4x4

BMW X5 4.4 i

Ahora que BMW ya ultima los planes de fabricación de su nuevo X3, un todo terreno ligero, es buen momento para volver a probar el X5, su única aportación al segmento de los coches de campo. Tras dos años en el mercado, este gigante sigue siendo una apuesta ganadora para los que buscan un vehículo igual de solvente en el campo que en la carretera. Una bestia que enamora.

BMW X5 4.4 i
BMW X5 4.4 i

Cuando uno se sienta a los mandos del X5 sabe inmediatamente que está en un BMW: el sabor deportivo y lujoso de la marca impregna todo el coche. Pero, además, nada despista: lo cierto es que en los estudios de diseño de Munich no hicieron un gran esfuerzo a la hora de darle una identidad propia a este coche. Por fuera y por dentro parece un Serie 3 familiar. Sólo su mayor altura nos hace ver que estamos en un vehículo diferente.

Esto, que ya sabíamos, supone un cierto problema a estas alturas. Para empezar, el coche empieza a adolecer de cierto clasicismo en sus formas que, con un poco de retorcimiento, podría hacer que lo calificáramos de poco moderno. Alguien dirá que el coche ya tiene suficiente entidad por sí mismo. Y es verdad, pero los casi 11 millones de pesetas que cuesta (sin opciones) bien son merecedores de un esfuerzo. BMW tiene un corte muy serio y formal en sus diseños, pero cuando dibujaron el exquisito Z8 no ahorraron talento. A la vista de lo que ofrecen sus competidores ( Lexus, Mercedes Clase M ...), perfectamente se puede pedir más entrega por parte de los magos del lápiz. Estando pues ante un interior de aires conservadores, no podemos dejar de señalar que más de una berlina de representación se muere de envidia ante lo que ofrece este salón con ruedas. Climatizador por zonas, tapicería de cuero (en la unidad probada), infinidad de reglajes electrónicos en unos asientos que sujetan a la perfección... Ergonomía intachable, correctísima posición al volante, espacio más que de sobra... y, así, un no parar.

La lista de opciones puede encarecer notablemente el producto final que compremos. Por ejemplo: la pintura metalizada cuesta 153.000 pesetas, la tapicería en cuero, 415.000, las llantas de aleación salen por 153.000, el navegador satélite, más de medio millón, y suma y sigue…

Estamos de acuerdo en que el aspecto pide una revisión, pero la comodidad y el equipamiento que puede ofrecer todavía buscan competencia que les haga sombra.

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