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Land Rover Defender 90 TD5

El Land Rover Defender es aquel coche robusto que fue creado para el campo y no lo oculta. Subsiste en un mercado en el que los todo terreno han avanzado hacia vectores diferentes. El Defender es para el campo. En carretera, y ya no decimos en ciudad, no está a gusto. El conductor, tampoco. El motor es bueno y tira lo suficientemente bien, pero es ruidoso. En campo es un tipo duro, seguramente uno de los más duros. Land Rover no lo cambia porque se debe seguir vendiendo lo suficiente, aunque a nuestro juicio debería costar mucho menos para valer mucho más.

Land Rover Defender 90 TD5
Land Rover Defender 90 TD5

La imagen del Land Rover Defender es la de siempre, aunque antes no se llamara exactamente así. Ha habido algunos cambios, pero no ha interesado demasiado que fueran estéticos o de confort. Lo que más ha evolucionado con respecto a los ejemplares de toda la vida conocidos han sido los motores y la suspensión trasera; por otro lado, lo más importante. El confort interior es prácticamente el mismo; y los cánones de este tipo de coches de hace más de 25 años no creemos que se vayan a poner de moda nunca más. En el primer apartado, el TD5 lleva un cinco cilindros de 122 CV con bomba-inyector para cada cilindro que hace que sea muy bueno, aunque ruidoso –la insonorización tampoco es ningún ejemplo–. Antes de llegar a este motor, al Defender se le han ido incorporando diferentes mecánicas de gasoil de buen rendimiento, como el anterior cuatro cilindros de 112 CV, pero el de ahora es, por ahora, el mejor. Empuja bien y no gasta mucho, aunque el depósito de combustible de 60 litros se hace escaso. Hay que tener en cuenta que el Defender 90 es un coche pesado, bastante alto y tiene mala aerodinámica (éste último aspecto no importa mucho en campo). La oferta en el mercado español se limita a esta sola mecánica, ya sea en carrocería corta o larga; en algunos mercados de América se comercializa un V8 de gasolina.