Volkswagen Fox 1.2

Mecánica justa, comportamiento plausible y equipamiento completo se colocan en un lado de la balanza; en el otro, precio elevado y un interior demasiado serio. ¿Hacia dónde se inclina? Sigue leyendo y te lo contamos.

Volkswagen Fox 1.2
Volkswagen Fox 1.2

En el mercado de los utilitarios hay claramente dos tipos de público: aquellos que no quieren gastarse mucho dinero en un coche, pero lo necesitan para hacer desplazamientos por ciudad, por una parte, y aquellos para los que la economía no es un obstáculo y buscan un vehículo con un marcado carácter exclusivo, por otro. En este último grupo de personas encuadramos al comprador del protagonista de nuestra prueba. El Fox es un coche caro. De hecho, por su mismo precio encontramos en el mercado español modelos más grandes y con mecánicas más potentes. Haciendo una búsqueda en nuestra base de datos con los criterios de precio hasta 13.000 euros, carrocería de tres puertas y mecánicas de gasolina, nos aparecen versiones del Seat Ibiza, Volkswagen Lupo y Polo, Renault Clio, Opel Corsa, Peugeot 206, Ford Fiesta, etc. Pero dejemos a un lado el posicionamiento del producto y ocupémonos de sus virtudes (reducido tamaño, buen comportamiento y amplio equipamiento) y de sus defectos (demasiado caro, maletero reducido y un aspecto interior muy serio).Si tenemos en cuenta que entre sus rivales hay un Matiz y un Aygo con 3,4 metros de longitud o un Fiat Panda y un Citroën C1 con 3,6 metros, nuestro protagonista no es un coche pequeño con sus 3,8 m, pero realmente sí lo es.

Con sus dimensiones (1,6 m de anchura), podemos desenvolvernos a las mil maravillas en ciudad. A la hora de aparcar, eso sí, conviene tener en cuenta que el voladizo delantero del Fox es bastante grande, todo lo contrario que el posterior. Poca longitud y una dirección con pocas vueltas de volante -tres- facilitan estacionamientos cómodos. Además, como es "estrechito", no corremos el riesgo de que otro vehículo se lleve por delante nuestro lateral cuando aparcamos en calles poco anchas. La versión que hemos probado es la que sirve como acceso a la gama del modelo. Monta un voluntarioso motor de 1,2 litros de cilindrada, que anuncia una potencia oficial de 55 CV. En nuestro banco de rodillos ha alcanzado los 58,9 CV a 4.690 rpm. Aunque esto no es ni más ni menos que cumplir con su objetivo, nos ha sabido a poco, porque, generalmente, las mecánicas de Audi-Volkswagen nos tienen "mal acostumbrados" a ofrecer potencias superiores a las nominales. Sea como sea, lo cierto es que lo mejor de esta mecánica se encuentra en la parte alta del cuentarrevoluciones, a partir de 3.500 vueltas, justo después de que el motor ofrezca su cifra de par máximo (11 mkg a 2.910 giros). El cambio de marchas que se acopla al pequeño motor es un manual de cinco relaciones, cuyo tacto no nos ha convencido. Esperábamos una transmisión más rápida, más precisa. Lo que sí nos ha gustado es como se han configurado las relaciones del cambio: ajustadas y cortitas de primera a cuarta y una quinta para alcanzar una velocidad elevada, que se puede mantener como crucero, sin afectar gravemente a los consumos.

La conducción urbana sí que influye directamente en los abultados consumos en este tipo de conducción. Según las mediciones de nuestro Centro Técnico, gasta 8 litros a los 100 km en la urbe y una media de 7,9 litros en ciclo combinado (30 por ciento en recorridos a 120 km/h de media; 30 por ciento en recorridos a 110 km/h y 40 por ciento en ciudad).El Fox acelera de 0 a 100 km/h, según nuestras mediciones, en 17 segundos.La dinámica de este modelo nos ha sorprendido gratamente. La asignatura pendiente de los coches de longitud reducida y de batalla corta suele ser el comportamiento; con el Fox no nos ha ocurrido.

Unos neumáticos anchos (en medidas 185/60 R 14 que sustituyen a los de serie de 165/70 R sobre llantas de 14 pulgadas), unas suspensiones de tarado firme y un chasis equilibrado conforman la receta ideal para obtener un comportamiento dinámico bastante aceptable, incluso destacable, puestos a comparar con otros coches de la competencia, que "flaquean" en este aspecto. La frenada del Fox es bastante lineal. El coche no se descompone a pesar de que hagamos un uso intenso del freno en ocasiones puntuales (frenadas de emergencia). Según nuestros datos, recorre 62 metros hasta pararse cuando parte desde una velocidad de 120 km/h. No podemos comparar este dato con los que barajamos normalmente, porque en otras ocasiones las mediciones se empienzan con una velocidad de 140 km/h. Una de las bazas más importantes del coche viene asociada al completo equipamiento de que dispone, a pesar de tratarse de una versión de acceso a la gama. Los airbags de conductor y acompañante son de serie; en este segmento, por ejemplo, el Panda ofrece de serie sólo el de conductor: hay que abonar 150 euros adicionales por el otro. El cierre centralizado, el ABS y los elevalunas eléctricos forman parte del equipamiento inicial, pero esto no es ninguna sorpresa, porque son muchos los vehículos que los montan.

En el apartado de opciones, sí que hay una importante batería de elementos: airbags delanteros laterales (280 euros, siempre recomendables), pintura metalizada por 220 euros, alarma antirrobo (310 euros), llantas de aleación por 180 euros -recomendables en lugar de llantas de chapa con tapacubos-, radio cd (225 euros), aire acondicionado (938 euros, por el precio del Fox ya podría ser de serie), los controles de tracción y de estabilidad, por 585 euros adicionales y el techo eléctrico panorámico (otros 785 euros).