche de su precio.