Volvo V50 2.0D

La plataforma intermedia del grupo Ford se ha convertido en un referente para el resto de marcas. Su incorporación a la gama de Volvo en el S40 lo dejó claro hace unos meses. Ahora llega el V50, la versión compacta-familiar del S40, para subrayar su magnífico rendimiento.

Volvo V50 2.0D
Volvo V50 2.0D

Pero este detalle es casi la única pega de un habitáculo ejemplar por la alta calidad que derrocha. Los acabados resultan exquisitos, los materiales escogidos son magníficos y la factura, impecable. Aquí sí que se nota el buen hacer de Volvo. No hay ni un solo rincón del coche mal rematado. Todo encaja, todo tiene un por qué: cada mando muestra su tacto concreto, propio, como si cada botón hubiese sido desarrollado con mimo por un artesano. Un ejemplo de lo bien hecho que está todo es el equipo de climatización, posiblemente uno de los mejores que hemos probado últimamente. Enfría más que ninguno y, gracias al ingenioso diseño de su botonera, el más fácil de utilizar que recordamos.En cuanto a la habitabilidad, la plataforma del Volvo, con una batalla de 2,64 metros, permite configurar un interior cómodo, pero no del todo familiar. Es verdad que el maletero es muy bueno, con una capacidad mínima de 375 litros, una ingeniosa bandeja plegable que, al abrirse, muestra varios ganchos para colgar bolsas, y un acceso de lo más cómodo gracia al enorme portón trasero. Pero contar con este maletero tiene sus desventajas: el espacio de las plazas traseras es bastante escaso. Para ser un familiar, esta banqueta no es todo lo amplia que nos gustaría, sobre todo si estamos pensando en llevar ahí a tres personas adultas. Hay suficiente espacio hasta el techo, pero el sitio para las rodillas se nos queda corto. Tampoco es buena la visibilidad por el espejo retrovisor, porque la luneta trasera está muy recortada por la carrocería y los montantes y resulta pequeña.En cambio, las plazas delanteras son, otra vez, ejemplares. Ahí sí hay hueco de sobra y, además, se disfruta de unos asientos envolventes que sujetan con la fuerza exacta a los ocupantes y proporcionan una postura de conducción muy correcta. Los reglajes eléctricos opcionales aportan un extra de comodidad para el conductor, que lo tiene todavía más fácil para encontrar la posición más apropiada al volante.Por 29.495, este Volvo V50, con acabado Momentum, ofrece un equipamiento completo y distinguido, sobre todo en el apartado de confort y lujo. Este rubro cuenta de serie con elementos como el climatizador dual, el ordenador de a bordo, tapicería de cuero y equipo de sonido con mandos en el volante. Todo es de una calidad excepcional pero, ¿justifica el precio? Si sólo fuera por esto, desde luego que no...Pero la duda puede quedar resuelta cuando repasemos lo que ofrece el V50 en el apartado de seguridad. Como Volvo siempre tiene a gala construir blindados en lugar de coches, este nuevo vástago no iba a ser menos: airbag delanteros, laterales y de cortina; control de estabilidad unido al control de tracción, control de velocidad de crucero, reposacabezas activos, ABS, asistente de reparto de frenada, reposacabezas con mecanismo WHIPS (contra las lesiones cervicales)... Un verdadero arsenal de elementos que hacen del V50 una fortaleza rodante. Eso por no hablar de la infinidad de zonas de deformación y de absorción de impactos que puebla su estructura, especialmente las que forman parte del sistema SIPS, una zona deformable que va situada entre los asientos y que, junto a las puertas reforzadas, permite proteger mejor a los pasajeros en caso de impacto lateral. Ah, y las llantas de aleación ligera también son de serie,.En este nivel de acabado, Momentum, hay que rascarse el bolsillo para añadir algún extra más y, claro, hay una lista inacabable donde elegir. La unidad que probamos llevaba techo eléctrico (1.097 euros), teléfono móvil integrado (1.011 euros), pintura metalizada (452 euros), faros Bi-Xenón (817 euros), regulación eléctrica en el asiento del conductor (1.299 euros), butacas delanteras calefactables (347 euros) y sensor de aparcamiento (384 euros). Sobre esta lista sólo se puede añadir ya el equipo de navegación por satélite, que cuesta 3.177 euros más.Es posible que a muchos usuarios el V50 les antoje caro. Y puede serlo, porque en Volvo han situado al coche en un nivel de precios bastante alto pero la relación calidad precio no nos parece nada desacertada. Antes al contrario, por esos casi cinco millones de pesetas se accede a un coche muy bien hecho, muy seguro, elegante y equipado con una dotación de serie sofisticada y vanguardista... Pero también es verdad que por ese dinero se puede acceder a vehículos de mayor entidad y no menor calidad, como un Audi A4 Avant, un Honda Accord Tourer o un Renault Laguna, por poner tres ejemplos que salen, si no más baratos, al mismo nivel. Pero es más, dentro de Volvo hay rivales duros: el S60, la berlina, se puede comprar por 1.000 euros más de lo que cuesta el V50.El V50 es la variante wagon del compacto S40 y, como éste, es toda una innovación en en la gama Volvo, una marca que no se caracterizaba por trabajar mucho esta parte del mercado. Sin embargo, aprovechando la fortaleza de Ford, en Volvo pueden ofrecer compactos y sus variaciones familiares.

