4x4

Audi Allroad Quattro 4.2 V8

Bajo su aspecto burgués, el Audi Allroad Quattro 4.2 V8 esconde un SUV rapidísimo y sumamente agradable, que se desenvuelve con enorme dinamismo en carretera gracias a su potente motor V8 con 300 CV.

Audi Allroad Quattro 4.2 V8
Audi Allroad Quattro 4.2 V8

Audi ha ampliado la oferta del allroad quattro con la llegada de una nueva variante dotada del motor 4.2 de 300 CV ya visto en otros modelos de la firma. Con esta versión, que viene a situarse en lo más alto de su gama, el fabricante alemán busca, por un lado, elevar el «cache» de su modelo, ofreciendo un producto que añade a su abigarrado equipamiento, el refinamiento que proporcionan los motores V8 de gasolina, y, por otro, ofrece una adecuada respuesta a todos aquellos que, además del lujo y la distinción, gustan de los motores de muy altas prestaciones.Bajo tales premisas, está claro que la fábrica de los anillos ha dado en el clavo con su producto, ya que tanto los unos como los otros se encontrarán muy a gusto con este Audi. Porque si algo le sobra a esta nueva variante es prestaciones, agrado de uso, equipamiento y buena imagen. Pero está claro que por encima de cualquier otra consideración, la estrella indiscutible del allroad 4.2 es, sin duda, su impresionante propulsor V8. Una mecánica de moderno diseño en la que se utilizan piezas de magnesio para aligerar peso y que gracias a sus 4.172 cc, a sus culatas con cinco válvulas por cilindro y a su admisión y distribución variables es todo un ejemplo de fuerza, como acreditan sus 300 CV de potencia, conseguidos a un régimen de 6.200 rpm. Con semejante cuadra bajo el capó no extraña que este allroad ofrezca las prestaciones de un auténtico deportivo. Y si no, ahí están para acreditarlo los poco más de 7 segundos que ha necesitado para pasar de parado a rodar a 100 km/h, o los 28 segundos que tarda en recorrer el kilómetro con salida. Pero lo mejor de este motor no es esa capacidad para acelerar, si no su impresionante facilidad para subir de vueltas desde muy pocas revoluciones, lo que le permite afrontar las maniobras de adelantamiento en un suspiro y con la máxima seguridad. Claro que con un par motor de 380 Nm entre 2.700 y 4.600 rpm, este Audi empuja como un auténtico endemoniado. Hundir el acelerador a fondo y sentir cómo nuestra espalda se incrusta en el respaldo y salimos catapultados hacia delante, es todo uno. Y como demostración ahí están los menos de 10 segundos que ha empleado en recuperar de 20 a 120 km/h, invirtiendo en la maniobra poco más de 200 metros. Por supuesto, la velocidad máxima está en la misma línea, y este Audi alcanza con enorme facilidad los 240 km/h. Una velocidad que podría ser mucho mayor, ya que se encuentra autolimitada electrónicamente. ¡Y todas esas prestaciones se consiguen además con un coche que, según nuestra báscula, supera los 1.900 kg de peso!

No obstante, que nadie se llame a engaño, ya que el allroad 4.2, pese a ser rapidísimo acelerando o recuperando, no es un coche brutal ni violento en sus reacciones. De hecho, si por algo se destaca también ese fabuloso V8 es por la suavidad y progresividad con que entrega todo su potencial.

