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Jeep Cherokee 2.8 CRD Renegade

La llegada del motor 2.8 turbodiesel Common Rail con 163 CV ha aportado un plus de representación al Cherokee y un notable incremento en sus prestaciones. A estos dos detalles la variante Renegade añade un estética revisada para aumentar su carácter aventurero, retomando formas muy arraigadas en Jeep.

Jeep Cherokee 2.8 CRD Renegade
Jeep Cherokee 2.8 CRD Renegade

La inclusión de Chrysler en el grupo Daimler ha traído aparejada una revisión en algunos de los productos del fabricante americano, y más concretamente en la oferta del Jeep Cherokee. Esta ve aumentar el equipamiento de muchos de sus modelos sin traer aparejado un incremento de precio.Uno de los productos en los que más clara se aprecia esta nueva política comercial es precisamente el Jeep Cherokee 2.8 CRD que probamos hoy. Un producto que no solo se coloca en mejor posición frente a su competencia directa gracias a su más potente motor y bien dotado equipamiento, sino que en esta variante Renegade representa también una vuelta hacia cánones estéticos míticos dentro de la marca. Comenzando nuestro análisis precisamente por este parámetro, la variante que probamos hoy se caracteriza del resto de sus hermanos de gama por su específica parrilla frontal y por su nuevo capó delantero, que ahora presenta unas formas planas, retomando el diseño del histórico Jeep Renegade, del que toma el nombre y con el que pretende un evidente acercamiento en personalidad.Pero no es este el único detalle que diferencia al Renegade del resto de la gama Cherokee, ya que a esta característica añade toda una serie de elementos que potencian su imagen aventurera. Entre ellos destacan los faros antiniebla, dispuestos en esta versión sobre el parachoques, y no encastrados en la parrilla frontal como en el Cherokee Limited. También se añaden dos faros adicionales sobre el techo, barras portaequipajes específicas, protectores metálicos para los grupos ópticos traseros, pasos de ruedas ensanchados y con remaches cromados, molduras inferiores en aluminio, taloneras de tubo laterales y llantas de aluminio de 16" con un diseño específico para el modelo. El conjunto, como puede apreciarse en las fotos, resulta tan espectacular como atractivo, y es indudable que aporta al coche una imagen mucho más ruda que la de los Cherokee Sport y Limited.En el interior las cosas apenas varían, y solo la consola situada por encima del espejo retrovisor, que acoge al ordenador de viaje, indica que estamos ante algo especial. Por lo demás, el Jeep ofrece una calidad de terminación correcta, un equipamiento que como se explicita en la lista adjunta es bastante completo, y su definición interna admite, aunque sin demasiadas holguras, hasta cinco adultos. El maletero, con 335 litros de volumen si se utilizan todas las plazas, no puede decirse que sea un dechado de generosidad. Eso sí, si se puede prescindir de las plazas traseras, la cosa mejora bastante ya que con los asientos traseros abatidos su capacidad crece hasta 1.700 litros.En este apartado lo único realmente criticable es la poca anchura de las puertas traseras, que dificultan el acceso a la zona trasera del coche, en especial a personas de edad o de físico generoso. Por lo que se refiere a los apartados técnicos, la llegada del nuevo motor le ha sentado muy bien al coche. El nuevo motor 2.8 Diesel Common-Rail con turbo de geometría variable ofrece un rendimiento excelente y, además, a regímenes de giro medios-altos, es decir, los más utilizados en carretera, resulta sorprendentemente suave y silencioso. Sus cifras son también contundentes, ya que la potencia real en nuestro banco, 166,7 CV a 3.260 rpm, ha calcado casi la cifra oficial, mientras que su par de casi 416 Nm, obtenido a 2.520 rpm y del que se disfruta del 85% ya a 2.000 rpm, es incluso mejor que el dato oficial.Por supuesto, las prestaciones son mucho mejores que las del motor 2.5 turbodiesel, ya que de 0 a 100 km/h utiliza 11,7 segundos y cubre el kilómetro con salida parada en 33,3 segundos, lo que representa invertir casi dos menos que aquel. Si a lo que nos referimos es a su capacidad para recuperarse o adelantar, la comparación es simplemente apabullante a su favor. Solo un dato; para recuperar de 80 a 120 km/h en cuarta velocidad, el 2.5 TD utilizaba 475 metros y casi 17 segundos, mientras que el 2.8 CRD necesita solo 267 metros y 9,3 segundos. Pero lo mejor de todo es que el nuevo motor, pese a que corre mucho, lo hace dejando los consumos casi invariados respecto del 2.5 TD, lo que es un importante plus a añadir a la balanza de la nueva mecánica.