Esto es gracias al empleo de la plataforma compacta común de toda la compañía, la misma que ya llevan los Focus C-Max y los nuevos Focus, que llegan este otoño. Es una plataforma cuyas virtudes ya conocíamos y que supone un desafío importante para el resto de marcas. Pero el V50 no sólo debe a Ford su chasis. También este motor 2.0 D proviene del grupo. Es el mismo turbodiesel de 136 CV que surge de la colaboración entre Ford y el grupo PSA, una máquina que ha dado 148 CV en el banco de rodillos y que ya luce sobre coches como el Peugeot 407.

A este par de valores seguros, Volvo añade su envidiable puesta a punto, su sofisticación tecnológica, su especial manera de entender el lujo y, sobre todo, su cultura de seguridad como pilar clave en un coche. El resultado nunca podría ser malo. Lo primero que llama la atención del V50 es lo mismo que llama la atención en los últimos modelos que ha presentado Volvo: su progresiva evolución estética hacia un diseño más cálido, menos nórdico (ver vídeo). En los últimos años, la firma sueca ha ido dejando atrás su imagen seria y poco atractiva y se ha atrevido a romper sus viejos moldes. Así, el V50 es un coche de formas muy atléticas, caracterizado por la audaz línea de su techo, que cae muy rápido hacia la zaga, dándole al coche una silueta deportiva y tensa. En los laterales se agolpan los pliegues y los músculos, mientras que el frontal, con la típica parrilla Volvo, presenta un aspecto muy limpio y despejado, sin apenas líneas que rompan los planos. En la zaga, el portón, grande y de fácil acceso, va flanqueado por los nuevos pilotos traseros de Volvo, sendas piezas largas, en dos cuerpos, que recogen todas las luces necesarias.

La verdad es que no se puede negar que el coche es bonito, lo suficientemente atrevido como para atraer al público más latino y, al tiempo, elegante y distinguido como para no perder comba en latitudes más clásicas. En el interior se mantiene esta filosofía. La tradicional ergonomía de Volvo viene ahora conjugada con elementos del más avanzado diseño. Ejemplo claro es la consola central, que consta de una pieza que baja desde el salpicadero y, con un sutil giro, se deja caer sobre la zona de la palanca de cambios. El efecto óptico es realmente bello aunque no se puede dejar pasar un detalle: detrás de la curva de la consola queda aislada una bandeja para objetos cuyo acceso es muy difícil.Pero este detalle es casi la única pega de un habitáculo ejemplar por la alta calidad que derrocha. Los acabados resultan exquisitos, los materiales escogidos son magníficos y la factura, impecable. Aquí sí que se nota el buen hacer de Volvo. No hay ni un solo rincón del coche mal rematado. Todo encaja, todo tiene un por qué: cada mando muestra su tacto concreto, propio, como si cada botón hubiese sido desarrollado con mimo por un artesano. Un ejemplo de lo bien hecho que está todo es el equipo de climatización, posiblemente uno de los mejores que hemos probado últimamente. Enfría más que ninguno y, gracias al ingenioso diseño de su botonera, el más fácil de utilizar que recordamos.En cuanto a la habitabilidad, la plataforma del Volvo, con una batalla de 2,64 metros, permite configurar un interior cómodo, pero no del todo familiar. Es verdad que el maletero es muy bueno, con una capacidad mínima de 375 litros, una ingeniosa bandeja plegable que, al abrirse, muestra varios ganchos para colgar bolsas, y un acceso de lo más cómodo gracia al enorme portón trasero. Pero contar con este maletero tiene sus desventajas: el espacio de las plazas traseras es bastante escaso. Para ser un familiar, esta banqueta no es todo lo amplia que nos gustaría, sobre todo si estamos pensando en llevar ahí a tres personas adultas. Hay suficiente espacio hasta el techo, pero el sitio para las rodillas se nos queda corto. Tampoco es buena la visibilidad por el espejo retrovisor, porque la luneta trasera está muy recortada por la carrocería y los montantes y resulta pequeña.En cambio, las plazas delanteras son, otra vez, ejemplares. Ahí sí hay hueco de sobra y, además, se disfruta de unos asientos envolventes que sujetan con la fuerza exacta a los ocupantes y proporcionan una postura de conducción muy correcta. Los reglajes eléctricos opcionales aportan un extra de comodidad para el conductor, que lo tiene todavía más fácil para encontrar la posición más apropiada al volante.Por 29.495, este Volvo V50, con acabado Momentum, ofrece un equipamiento completo y distinguido, sobre todo en el apartado de confort y lujo. Este rubro cuenta de serie con elementos como el climatizador dual, el ordenador de a bordo, tapicería de cuero y equipo de sonido con mandos en el volante. Todo es de una calidad excepcional pero, ¿justifica el precio? Si sólo fuera por esto, desde luego que no...Pero la duda puede quedar resuelta cuando repasemos lo que ofrece el V50 en el apartado de seguridad. Como Volvo siempre tiene a gala construir blindados en lugar de coches, este nuevo vástago no iba a ser menos: airbag delanteros, laterales y de cortina; control de estabilidad unido al control de tracción, control de velocidad de crucero, reposacabezas activos, ABS, asistente de reparto de frenada, reposacabezas con mecanismo WHIPS (contra las lesiones cervicales)... Un verdadero arsenal de elementos que hacen del V50 una fortaleza rodante. Eso por no hablar de la infinidad de zonas de deformación y de absorción de impactos que puebla su estructura, especialmente las que forman parte del sistema SIPS, una zona deformable que va situada entre los asientos y que, junto a las puertas reforzadas, permite proteger mejor a los pasajeros en caso de impacto lateral. Ah, y las llantas de aleación ligera también son de serie,.En este nivel de acabado, Momentum, hay que rascarse el bolsillo para añadir algún extra más y, claro, hay una lista inacabable donde elegir. La unidad que probamos llevaba techo eléctrico (1.097 euros), teléfono móvil integrado (1.011 euros), pintura metalizada (452 euros), faros Bi-Xenón (817 euros), regulación eléctrica en el asiento del conductor (1.299 euros), butacas delanteras calefactables (347 euros) y sensor de aparcamiento (384 euros). Sobre esta lista sólo se puede añadir ya el equipo de navegación por satélite, que cuesta 3.177 euros más.Es posible que a muchos usuarios el V50 les antoje caro. Y puede serlo, porque en Volvo han situado al coche en un nivel de precios bastante alto pero la relación calidad precio no nos parece nada desacertada. Antes al contrario, por esos casi cinco millones de pesetas se accede a un coche muy bien hecho, muy seguro, elegante y equipado con una dotación de serie sofisticada y vanguardista... Pero también es verdad que por ese dinero se puede acceder a vehículos de mayor entidad y no menor calidad, como un Audi A4 Avant, un Honda Accord Tourer o un Renault Laguna, por poner tres ejemplos que salen, si no más baratos, al mismo nivel. Pero es más, dentro de Volvo hay rivales duros: el S60, la berlina, se puede comprar por 1.000 euros más de lo que cuesta el V50.El V50 es la variante wagon del compacto S40 y, como éste, es toda una innovación en en la gama Volvo, una marca que no se caracterizaba por trabajar mucho esta parte del mercado. Sin embargo, aprovechando la fortaleza de Ford, en Volvo pueden ofrecer compactos y sus variaciones familiares.

