Volvo V50 2.0D

La plataforma intermedia del grupo Ford se ha convertido en un referente para el resto de marcas. Su incorporación a la gama de Volvo en el S40 lo dejó claro hace unos meses. Ahora llega el V50, la versión compacta-familiar del S40, para subrayar su magnífico rendimiento.

Volvo V50 2.0D
Volvo V50 2.0D

La plataforma del V50 es un verdadero prodigio. Ya sabíamos de sus virtudes por el C-Max y por el S40, así que no hemos hecho más que confirmar lo ya visto. Vuelve a destacar por su agilidad, por su carácter deportivo y por su magnífico compromiso entre confort y dinamismo.Con un tarado de suspensiones que tira a firme, pero que no es para nada seco, el V50 afronta cualquier terreno sin inmutarse. Da igual que vengan curvas, rectas o cualquier imprevisto. El chasis del V50 se adapta sin apuros a cualquier cosa y hace que conducir sea siempre fácil.
No hay ningún vicio, no hay querencias. La dirección obedece ciegamente al conductor y, a partir de ahí, todo es natural. Las ruedas apuntan exactas al lugar indicado y el coche entra en los giros domado por una suspensión que sabe qué ha de hacer en cada momento. No hay ni un leve balanceo de carrocería, ni un movimiento en falso. Simplemente el coche traza las curvas como si no estuvieran. Un poderoso equipo de frenos, que parecen inagotables, y un control de estabilidad sigiloso pero atento, complementan un bastidor que parece no tener más pegas que su audacia deportiva. Admite tanto que no parece que lleve encima una carrocería de familiar, sino de coche de carreras.Montado sobre tan buen chasis hay un motor que no se queda atrás. Es el 2.0 D, la variante para Volvo del TdCI o HDI de 136 CV que utilizan ya Ford y Peugeot. Es un motor moderno y sofisticado, de tacto dulce y maneras muy civilizadas. Nos ha parecido algo falto de carácter en la parte baja del cuentavueltas. No es que le falte fuelle, sino que se muestra algo cohibido, como si le costase explotar. En cambio, en la parte alta responde muy bien, con elasticidad y muchas ganas de estirarse. Llega con facilidad a la franja que está por encima de las 4.000 vueltas, un territorio donde, lejos de achicarse, todavía entrega un par de más de 22 mkg, lo que da una idea de su magnífico trabajo ahí arriba. Lástima que por abajo sea algo más parco en poder.Lo hemos probado sobre otros coches y es uno de los motores turbodiesel que más rápido se está expandiendo por el mercado. Junto con los CDTI/JTD de General Motors/Alfa Romeo y los TDI de Volkswagen, se ha colocado en el segmento de los que superan los 140 CV y rozan los 150. Pero, a diferencia de los motores de Vokswagen, apuesta por el common rail. En este caso, se trata de un conducto común de segunda generación desarrollado por Siemens que lleva inyectores piezoeléctricos de alta precisión. Sus cifras son magníficas, sobre todo, pensando en la reducción de emisiones: cumple con la Euro IV sin necesidad de montar el filtro de partículas y ofrece unos consumos de combustible bastante moderados. Además, resulta muy silencioso.Para gestionarlo, Volvo monta la misma caja de cambios de seis relaciones que emplea el resto del grupo, pero esta vez la hemos encontrado algo cambiada, con un tacto menos ágil de lo habitual. Será la puesta a punto, pero nos ha costado un poco más acertar con los cambios, teniendo siempre que cuidar el dibujo de los movimientos.Por lo demás, la caja responde perfectamente a las exigencias del coche. Las tres primeras marchas son muy cortas, incluyendo una tercera inusualmente recortada para este tipo de motores. Después, la cuarta ya evidencia un recorrido más amplio, con fortaleza a cualquier régimen. La quinta es muy explosiva y la sexta, con bastante empuje, muy larga.

La combinación de motor y cambio da un gran resultado. El motor empuja con nobleza, sin demasiada patada, pero sin desfallecer. Las aceleraciones son buenas, con recuperaciones muy correctas y el resultado de un coche rápido y alegre que se crece cuando se le exige un poco más. Y todo ello, con consumos bastate contenidos: poco más de 7 litros de media, lo que no está nada mal para llevar 136 CV y una carrocería familiar. La unión con el bastidor da un producto encantador. Un coche que rueda confiado por todos los terrenos, que es aplomado y confortable en autopista y ágil y seguro en las carreteras más complicadas. Si añadimos un interior al que casi no se le pueden poner pegas, tenemos un magnífico ejemplo de lo que es un Volvo, un coche sereno y convincente. Es hijo innegable del buen gusto tradicional europeo, de una filosofía que propone objetos prácticos, fiables y bellos. Lástima que sea un poco caro y que tenga tan poco espacio atrás...

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