4x4

BMW X5 4.4 i

Ahora que BMW ya ultima los planes de fabricación de su nuevo X3, un todo terreno ligero, es buen momento para volver a probar el X5, su única aportación al segmento de los coches de campo. Tras dos años en el mercado, este gigante sigue siendo una apuesta ganadora para los que buscan un vehículo igual de solvente en el campo que en la carretera. Una bestia que enamora.

BMW X5 4.4 i
BMW X5 4.4 i

Lanzado a la carrera por la sobrada fuerza de su propulsor, el X5 da entonces lo mejor de sí mismo. En carreteras en buen estado y curvas fáciles, uno tiene la sensación de viajar en un helicóptero. El motor zumba como el rotor de una de estas aeronaves y los viajeros parecen flotar a ras de suelo. La pegada del 4.4 es tanta que los kilómetros pasan sin aparente esfuerzo. Sólo si miramos a los consumos se deshace el hechizo. Con promedios de 20 litros sin despeinarse, el X5 pierde mucho de su encanto. Hay que pensárselo bien antes de exprimir a fondo su motor, porque el depósito parece estar agujerado. Si esto no nos importa, a disfrutar. En carreteras menos cómodas, sale la casta bávara de BMW. Un bastidor muy bien equilibrado permite al coche afrontar las curvas con aplomo y seguridad. Sólo su altura y peso nos quitan confianza en estas maniobras: la carrocería se balancea mucho y esto, además de restar confort, nos obliga a “cortarnos" un poco a la hora de encarar curvas. Con tracción total permanente, el X5 lleva un reparto de par que beneficia al eje trasero, con un 62 por ciento de la fuerza. Esto significa que el coche tira a sobrevirar. Si quitamos el control de estabilidad y aceleramos en una curva, notaremos claramente cómo se descoloca la zaga. Los tremendos neumáticos frenan esta tendencia, que se acusa más sobre la siempre resbaladiza tierra. De todos modos, que nadie se asuste. Unos frenos de nave espacial permiten que el coche se pare de modo fulminante. El ABS también contribuye, aunque a veces puede ser algo intrusivo. Abandonado el asfalto, probamos las cualidades todo terreno de este coche para recordar que, evidentemente, no es un 4x4 puro. Sobre pistas en buen estado, uno parece olvidarse de que no está en la carretera. La suspensión absorbe todo lo que pasa bajo las ruedas y podemos circular a velocidades que otros coches no imaginan en estos terrenos. Si los caminos se rompen, habrá que bajar la velocidad, que no el grado de confort. Cuando las cosas se ponen muy difíciles, el coche se arredra. No se le resisten las cuestas arriba, pues le sobra fuerza, ni las bajadas, gracias a un muy bien reglado control de descenso. Sin embargo, cualquier dificultad trialera le echa para atrás. Sus ángulos de ataque (28º), ventral (22º) y sus sólo 24 centímetros de altura libre al suelo, no permiten aventuras con piedras, zanjas u otras complicaciones. Sí tiene, en cambio, un buen nivel a la hora de vadear: 96 centímetros de profundidad. Las suspensiones están también a gran altura. En carretera restan eficacia al trazar las curvas, pero en tierra, uno se olvida de cualquier irregularidad y sólo tiene que preocuparse por buscar el camino más rápido entre los obstáculos.

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