Esto es gracias al empleo de la plataforma compacta común de toda la compañía, la misma que ya llevan los Focus C-Max y los nuevos Focus, que llegan este otoño. Es una plataforma cuyas virtudes ya conocíamos y que supone un desafío importante para el resto de marcas. Pero el V50 no sólo debe a Ford su chasis. También este motor 2.0 D proviene del grupo. Es el mismo turbodiesel de 136 CV que surge de la colaboración entre Ford y el grupo PSA, una máquina que ha dado 148 CV en el banco de rodillos y que ya luce sobre coches como el Peugeot 407.

A este par de valores seguros, Volvo añade su envidiable puesta a punto, su sofisticación tecnológica, su especial manera de entender el lujo y, sobre todo, su cultura de seguridad como pilar clave en un coche. El resultado nunca podría ser malo. Lo primero que llama la atención del V50 es lo mismo que llama la atención en los últimos modelos que ha presentado Volvo: su progresiva evolución estética hacia un diseño más cálido, menos nórdico (ver vídeo). En los últimos años, la firma sueca ha ido dejando atrás su imagen seria y poco atractiva y se ha atrevido a romper sus viejos moldes. Así, el V50 es un coche de formas muy atléticas, caracterizado por la audaz línea de su techo, que cae muy rápido hacia la zaga, dándole al coche una silueta deportiva y tensa. En los laterales se agolpan los pliegues y los músculos, mientras que el frontal, con la típica parrilla Volvo, presenta un aspecto muy limpio y despejado, sin apenas líneas que rompan los planos. En la zaga, el portón, grande y de fácil acceso, va flanqueado por los nuevos pilotos traseros de Volvo, sendas piezas largas, en dos cuerpos, que recogen todas las luces necesarias.

La verdad es que no se puede negar que el coche es bonito, lo suficientemente atrevido como para atraer al público más latino y, al tiempo, elegante y distinguido como para no perder comba en latitudes más clásicas. En el interior se mantiene esta filosofía. La tradicional ergonomía de Volvo viene ahora conjugada con elementos del más avanzado diseño. Ejemplo claro es la consola central, que consta de una pieza que baja desde el salpicadero y, con un sutil giro, se deja caer sobre la zona de la palanca de cambios. El efecto óptico es realmente bello aunque no se puede dejar pasar un detalle: detrás de la curva de la consola queda aislada una bandeja para objetos cuyo acceso es muy difícil.

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