Por desgracia, disfrutar de este compendio de agradables sensaciones tiene también su lado oscuro, que llega en forma de elevados consumos. La media de consumo obtenida durante la prueba ha sido de casi 18 litros a los 100 kilómetros, y aunque debemos reconocer que el ritmo ha sido en general bastante alegre, entre otras cosas porque resulta muy sencillo rodar inadvertidamente a cruceros realmente rápidos con el coche, esa cifra de consumo sigue siendo alta incluso rodando a ritmos más conservadores, pues es difícil bajar de 15 litros. Además, esta característica se lleva mal con un depósito de gasolina pequeño para el potencial del motor, pues ofrece 70 litros —12 menos que en la berlina A6 con similar motor—, lo que provoca no sólo una apreciable merma en la autonomía del coche, si no que potencia la sensación de que el coche gasta mucho. Si el motor destaca por su poderío y agradable funcionamiento, la caja de cambios que lo acompaña no se queda atrás en virtudes, ya que el cambio automático secuencial «tiptronic» es de los mejores que hayamos probado. Dejando a un lado la cuestión de los desarrollos, que aunque están bien elegidos, tienen una influencia relativa en un motor con tanto poderío, sí que hay que alabar su excelente funcionamiento. No es sólo que el paso entre marchas sea muy suave tanto al multiplicar como al reducir, si no que la gestión de la caja, con tres modos de utilización bien diferenciados, es casi modélica.

¿Qué el conductor busca suavidad por encima de todo?… Bastará con situar la palanca en la posición «D», en la que la caja funciona como un cambio automático tradicional, y los cambios se realizarán de modo casi imperceptible. Si por el contrario busca «nervio», situado la palanca en la posición «S» —sport— se conseguirá que el cambio reaccione con mucha mayor rapidez a los requerimientos del acelerador, reduciendo mucho antes y apurando las marchas hasta casi el corte de inyección. Si, por último, el conductor desea ser el que gobierne los cambios de marcha, le bastará con llevar la palanca a un carril paralelo, en el que el cambio responderá de un modo bastante fiel —¡y rápido!— a las órdenes que le envía el conductor desde la palanca. Tan solo en el caso de que el conductor se empeñe en pasar de revoluciones al motor, o llevarlo a regímenes de giro exageradamente bajos —menos de 1.500 rpm—, la caja retoma el protagonismo y engrana la marcha más adecuada. El Audi allroad quattro 4.2 sólo se ofrece con cambio automático, lo que si bien es bueno para la facilidad y el confort de conducción, no lo es tanto para su utilización en campo de cierta dureza. Esto es así, porque el cambio automático lleva aparejada la desaparición de las reductoras, de las que sí disponen los allroad con caja manual, lo que es una clara desventaja a la hora de afrontar rampas de gran desnivel, en especial si hay que bajarlas. No obstante, la posibilidad de poder elevar el coche hasta 20 cm de altura le da bastantes más facilidades que a la mayoría de los SUV a la hora, por ejemplo, de afrontar fuertes cruces de puentes. En este tipo de obstáculos hay que alabar además el excelente trabajo que realiza el control de tracción electrónico, que funciona realmente bien… ¡y suave! No obstante hay que ser conscientes de la enorme batalla del coche, lo que provoca que sus bajos rocen rápidamente con el suelo en los pasos de crestas, así como de lo bajo de la toma de admisión, que aconseja medir muy bien los posibles vadeos. También hay que ser conscientes de que el coche utiliza rueda de repuesto de emergencia, lo que complicará mucho las cosas en caso de pinchazo, en especial si se rueda sobre terrenos pedregosos, en los que tememos por la endeblez de los flancos de dicha rueda de emergencia.

Sin ayudas
El cambio automático lleva aparejada la desaparición de las reductoras, lo que representa un handicap importante a la hora de afrontar el descenso de rampas muy pronunciadas. En este caso los desarrollos más largos de esta caja hacen que sea casi obligado recurrir a los frenos para evitar ganar velocidad, lo que, en según que circunstancias, no siempre es aconsejable.

Buen control
Aunque su batalla es generosa, en la posición alta de la suspensión y gracias al control de tracción, es fácil superar este tipo de obstáculos siempre que los abordemos en diagonal, porque el control de tracción hará que no se pierda la capacidad de seguir avanzando. Además, su funcionamiento es muy progresivo, lo que ayuda en situaciones complicadas.

Falta altura
Aunque el Audi arroja una distancia al suelo en la línea de los más efectivos SUV con las suspensiones en su regulación más alta, pierde esa ventaja por culpa de su generosa batalla de casi 2,8 metros. Así, es muy fácil arrastrar los bajos del coche por los suelos si la cresta a superar tiene una cierta entidad.